"A mí lo que me mueve a trabajar en política es un compromiso social muy fuerte, vinculado, sobre todo al principio, con mi vida religiosa y con la parroquia a la que yo iba en San Isidro. Pero yo no me meto en la política por lo social. Yo sufro la crisis del 2001, no a título personal pero yo daba microcréditos en el Bajo Boulogne y todos los tipos a los que había dado microcréditos se quedaron sin poder pagar la cuota, con problemas… (…) Los saqueos fueron fuertes. Así que mi compromiso político nace ahí. Yo trabajaba en Puerto Madero y me acuerdo de estar caminando el 19,20, 21 de diciembre".
El relato es de un abogado de negocios la Universidad Austral. Cómo él, varios empresarios tenían la misma sensación. Mientras el país estallaba en mil pedazos y los caídos de la crisis de 2001 (ahorristas, vecinos, trabajadores, desocupados) tomaban en sus manos y en las calles la "cosa pública", por arriba, ocurría un fenómeno análogo, más silencioso. A los excluidos sociales que gritaban "que se vayan todos", se le sumaron los "excluidos morales"; ejecutivos y actores del sector más privilegiado de la sociedad buscaban lugares donde "ayudar" en una nación devastada.
Quien capitalizó ese llamado de ese sector, finalmente, fue Mauricio Macri. Desde sus inicios, el macrismo logró cautivar a los indignados del mundo corporativo. Pudo organizarlos, darles una representación.
El sociólogo Gabriel Vommaro* es uno de los investigadores que más sistemáticamente analizó e indagó sobre la maquina política que fue construyendo Macri hasta llegar a lo más alto del poder. Luego de sus trabajos Mundo PRO (Planeta, 2015) y Hagamos equipo: PRO y la construcción de la nueva derecha argentina (UNGS, 2015), Vommaro acaba de publicar La larga marcha de Cambiemos: la construcción silenciosa de un proyecto de poder (Siglo XXI). En base a 17 testimonios de los "número uno" del sector privado y de las ONG's que se incorporaron al proyecto político del ex jefe de Gobierno porteño, el autor revela los "puentes" y estrategias que tejió el macrismo para interpelar, movilizar y reclutar a los más importantes gerentes de negocios y profesionales del país, al calor de la pulseada política que significaron los doce años del kirchnerismo.
La "larga marcha" se dio en distintos tiempos. Los primeros ejecutivos que se acercaron, cuenta Vommaro, fueron con la Fundación Creer y Crecer, el primer laboratorio de ideas encabezado por el entonces presidente de Boca Juniors y apoyado económicamente por Francisco de Narváez. En 2003, Macri decide lanzarse oficialmente a la pelea por jefatura de Gobierno porteño y la ONG servirá como "think tank" del partido Compromiso para el Cambio (CPC).
"El 2001 es un primer momento fundamental por la crisis de los partidos. Hubo un convencimiento en el centro derecha de que aliarse con los partidos mayoritarios ya no era deseable para producir cambios. Creían que en esos partidos, a pesar de su voluntad reformista, latía un corazón populista que detenía las cosas cuando había que avanzar más", señaló Vommaro a Infobae.
En 2005, el partido Recrear, donde militaron el ex ministro de Economía Ricardo López Murphy y Esteban Bullrich, establece una alianza con la agrupación de Macri. López Murphy era uno de los principales referentes nacionales de derecha por entonces. El acuerdo dio como nacimiento a Propuesta Republicana (PRO). Años después, en 2008, Esteban Bullrich se impone en las internas de Recrear ante el ex ministro de Economía y avanza con la unificación del espacio político.
"La idea era hacer un instrumento político propio, que no sea ideológico, programático, si no uno flexible. Que sea una opción de poder y que no busque solamente tener razón o ideas sofisticadas sobre la economía. Es lo que dice Bullrich cuando asume el control de Recrear en 2008: "no queremos ser un partido testimonial", recuerda Vommaro.
