Por qué un drone puede "enamorar a cualquiera”

Permite apreciar perspectivas diferentes. El secreto de su encanto y las reglamentaciones para volar en Argentina

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Seguramente la primera vez que se escuchó hablar de un drone fue a través de noticias internacionales, vinculado con algún ataque militar en algún lugar del mundo. Pero, con el correr del tiempo, ya se dejó de asociar a un arma de guerra.

Se empezó entonces, a vincular con empresas como Amazon, que quería usarlos para repartir sus envíos, o como vehículo para llevar medicinas a lugares remotos, incluso, hasta para asistir en alguna emergencia.

Aparecieron los drones "buenos" que terminaron opacando, en nuestro imaginario, a los "malos". Más aún, dejaron de ser tan extraños y comenzaron a jugar con los niños, a regalar bellas imágenes de la ciudad, a vigilar desde lo alto en grandes aglomeración de personas.

A escala planetaria, el drone es, cada vez más, parte de la vida cotidiana. Argentina no está ajena a esa tendencia. Rubén Martín, director de la cátedra de drones de la UTN y dueño de una empresa que los vende, es testigo de su crecimiento exponencial en el país, tanto para uso profesional como hobbista.

Martín adviertió que "en Argentina hay dos temas legales que no deben desconocer quienes vuelan drones. Por un lado, en la ley de datos personales, se genera una disposición –la número 20/15– que regulariza cómo se procede con la toma de imágenes, sean fotografías, grabaciones, fotogramas. Todo piloto, sea profesional o no, debe saber cómo proceder para resguardar ese material" que, en definitiva, es información (y muchas veces privada).

Por otro lado, hay otros requerimientos para volar. Primero, saber si uno entra en la categoría "hobbista". Para esto, el vuelo debe ser en lugares controlados y no superar los 10 metros de altura, ni los 30 metros radiales.

De otro modo, para el vuelo profesional "hay que sacar un registro ante a NAC, organismo que dictaminó la Resolución 527/20 15 en la cual regulariza todo lo vinculado al espacio aéreo. Esto implica rendir un examen teórico-práctico, registrar el drone y asegurarlo".

Todo sea por un momento de juego –o trabajo–. Pero hay algo en común entre todos los que toman un drone entre sus manos: fascinación por ese pequeño volador. ¿Qué tiene el drone que lo vuelve tan atractivo, que despierta tanta pasión? Martín pensó unos segundos: "Buena pregunta… Es como la vida… es otro punto de vista de lo que vemos. El drone genera eso. Te permite ver las cosas desde una perspectiva diferente y eso enamora a cualquiera".