Hiperconectados, pero solos: ¿cómo las redes sociales ocultan el deterioro de la salud mental en jóvenes?

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, un psicólogo explica cómo las redes sociales pueden generar una falsa sensación de compañía y por qué fortalecer los espacios de interacción presencial es clave para la salud mental

Ilustración acuarela de un joven sentado en una cama, cabeza gacha, con burbujas translúcidas de íconos de redes sociales flotando a su alrededor en una habitación pastel.
Una ilustración en acuarela muestra a un joven sentado en el borde de una cama con la cabeza gacha, rodeado de burbujas con íconos de redes sociales, simbolizando el aislamiento en la era digital. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La posibilidad de estar conectados permanentemente no necesariamente significa sentirse acompañados. En un contexto en el que las redes sociales y los dispositivos móviles ocupan una parte importante de la vida cotidiana de niños, adolescentes y jóvenes, identificar un problema de salud mental puede resultar más complejo cuando el entorno digital se convierte en el principal espacio de interacción.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) señala que más del 85% de la población joven urbana del Perú utiliza internet diariamente. Esta elevada penetración de la tecnología convive con una problemática de salud mental que requiere atención: la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el suicidio constituye la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años a nivel mundial.

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En el Perú, además, los registros del Ministerio de Salud (Minsa) indican que más del 70% de los jóvenes con problemas afectivos no llega a recibir atención médica o psicológica de manera oportuna.

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, Carlos Flores Galindo, director de la carrera de Psicología de la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL), advierte que el desafío no está únicamente en cuánto tiempo pasa una persona frente a una pantalla. El riesgo surge cuando la interacción digital desplaza otros espacios de socialización, dificulta detectar el sufrimiento emocional y deja a la persona con menos redes de apoyo presenciales.

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¿Las redes sociales pueden causar depresión, ansiedad o pensamientos suicidas?

Para Flores Galindo, es más preciso considerar la conexión digital como un factor que puede actuar como detonante o incrementar determinados riesgos, antes que afirmar que las redes sociales son una causa directa de la depresión, la ansiedad o el suicidio.

El ciberacoso y la presión constante por encajar en las plataformas virtuales pueden afectar el bienestar emocional de los jóvenes. Sin embargo, estos elementos no explican por sí solos la aparición de un trastorno mental ni una conducta suicida.

Minsa detalla pasos y requisitos para tramitar el certificado de salud mental en el Instituto Noguchi. (Foto: Agencia Andina)
Minsa detalla pasos y requisitos para tramitar el certificado de salud mental en el Instituto Noguchi. (Foto: Agencia Andina)

La diferencia puede estar en las redes de apoyo que tenga cada persona. Un joven que utiliza constantemente las redes sociales, pero que también participa en actividades deportivas, mantiene encuentros familiares y cuenta con otros grupos de socialización, dispone de mayores espacios para expresar sus dificultades y recibir acompañamiento.

El escenario cambia cuando la conexión digital se convierte prácticamente en el único mecanismo de interacción.

El riesgo no está únicamente en lo que la hiperconexión puede causar, sino en el aislamiento que nos impide reconocer otras causas y corta los mecanismos sociales de prevención de la ansiedad, depresión y el suicidio”, explica el psicólogo para Infobae Perú.

La denominada falsa sensación de compañía también puede contribuir a que el sufrimiento pase inadvertido. Una persona puede mantener una intensa actividad en redes, publicar fotografías, conversar con otros usuarios y mostrar una vida aparentemente normal, mientras atraviesa internamente un periodo de angustia o desesperanza.

Por ello, una presencia constante en el mundo virtual no debería interpretarse automáticamente como evidencia de bienestar emocional.

Sobre el incremento de consultas en salud mental

El aumento de consultas relacionadas con depresión y ansiedad también debe analizarse con cautela. De acuerdo con el especialista, un incremento en la cantidad de personas que acuden a los servicios de salud mental puede reflejar no solo la existencia de más problemas, sino también una mayor disposición a buscar ayuda. Para el especialista, esto constituye una señal positiva porque significa que más personas están reconociendo que necesitan acompañamiento profesional.

No obstante, también identifica un factor que puede perjudicar el bienestar emocional: la dependencia de las pantallas y la reducción de los espacios de contacto humano.

Según explica, cuando una persona limita sus vínculos al entorno digital, puede postergar la atención de conflictos cotidianos que requieren ser procesados. El problema puede agravarse cuando esas dificultades dejan de ser abordadas y terminan convirtiéndose en una crisis emocional que requiere atención profesional.