— En el libro, expone sobre las relaciones que tejen los distintos bufetes de abogados corporativos con la fundación Creer y Crecer, uno de los cimientos del PRO. ¿Qué rol juega ese primer acercamiento al mundo de los negocios?
— Lo que muestro es cómo los abogados de negocios y los grandes bufetes en el 2001 y 2002 formaban parte de ese caldo de movilización de las élites para hacer frente a la crisis y lo que consideraban como el fracaso de la clase política. La vía entonces para "hacer algo" tenía que ver con las fundaciones y las ONG, más que con la vía partidaria. Algunos se meten en la fundación de Macri y (Francisco) De Narváez, pero la mayoría todavía trabaja en la lógica del voluntariado. Buscan una conexión con las clases populares menos movilizadas, en una lógica de conflictividad social más afín a un diálogo con los sectores altos. Son interlocutores que permiten a estas élites "hacer algo" frente a la urgencia social y la impotencia de la clase política.

Durante el acelerado crecimiento de la figura del ex presidente de Boca Juniors, el macrismo apeló a su entorno social para reclutar cuadros del mundo empresario. Gran parte de estos "líderes" provenían de educación y universidades católicas de élite. Según sus testimonios, la tentación a hacer política funcionó como una suerte de "llamado" moral para que gente "de afuera" se metiera en ámbitos de gestión pública. El discurso apeló a que los privilegiados del país aporten algo de su tiempo, de su experiencia o saber para colaborar con la "promesa" de cambiar el país. Muchos creyeron en ese relato.
— Se les suele cuestionar a los ejecutivos de negocios su falta de "sensibilidad social".
— Desde hace aproximadamente 30 años, las élites económicas cambiaron su modo tradicional de vincularse con los pobres, que era la vía de la filantropía católica. Ahora están orientadas hacia formas más profesionalizadas, asociadas con las ONG's y las fundaciones. Es una sensibilidad social construida verticalmente, de arriba hacia abajo. El gran cambio que impulsó el macrismo ante estas élites es que no alcanza con eso. Hay que ir al Estado para cambiar la cosas.

El PRO buscó atraer a estos futuros funcionarios provenientes del sector privado a través de contactos más informales, cuando los mecanismos partidarios tradicionales no parecían eficaces. Es que muchos no se animaron a pegar el salto a la política al principio. A los dubitativos pero con voluntad de colaborar, los mantuvieron cerca de su influencia con cursos en universidades privadas, actividades sociales en clubes de membresía exclusivos, u organizando eventos o charlas de té en los livings de casas de barrios cerrados. Los incorporaron por "goteo". Vommaro destaca el rol que tuvieron en esta tarea agrupaciones para-partidarias que se referenciaban en Macri como G25, su rama femenina G25 Mujeres, la Fundación Pensar o Jóvenes PRO. Ya con la victoria de 2015, la necesidad imperiosa de funcionarios en puestos del Estado hizo que la "caza de talentos" fuera más acelerada y masiva, realizándose a través de agencias de Recursos Humanos.
— La oposición suele cuestionar a Cambiemos por ser un "gobierno de los empresarios". ¿Coincide con esa definición?
— Creo que es equivocada por dos motivos. En primer lugar, porque es un gobierno que tiene empresarios, no es de empresarios. Hay un tercio del Gabinete que proviene de la actividad privada y dos tercios que son políticos de larga data, como Esteban Bullrich u Oscar Aguad. La segunda cuestión es que hay más CEO's que dueños de empresas. Lo que logró movilizar muy inteligentemente el PRO y, luego Cambiemos, son estos actores del capitalismo global y moderno. Esta élite tiene una mirada diferente de la vieja o más pragmática burguesía o empresariado argentino que, desde 1983 hasta aquí, negoció con los gobiernos y solo tuvo un involucramiento coyuntural. En el ingreso de los CEO's y de los altos gerentes al Gobierno late un pulso, que es producir en el país una modernización mercadotécnica, por decirlo de algún modo.
