Carlos Fernández es diputado nacional y un veterano dirigente radical de la provincia de Buenos Aires, actualmente considerado como un referente de su partido en materia de seguridad. En un extenso diálogo con Infobae, abordó distintos aspectos de la política de seguridad que llevan adelante a nivel nacional Sabina Frederic y el ámbito bonaerense Sergio Berni. Ambos funcionarios son protagonistas de una inusual disputa de forma y de fondo por el manejo de las fuerzas federales empeñadas en la lucha contra el delito común y el narcotráfico.
- ¿Cómo califica la gestión gubernamental en materia de seguridad a dos meses de gestión?
-Podría resultar apresurado hablar de resultados a sólo 60 días de iniciado el periodo de gobierno, pero hay factores que generan preocupación. Cuando buena parte de la primera plana de los diarios es ocupada por la pelea entre dos de los máximos responsables del manejo de un área tan sensible como es la seguridad resulta preocupante más allá de los índices delictivos en sí mismos. Esto indica una debilidad estructural del Estado para proveer y garantizar el bienestar general. Hay una señal roja de alerta en ese sentido. Más allá de eso, se nota claramente un intento de contradecir todo lo que se había hecho.
-¿Cómo caracterizaría las distintas improntas que muestran Frederic y Berni en sus gestiones?
-A modo de síntesis diría que a Frederic le falta calle y a Berni le sobra lengua. Cuando hay que conducir fuerzas verticales como éstas, no se puede manejar con constantes contradicciones ni medias tintas, quien conduce debe hacerlo con un objetivo claro y dar las directivas precisas. Las declaraciones de la actual ministra arrancaron hace más de 90 días, primero con el tema del terrorismo en Medio Oriente, luego siguió el tema de las marchas y contramarchas con los distintos protocolos implementados durante la gestión anterior, ni qué hablar de su pelea con Berni y con el reciente bochorno de protagonizar -sin ser en este caso la culpable- el escándalo de los improcedentes comentarios del gobernador Manzur en pleno desarrollo del Consejo Federal de Seguridad. A propósito de este Consejo, anunciaron una cosa y terminaron poniendo en vigencia un organismo cuyo funcionamiento estaba previsto desde la década del 90. La sociedad comienza a acostumbrarse a que, tanto en materia de defensa como de seguridad, un cambio de gobierno, o a veces inclusive un cambio de ministro dentro de una misma gestión, viene de la mano con profundos cambios de paradigma en los roles y funciones de las instituciones armadas.

-¿Qué es lo que hace falta para podamos contar con estructuras que puedan soportar cambios de gestión sin estos giros copernicanos?
-Claramente falta voluntad para llevar adelante políticas de Estado en la materia. Las leyes, los decretos, las resoluciones por otra parte jamás van a reemplazar al sentido común, y la falta de este elemento produce estos verdaderos choques de planetas. No obstante, debo decir que la conducción que llevó adelante en la provincia de Buenos Aires el ex ministro Ritondo no difiere demasiado de los planteos de Berni. En cambio, a nivel nacional, Patricia Bullrich es el blanco y Sabina Frederic el negro. Esto no debería ser así y para que no siga ocurriendo nos está faltando una política en materia de seguridad. Insisto: el bienestar de la gente no puede depender de un ciclo de gobierno, el 9 de diciembre teníamos la misma necesidad de estar seguros que el día 11.
-El gobierno de Mauricio Macri impulsó el reposicionamiento de las Fuerzas Armadas y de seguridad, con mensajes claros de reconocimiento a su labor. ¿Considera que la actual gestión tiene una mirada distinta de los uniformados?
-En principio, sí y la realidad es que durante la anterior gestión lo que se hizo simplemente fue interpretar un sentimiento social que apuntaba a una reivindicación de las instituciones. No estoy defendiendo a quienes quebrantaron el orden institucional, pero ciertamente las fuerzas actuales son otras. Debemos comenzar a mirar más por el parabrisas y no por el espejo retrovisor.
-A partir del gobierno de Néstor Kirchner y hasta el presente, fuerzas federales como la Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval fueron parcialmente sustraídas de sus labores específicas para ser involucradas en la seguridad urbana. ¿Ha sido beneficioso o no contribuye a solucionar el problema de la inseguridad?

-Evidentemente hemos transformado en policías de proximidad a fuerzas diseñadas y con personal entrenado para tareas mucho más específicas y sofisticadas, pero debemos reconocer que hubo un cambio en la demanda social, llegando a picos de reclamo en materia de seguridad muy altos. El Estado respondió con lo que tenía. No estoy diciendo que sea la respuesta más eficiente, pero llevar a las fuerzas de regreso a sus funciones originales es un proceso que llevará tiempo. No es menor que ante el menor atisbo por parte del ministro Berni tendiente a retirar a las fuerzas federales de la provincia de Buenos Aires, los intendentes de su propio partido salieron a exigir que diera marcha atrás con su intención.
-En sintonía con las leyes de seguridad interior y defensa nacional, el Estado Argentino repudia el involucramiento de las instituciones militares en cualquier tipo de acción tendiente a prestar apoyo efectivo a las fuerzas de seguridad. ¿No estamos cayendo en nuestra propia trampa al limitar el empleo de medios que pueden ser útiles en determinadas circunstancias?
-Las leyes de defensa, seguridad interior y la propia ley de inteligencia, fueron útiles para un paradigma propio del momento en que fueron sancionadas, gozaron de un amplio consenso democrático y fueron muy útiles. Pero ese país quedó atrás, han pasado 40 años y hoy las necesidades son otras, el contexto internacional ha cambiado y esta diferencia tan tajante entre defensa y seguridad nacional ya no rige en el mundo y no es lógico pensar que una policía provincial puede repeler con efectividad el accionar de grandes bandas narcos que hasta llegan a tomar ciudades enteras. La labor del Ejército en coordinación con la Gendarmería Nacional en la frontera norte viene arrojando excelentes resultados. Hay que maximizar la acción interagencial. Así, por ejemplo, para custodiar nuestro extenso litoral marítimo se utilizan recursos de la Armada y la Prefectura, y nadie cuestiona tal situación.
-¿Cree que desde la política llegará algún paliativo o algún grado de mejora a la actual situación en materia de seguridad o es una batalla perdida?
-Si bien soy optimista por naturaleza, las primeras señales de la actual gestión son preocupantes. Veníamos con un franco descenso de los índices delictivos en homicidios y secuestros extorsivos. Quiero creer que el Gobierno que es, en definitiva, el responsable de la implementación de las distintas políticas, trabaje seriamente y convoque a la construcción de una verdadera política de Estado.
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