
Cartulinas blancas repletas de anotaciones de varios colores, un fichero improvisado con datos de los protagonistas y fojas sueltas del expediente. En la soledad de su departamento de Puerto Madero, Amado Boudou se prepara hace varios meses para sus intervenciones en el juicio de Ciccone. El martes pasado dio una muestra de lo que se viene: una defensa técnica, sin condimentos políticos. En la próxima audiencia, volverá a hablar. Los "dueños" de The Old Fund, Vandenbroele, y la familia Ciccone, serán los ejes de su declaración. "Cree que si no habla, convalida toda la novela", dicen en su entorno para explicar esa necesidad de seguir declarando.
Boudou arrancó el juicio enojado. "Al final, todo esto era para la foto", se quejó luego de la primera audiencia. El martes pasado se sintió más cómodo: sabía de antemano que Nicolás Ciccone iba a "prender el ventilador", pero se quedó sorprendido con algunos detalles de su extensa alocución. Cuando terminó de hablar "el viejo", como lo llama en la intimidad, no dudo en responderle. "No hubo reuniones, fue un cuento armado", dijo ante los jueces.
El ex vicepresidente quiere seguir hablando, siempre atado al manual de su supuesta inocencia. En su próxima declaración, según pudo saber Infobae de fuentes de su entorno, volverá a insistir que no tuvo relación con Alejandro Vandenbroele, su inquilino más incómodo. Y se explayará sobre los "dueños" de The Old Fund, una de los puntos más flojos de la investigación judicial.
Boudou tiene previsto volver a declarar en la próxima audiencia, postergada para el 31 de octubre. En privado, está convencido que el juicio se "apuró", por impulso del Gobierno, para mostrar su foto en Comodoro Py antes de las elecciones. Sus abogados alimentan su bronca: sostienen que "el intervalo" de tres semanas es injustificado y responde a necesidades personales de los jueces del TOF 4.
A diferencia de otros ex funcionarios kirchneristas, el ex vicepresidente no se considera un "perseguido" del gobierno de Mauricio Macri. Sus "enemigos" están en otro lado.
En su próxima intervención, Boudou volverá a cargar sobre la familia Ciccone. "Me acusan de quedarme con el 70% de las acciones (de la ex Ciccone), pero en el juicio sólo está representado el 50% (por Nicolás)", se queja cuando hace un repaso de todo el proceso judicial. Su declaración apuntará a otros os integrantes del clan: Silvia Ciccone y Guillermo Reinwick, uno de los yernos de Nicolás Ciccone. "El lo trajo a Vandenbroele, yo no", le endilga al empresario gastronómico.
Para ordenar la historia, preparó varias cartulinas blancas y anota nombres y fechas en fichas de cartón, cuentan aquellos que lo visitan en su departamento de Madero Center. Las mismas fuentes dicen que pasa horas leyendo la causa judicial en su escritorio con vista al hotel Hilton, y expedientes administrativos vinculados al juicio.
Pese a su situación judicial extrema, el ex vicepresidente mantiene cierto optimismo sobre su futuro cercano. Dice que en la calle "le va bien". Esta semana, por ejemplo, salió a comer con el ex piquetero Luis D'Elía, uno de sus aliados circunstanciales. No habría recibido insultos. Solo indiferencia.

Ciccone no es su única pesadilla. Boudou tiene una docena de causas en varios juzgados federales. Hasta el ex juez Norberto Oyarbide, adicto al kirchnerismo, se animó a llamarlo a indagatoria antes de renunciar. "Gordo, quédate tranquilo que yo te voy a salvar", le dijo antes de la declaración, cinco días después de la asunción de Mauricio Macri. Instantes, después le preguntó por Cristina Kirchner. "¿Cómo está ella?", se despachó el magistrado. Boudou se sorprendió con el diálogo porque no tenía relación previa con el magistrado. Apenas lo había cruzado un par de veces en los restaurantes de Puerto Madero. Al final, Oyarbide no cumplió con la promesa y lo procesó por dádivas. El resto de la historia es más conocida.
El futuro político del ex vice es más incierto. En las charlas con sus amigos, sigue hablando con respeto de los Kirchner y de "su" Gobierno. Y se lamenta sobre su pasado reciente. "Iba a ser presidente de taquito si no pasaba todo esto", suele decir. Finalmente, el candidato fue Daniel Scioli. Trampas del destino.
Ahora vive de los honorarios que cobra por asesorar a "dos o tres clientes", cuentan sus interlocutores, porque todavía no recibe su pensión como ex vicepresidente. No puede salir del país. Cada tanto se conforma con una escapada a Mar del Plata, su "lugar en el mundo". Podría ser peor.
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