El camino hacia la politización
Vommaro señala que la movilización política de los CEO y de las élites empieza a dispararse con el conflicto por la resolución 125, que enfrentó a la Mesa de Enlace y el gobierno kirchnerista. Pero sobre todo avanzó en los años siguientes, después del 54% de los votos de Cristina Kirchner en la elección de 2011. En el último tramo del mandato de la ex jefa de Estado emergió un creciente pánico en vastos sectores del mundo privado.
"Desde 2008, aparece crecientemente en las élites económicas un temor a que Argentina se venezuelice, se chavice. Y ese temor produce un sentimiento de urgencia, de que había que hacer algo para "salvar al país". Entre los entrevistados fue un temor muy arraigado, que tiró como un hilo. Por ese temor fue posible convencer a estos actores que tenían alguna participación en espacios informales o alguna fundación del PRO de que por fin se involucren políticamente, no solo ellos, sino sus familias y su entorno social".

— La oposición tendió a minimizar la candidatura de Esteban Bullrich en estas elecciones, sobre todo después de algunos yerros comunicacionales que cometió en campaña. Sin embargo, en su libro lo señala como uno de los cuadros políticos fundamentales en el PRO.
— Es tal cual lo decís, Bullrich es un cuadro fundamental del armado del PRO y de Cambiemos. Desde 2001, con Recrear, fue uno de los más activos impulsores de la fusión con el PRO. Desde 2008, como un gran movilizador de empresarios y de CEO's primero, para el partido, y luego para incorporarlos al Estado nacional. Es muy respetado en el mundo de los negocios y es una figura de las élites sociales con apellido "no inmigrante" de este país. Para muchos, Bullrich garantizaba la seriedad y la consistencia ideológica del proyecto de Macri. En la Ciudad también fue clave en la educación, al dar las batallas más duras con los sindicatos. Tal vez su candidatura fue una forma de premiarlo y mostrarlo con orgullo. Los traspiés de Bullrich, y que Vidal se haya puesto al hombro la campaña al final, indica que todavía es difícil a estas élites legitimarse públicamente, sobre todo en un espacio como es la provincia de Buenos Aires.
Una "traducción" de la política empresaria
La llegada de los managers representa, para Vommaro, no solo un renovación del personal del Estado. Implica también la incorporación plena de técnicas, prácticas, estéticas y "valores" del mundo corporativo que estaban excluidos de la arena política. Algunos son las muletillas ya conocidos: el rol del líder, el trabajo en equipo, el planning en la gestión, los actos políticos como si fueran eventos empresariales. El PRO logró "traducir" esas formas al hacerlos política.
"En el repertorio político siempre hay innovaciones que son tomadas de otro ámbito – desarrolla Vommaro-. Las manifestaciones, en el siglo XIX, no existían desde siempre, fueron tomadas del desfile militar. Es probable que esta dimensión más evangélica, de autoayuda que trae el PRO, puedan volverse parte de un formato político".
— Desde ese punto de vista, ¿el PRO-Cambiemos está produciendo un cambio en la cultura política?
— Creo que es un emergente de los cambios sociales. Expresa un modo de leerlos y proponer una orientación. La política siempre juega en este doble registro de leer e interpretar, ser un vehículo de cambios que la exceden, y a la vez intentar domarlos. Sin duda Cambiemos, y el PRO primero, son hijos de la creciente distancia y desconfianza de muchos sectores a la actividad política. Se presentan como siempre nuevos, siempre recién llegados. Por eso sintonizan con electorados mayoritarios mediante otras formas de presentación pública, con rituales festivos, llenos de globos, con discursos que tratan más con la autoayuda que con las ideologías políticas y doctrinas duras. Hay un montón de repertorios no políticos que vienen del mundo de los negocios y las ONG, pero al ser incorporados por el PRO, los vuelve políticos.

