Agentes de IA: cómo cambiará el mercado laboral y qué habilidades serán clave en el 2027

La brecha de acceso a capacitación y herramientas digitales dificulta la adaptación tecnológica de emprendedores, independientes y pequeños negocios, de acuerdo con cifras registradas entre abril de 2025 y marzo de 2026

En esta ilustración, tomada el 19 de octubre de 2026, aparecen las palabras "Agentes de IA" y un teclado. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
En esta ilustración, tomada el 19 de octubre de 2026, aparecen las palabras "Agentes de IA" y un teclado. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
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La pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará el mercado laboral, sino qué tan preparados estamos para afrontar ese cambio. Mientras algunas personas temen que estas tecnologías las reemplacen, otras comienzan a utilizarlas para trabajar mejor, reducir tiempos y asumir tareas de mayor valor. La diferencia entre ambos escenarios no dependerá únicamente de la tecnología, sino también de nuestra capacidad para adaptarnos.

La inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa con los llamados agentes de IA. A diferencia de las herramientas que solo responden preguntas o generan textos, estos sistemas pueden utilizar aplicaciones digitales, ejecutar secuencias de acciones y completar procesos con distintos grados de autonomía. Esto significa que ya no hablamos únicamente de automatizar una tarea, sino de delegar varias actividades relacionadas entre sí.

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¿Qué implica esto para los trabajadores? Pensemos en funciones como elaborar reportes, clasificar documentos, responder consultas frecuentes, recopilar información o preparar análisis preliminares. Un agente de IA puede realizar varias de estas actividades consecutivamente, lo que reduce el tiempo necesario para completar determinados procesos. El cambio no es menor: las empresas pueden reorganizar sus operaciones y los profesionales tendrán que replantear cómo aportan valor.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en un estudio elaborado junto con el Instituto Nacional de Investigación de Polonia (NASK) y publicado en 2025, estima que uno de cada cuatro trabajadores en el mundo tiene una ocupación con algún grado de exposición a la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, estar expuesto no significa necesariamente perder el empleo. La transformación de las tareas y de los puestos de trabajo es un escenario más probable que su desaparición completa.

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Esta distinción es fundamental. El riesgo no consiste únicamente en que una tecnología pueda ejecutar una actividad, sino en que las organizaciones decidan reorganizar sus equipos sin una estrategia que contemple la capacitación y la transición de sus trabajadores.

El impacto tampoco se limita a las labores administrativas. En marketing, comunicaciones y ventas, por ejemplo, la IA puede apoyar la investigación, la elaboración de borradores, la segmentación de públicos y el análisis de resultados. Pero hay una diferencia entre producir información y saber qué hacer con ella. Definir una estrategia, gestionar una crisis, negociar con un cliente o tomar decisiones que comprometan la reputación de una empresa exige contexto, criterio y responsabilidad.

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Por eso, considero que el debate sobre la inteligencia artificial en el trabajo debe superar la dicotomía entre empleos que desaparecerán y empleos que sobrevivirán. La discusión debe centrarse en cómo cambiarán las funciones profesionales y qué capacidades serán necesarias para desempeñarlas.

El Foro Económico Mundial, en su Future of Jobs Report 2025, proyecta que las transformaciones económicas, tecnológicas y demográficas podrían generar 170 millones de empleos y desplazar 92 millones hacia 2030, con un saldo neto de 78 millones de puestos adicionales. El mismo informe estima que el 39% de las habilidades actuales de los trabajadores podría cambiar o quedar desactualizado entre 2025 y 2030.

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Estas proyecciones no garantizan que todas las personas desplazadas accederán a las nuevas oportunidades. El saldo global de empleos tampoco refleja necesariamente lo que ocurrirá en cada país, sector o grupo ocupacional. El desafío será conseguir que los beneficios de la transformación tecnológica se traduzcan en oportunidades reales para los trabajadores.

En el Perú, esta discusión tiene una dificultad adicional: las brechas de acceso a la formación y a las herramientas digitales. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 69,8% de la población ocupada tuvo un empleo informal entre abril de 2025 y marzo de 2026. En un mercado laboral con estas características, hablar de adaptación tecnológica exige considerar no solo a quienes trabajan en grandes empresas, sino también a los emprendedores, trabajadores independientes y pequeños negocios.

IA agentes
En Argentina y América Latina conviven sistemas heterogéneos, operadores de distinto tamaño y trámites de comercio exterior con alta carga documental (Imagen: Shutterstock)

No podemos esperar que todos se adapten al mismo ritmo si no tienen las mismas oportunidades de capacitación. Incorporar inteligencia artificial sin una estrategia de desarrollo de habilidades podría ampliar las diferencias entre quienes saben utilizarla y quienes quedan al margen de estas herramientas.

¿Qué deberían hacer las empresas? El primer paso no debería ser preguntarse qué puestos pueden eliminar, sino qué procesos pueden mejorar. Identificar tareas repetitivas, evaluar dónde la automatización genera valor y establecer mecanismos de supervisión permite adoptar estas tecnologías con objetivos concretos.

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También es indispensable capacitar a los equipos. Utilizar inteligencia artificial no consiste simplemente en escribir una instrucción y aceptar la primera respuesta. Se necesita aprender a formular indicaciones claras, verificar información, identificar errores, proteger datos y reconocer cuándo una decisión requiere intervención humana. La supervisión es especialmente importante cuando están en juego información confidencial, relaciones con clientes o decisiones que pueden tener consecuencias económicas y reputacionales.

Para los trabajadores, la respuesta tampoco debería limitarse a aprender a utilizar una nueva herramienta. El pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación, la creatividad y la capacidad de adaptación serán fundamentales para trabajar con sistemas capaces de ejecutar cada vez más actividades. Cuanto más accesible sea la automatización de determinadas tareas, mayor será la importancia de saber interpretarlas, priorizarlas y conectarlas con objetivos concretos.

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La inteligencia artificial no garantiza por sí sola una mayor productividad ni asegura la creación de mejores empleos. Sus resultados dependerán de cómo se implemente, de las capacidades de las personas y de las decisiones que tomen las organizaciones. Automatizar un proceso deficiente no necesariamente lo mejora; hacerlo sin controles puede incluso multiplicar los errores.

Por eso, la pregunta inicial merece una respuesta menos alarmista, pero también más exigente. Sí, algunos empleos cambiarán, ciertas funciones perderán relevancia y determinados puestos podrían desaparecer. Al mismo tiempo, surgirán nuevas necesidades y otras ocupaciones incorporarán herramientas que modificarán la manera de trabajar.

La verdadera ventaja competitiva no será utilizar inteligencia artificial por seguir una tendencia, sino saber cuándo aplicarla, cómo supervisarla y qué decisiones deben seguir en manos de las personas. El futuro laboral no dependerá únicamente de lo que la tecnología pueda hacer, sino de lo que estemos preparados para hacer con ella.

Ilich Pimentel
Ilich Pimentel

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