
No era un día ideal para recibir a cientos de empresarios, banqueros, analistas, y funcionarios extranjeros que llegaban al hotel Hilton para participar del World Economic Forum (WEF), un influyente cónclave internacional que discute todos los asuntos políticos, sociales y económicos que condicionaran al mundo en un futuro cercano. Había un paro general, fuertes incidentes en la Panamericana y la posibilidad de un enfrentamiento colosal a las puertas del evento que Mauricio Macri pensaba utilizar para enfrentar a la CGT, la CTA y las huestes de Cristina Kirchner. Una bala de goma, una vidriera rota o un auto incendiado, enterraba para siempre la estrategia de inserción internacional que ejecuta el Presidente cada vez que viaja al exterior. Macri pasó la prueba y demostró que puede enfrentar a los movimientos obreros que responden al peronismo y a la conducción de Cristina Kirchner, el temor que aparecía entre los invitados de la WEF cada vez que se analizaba el futuro político del gobierno.
El Hilton era un hotel amurallado. Y custodiado por tropas de elite de la Policía Federal, la Policía Metropolitana, la Gendarmería y la Prefectura. Todos debían exhibir una credencial con foto, nombre y apellido y pertenencia social (empresario, funcionario, banquero, periodista). El color de la credencial reflejaba la categoría y no había guiño posible para saltar de una escala social a otra. Estabas adonde debía estar, y no servía conocer a los dueños de las empresas que actuaban como anfitriones.
Ese orden jerárquico, el trato profesional de los anfitriones, la soltura de los funcionarios para explicar sus posiciones, y hasta el uso del inglés, sorprendió a los invitados a la WEF. En una exposición sobre el impacto de las nuevas tecnologías y el mercado laboral, Susana Malcorra explicó que si hablaba en español la conversación iba a perder su hilo, porque el resto de los panelistas no hablaban en castellano. En una milésimo de segundo, la canciller empezó su explicación en inglés, con una narrativa que pocas veces se vio en un ministro de otros gobiernos democráticos, peronistas o radicales.
Y en ese panel, al margen de la capacidad de expresarse en distintos idiomas, Malcorra demostró que sabe qué pasa en el mundo, cómo impactaran las tecnologías, qué sucederá en el ámbito laboral. Hace unos años, el antecesor de Malcorra apareció de la mano de un dictador sirio firmando un acuerdo con Irán por la causa AMIA, y con anterioridad violó los tratados internacionales al abrir con un alicate una valija del FBI. El contraste entre ambos cancilleres no pudo ser más evidente.
La confianza del establishment internacional en la administración Macri aparecía en todos los escenarios de la WEF. El Foro tenía varios espacios públicos, dos pasillos y tres bares adonde se cruzaba información, corrían los chismes y se valoraban los distintas paneles del día. Nicolás Dujovne adelantó que habrá proyecto de reforma tributaria después de los comicios, Francisco Cabrera sonrió incómodo cuando le preguntaron sobre el peso de las inversiones chinas en la región, Marcos Peña explicó la posición del gobierno respecto a la CGT –negociar acuerdos por sectores–, Ricardo Buryaile anunció que Macri tratará en Washington la situación del Biodiesel y el exembajador americano Noah Manet reveló que inauguró sus oficinas en Puerto Madero.
En simultáneo con la información local, aparecían los datos aportados por los invitados extranjeros. Impactó el volumen de los millones de dólares blanqueados, un informe reservado que circuló sobre las inversiones que llegarán a la Argentina hasta el 2019 y la predisposición de Macri para recibir a CEO`s globales que necesitan saber su hoja de ruta en Balcarce 50.
Pero no todo fue mundo Disney en la WEF: se escuchó la preocupación sobre la inflación, el desempleo, la pobreza, el eventual regreso de Cristina y la corrupción. Llamó la atención que en un panel sobre delitos públicos -"Fighting Corruption: The New Way Forward"-, sólo hubo 60 sillas ocupadas sobre un total de 900. Un fracaso rotundo, en un país que tiene a su expresidente procesada por ser jefa de una banda dedicada a lavar dinero.
A fin de año, habrá una reunión de la OMC sin antecedentes en la Argentina. Y en 2018, se organizara el G20 en Buenos Aires. El país juega en otra liga internacional, muy alejada del relato y la cercanía con Venezuela e Irán. Macri tiene una chance en el exterior y las elecciones de octubre. Final abierto.
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