
Una presunta red de tráfico internacional abastece el mercado clandestino de la estética con ácido hialurónico sin registro sanitario, facilitando su venta a través de redes sociales y poniendo en riesgo la salud de miles de personas en Perú.
Agentes de seguridad peruanos detuvieron recientemente a un ciudadano de nacionalidad brasileña cuando intentaba ingresar al país cerca de doscientas ampollas de ácido hialurónico valoradas en más de treinta mil dólares.
Según la información difundida por Ocurre ahora, el individuo utilizaba el denominado método de momificación, pegando los productos a su cuerpo para burlar los controles aduaneros. Las autoridades estimaron que el valor comercial de estas ampollas superaría los doscientos mil soles dentro del territorio nacional.
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El objetivo de este cargamento era abastecer el creciente mercado informal de la estética, donde el ácido hialurónico se utiliza para dar forma y volumen a diferentes zonas del cuerpo y el rostro sin contar con ningún tipo de registro sanitario. El Ministerio de Salud advirtió que este producto debe ser aplicado exclusivamente por profesionales certificados en establecimientos autorizados.

El canal de venta
Las investigaciones revelaron que plataformas como Facebook se han convertido en el principal canal para la venta directa de ácido hialurónico sin control. Basta una búsqueda rápida para encontrar anuncios de ampollas ofrecidas desde cien soles, sin trazabilidad ni garantías sanitarias. Este tipo de publicaciones está al alcance de cualquier usuario, lo que facilita la compra indiscriminada y la posterior utilización en procedimientos invasivos.
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Ocurre ahora expuso cómo estos productos terminan en clínicas estéticas clandestinas, algunas instaladas incluso en mercados, donde se ofrecen procedimientos invasivos como si fueran tratamientos de belleza convencionales. Los testimonios recogidos señalaron que la clientela suele desconocer el origen y la composición real de las sustancias que se aplican.
El caso de Nataly Arévalo
La falta de controles y la proliferación de centros no autorizados han tenido consecuencias fatales. La familia de Nataly Arévalo, profesora peruana, relató que la joven falleció tras someterse a un procedimiento estético en el que creyó recibir ácido hialurónico. Las investigaciones indicaron que en realidad le inyectaron biopolímeros, sustancia que no está aprobada para estos fines y cuyo uso puede causar daños irreversibles.
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“Ahora mi hija ya no está, ya no está”, expresó la madre de la víctima en declaraciones recogidas por Ocurre ahora. La muerte de Nataly se convirtió en una advertencia para miles de mujeres que acuden a estos servicios sin garantías. El Ministerio de Salud detalló que el uso de ácido hialurónico de origen desconocido puede provocar infecciones graves, necrosis, ceguera e incluso la muerte.
Las autoridades explicaron que los traficantes recurren a estrategias como el uso de burriers para transportar el producto. En el caso del brasileño capturado, se empleó la modalidad de la momia, método que suele estar vinculado a organizaciones delictivas dedicadas al comercio ilegal de insumos médicos.
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“Son pasajeros que, como usted bien mencionaba, la modalidad de la momia, que son utilizados por los burrier, probablemente sean captados por otras organizaciones para poder dedicarse a ingresar este tipo de productos”, explicó un portavoz durante la intervención, según lo reportado por Ocurre ahora.

Riesgos para la salud
El Ministerio de Salud enfatizó que el ácido hialurónico es considerado un dispositivo médico y, como tal, debe contar con registro sanitario. Su aplicación debe realizarse en establecimientos autorizados por profesionales calificados.
La falta de controles y la comercialización a través de canales informales incrementan el riesgo de complicaciones graves. “Cuando su origen es desconocido, el riesgo incluye infecciones graves, necrosis, ceguera e incluso la muerte”, alertó la entidad.
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La incautación reciente evitó que miles de dólares en productos sin control sanitario llegaran al mercado negro, donde habrían terminado en el rostro o el cuerpo de personas que buscan tratamientos estéticos de bajo costo.
Pese a los operativos y advertencias, el negocio ilegal sigue activo en redes sociales y centros no regulados. La demanda de procedimientos estéticos y la oferta de productos sin certificación alimentan un circuito clandestino que pone en peligro la vida de quienes buscan mejoras estéticas sin contemplar los riesgos asociados a la falta de controles.
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