— Se podría afirmar que Cambiemos organizó una "mística CEO", y que esa mística tomó el poder?
— Hay una mística CEO. Creo que hay una mística "de los mejores", de los "numero uno". El mundo privado tiene un montón de circuitos de consagración, premios, revistas, foros mundiales que dan distinciones o clubes muy exclusivos que les da un sentimiento de pertenencia. Sin embargo, pese a ser exitosos, sentían que no tenían un rol social relevante en términos de visibilidad pública y reconocimiento, de prestigio. Algo de la mística dice que "llegaron los mejores al poder, para hacer algo por los demás". No creo que sea la única parte de la mística de Cambiemos, pero es un corazón que late fuerte y que busca disputar en cualquier terreno con los partidos tradicionales. Las elecciones me dejaron una imagen muy interesante en ese sentido: Rattazzi (CEO de FIAT) fiscalizando en González Catán. Es una idea de 'no vamos a regalarles nada al peronismo'.
— ¿Cómo les está yendo en la gestión a estos ejecutivos?
— Para ninguna fuerza le es fácil gobernar un país, ni siquiera para una que siente que tiene el visto bueno del mundo económico. El año pasado, hubo grandes puestas en escena de celebración de estos "numero 1" y de sus contactos con el mundo. Hubo Davos, 'mini Davos', un montón de reuniones con inversores donde parecía que por fin nos iban a conectar con el mundo. Los resultados fueron magros hasta ahora en ese terreno. Eso da cuenta que solo con una mística fuerte podés sostener los sabores amargos que te da una gestión que es más árida de lo que parecía desde afuera.

— ¿Hasta qué punto los CEO's tienen un compromiso político real? ¿Cuánto pesa la intención de hacer negocios con el Estado?
— Hay casos de incompatibilidad de intereses muy flagrante, por ejemplo, cuando un funcionario tiene acciones en el sector privado sobre el área que regula. Pero me cuesta mucho trabajar sobre las intenciones de los actores. La mayor parte de los CEO's que ingresaron al Estado fueron a áreas que no tienen que ver con su pasado, sino por contar con un saber generalista para gestionar cualquier cosa. Antes que una cuestión de hacer dinero, hay una retórica de ceder dinero, a ganar menos en pos de "hacer algo por los demás", de lograr prestigio social. Lo que sin dudas es que los CEO's están comprometidos con un proyecto pro mercado, de querer favorecer al mundo privado en general y de crear, desde el Estado, condiciones para una mayor rentabilidad económica. Creen que esa es la vía del desarrollo, hay una mirada de país.
— Aún existe mucha discusión sobre qué proyecto político encarna Mauricio Macri. ¿Cómo se lleva con la definición de que Cambiemos es una propuesta neoliberal que "busca achicar" el Estado?
— Si hay algo que aprendió PRO y luego Cambiemos de lo que significa gobernar la Argentina, es que el Estado importa. Y mucho. Es necesario para ellos construir un Estado a la medida de su proyecto político. No es viable su proyecto sin Estado, ni con un Estado mínimo: es un Estado activo en función de un proyecto pro mercado. Una de las novedades que tiene Cambiemos y PRO en su aprendizaje político es esta combinación de un proyecto pro mercado más identificado con el neoliberalismo, con una conciencia clara de la importancia del armado político y del "gobierno social desde arriba", que en Argentina es fundamental.
*Gabriel Vommaro es doctor en Sociología por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (Centre de Sociologie Européenne), docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento e investigador del Conicet. Entre las publicaciones de su autoría se cuentan Mundo PRO (Planeta, 2015), ¿Lo que quiere la gente?. Los sondeos de opinión y el espacio de la comunicación política en Argentina (1983-1999) (Prometeo, 2008), y Mejor que decir es mostrar. Medios y política en la democracia argentina (UNGS/Biblioteca Nacional, 2008).
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