¿Cuáles son las señales de alerta ante un posible riesgo suicida?

Uno de los principales desafíos para familiares, amigos y docentes es reconocer que una persona está atravesando una situación de sufrimiento antes de que llegue a un escenario de mayor gravedad.

Minsas advierte que el 90% de los casos de suicidio en el Perú están ligados a depresión, ansiedad u otros transtornos. (Foto: Andina)
Minsas advierte que el 90% de los casos de suicidio en el Perú están ligados a depresión, ansiedad u otros transtornos. (Foto: Andina)

Flores Galindo señala que algunos indicadores pueden aparecer tanto en el comportamiento presencial como en la actividad digital. Entre ellos se encuentran:

  • Retiro progresivo del contacto presencial: la persona deja de participar en actividades que antes realizaba con familiares, amigos o compañeros.
  • Construcción de una realidad virtual idealizada: mantiene una imagen aparentemente positiva en redes mientras, en otros espacios, evidencia cambios emocionales o aislamiento.
  • Comentarios relacionados con desaparecer o no poder continuar: expresiones como “quiero desaparecer”, “no puedo más”, sentirse una carga o manifestar que no encaja pueden requerir atención.
  • Publicaciones o mensajes con tono de despedida: determinados contenidos digitales pueden constituir una señal de que existe un sufrimiento que necesita ser evaluado.
  • Regalo repentino de pertenencias valiosas: especialmente cuando aparece junto con otros cambios conductuales.
  • Cambios importantes en los hábitos: alteraciones severas del sueño y la alimentación, abandono de la higiene personal o irritabilidad extrema.
  • Caída repentina del rendimiento académico o laboral: un cambio significativo respecto del comportamiento habitual también puede ser una señal de alerta.

El especialista precisa que estos indicadores no constituyen por sí mismos un diagnóstico ni permiten predecir directamente un suicidio. Sin embargo, sí pueden revelar que una persona está atravesando un periodo de sufrimiento y necesita apoyo.

Por ello, ante la aparición de varias de estas señales, resulta importante acercarse a la persona, escucharla sin juzgar y buscar ayuda profesional cuando corresponda.

¿Qué no decirle a una persona con depresión o ideas suicidas?

La manera en que familiares y amigos responden cuando alguien expresa su sufrimiento también puede influir en la posibilidad de que continúe hablando sobre lo que siente.

La primera recomendación del especialista es escuchar antes de intentar dar consejos. Frases como “anímate”, “pon de tu parte” o “hay personas que tienen problemas peores” pueden minimizar la experiencia de quien atraviesa una crisis.

Tampoco es recomendable acusar a la persona de buscar atención o afirmar que simplemente quiere llamar la atención.

Cuando alguien expresa que no quiere continuar con su vida o manifiesta un sufrimiento intenso, el hecho de hablar puede representar precisamente un intento de encontrar una salida.

Mientras exista el diálogo, se estará buscando una salida”, señala Flores Galindo.

Por ello, en lugar de desvalorizar las emociones, es necesario generar una conversación en la que la persona pueda explicar qué está atravesando y, de ser necesario, facilitar su acceso a ayuda especializada.

¿Qué hacer cuando una persona necesita ayuda?

La atención profesional constituye una de las principales alternativas frente a un cuadro depresivo, ansiedad significativa o señales relacionadas con una posible conducta suicida. Sin embargo, el especialista considera importante que las personas puedan informarse y encontrar al profesional que responda adecuadamente a sus necesidades.

El acompañamiento familiar también cumple un papel importante, pero no constituye la única fuente de apoyo. Existen otros espacios que pueden ayudar a recuperar vínculos sociales y disminuir el aislamiento.

Entre ellos se encuentran:

  • las iglesias
  • instituciones educativas;
  • clubes deportivos;
  • talleres artísticos;
  • organizaciones sociales;
  • grupos comunitarios;
  • grupos de juegos y actividades recreativas;
  • espacios de encuentro entre pares.

La finalidad es que la persona pueda contar con vínculos genuinos que no estén centrados exclusivamente en la competencia o la productividad.

Para Flores Galindo, recuperar estos espacios permite ampliar las redes de apoyo y evitar que toda la vida social de una persona quede concentrada en el mundo digital.

La prevención no consiste únicamente en identificar una crisis cuando esta ya se ha presentado. También implica construir condiciones que permitan detectar tempranamente el sufrimiento y facilitar que una persona solicite ayuda.

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