¿Tus hijos comen viendo pantallas? Nutricionista explica por qué este hábito afecta su alimentación

Cada vez más niños consumen sus desayunos, almuerzos o meriendas frente al celular, la tablet o el televisor. Especialistas en nutrición analizan cómo este hábito puede influir en la forma de alimentarse durante la infancia

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Niño con camiseta azul mordiendo un sándwich de pan blanco con lechuga y jamón. Un teléfono móvil negro con pantalla encendida se ubica frente a él.
Un niño come un sándwich de pan blanco, lechuga y jamón mientras mira contenido infantil en la pantalla de su teléfono móvil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada vez es más común que los niños desayunen, almuercen o tomen una merienda mientras miran televisión, juegan con una tablet o revisan el celular. Ya sea que consuman una fruta, un paquete de galletas, un yogur, un chocolate o cualquier otro snack, muchos lo hacen sin prestar atención a lo que comen. Aunque esta práctica suele facilitar el momento de la comida para muchos padres en Perú, especialistas en nutrición advierten que puede afectar la relación de los menores con los alimentos y favorecer un consumo poco consciente.

La nutricionista Silvia Sáenz de Mondelez International explicó que el llamado “mindful snacking” o snackeo consciente consiste en prestar atención al momento de comer, identificando las señales de hambre y saciedad, además de disfrutar las características de los alimentos, como su sabor, textura y aroma.

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Comer frente a una pantalla impide reconocer cuándo el niño ya está satisfecho

Según la especialista, cuando un niño come mientras está concentrado en un dispositivo electrónico, su atención deja de estar en la comida y pasa completamente a la pantalla.

“Si la atención está en el celular, la computadora o el televisor, el niño no observa la porción que está consumiendo, no identifica qué está comiendo y tampoco logra reconocer fácilmente cuándo ya está satisfecho”, explicó para Infobae Perú.

Este comportamiento favorece que la alimentación se vuelva automática, es decir, que se coma por costumbre o distracción y no porque realmente exista hambre.

¿Qué beneficios tiene el snackeo consciente?

Un niño de pelo rizado sentado en el suelo sostiene una manzana verde, junto a un cuenco con frutos secos y un vaso de agua.
Un niño come una manzana verde y una merienda con frutos secos mientras está sentado en el suelo de una habitación iluminada por el sol. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Practicar una alimentación consciente no significa restringir alimentos, sino dedicar unos minutos exclusivamente a comer, prestando atención a las señales del cuerpo y al alimento que se consume. De acuerdo con la nutricionista, este hábito puede aportar diversos beneficios, especialmente durante la infancia:

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  • Favorece hábitos alimentarios saludables: ayuda a que los niños aprendan a distinguir cuándo realmente tienen hambre y cuándo desean comer por aburrimiento, rutina o distracción.
  • Promueve una mejor relación con la comida: al poner el foco en disfrutar los alimentos sin culpa, se evitan etiquetas como “comida buena” o “comida prohibida”, favoreciendo una alimentación más equilibrada.
  • Mejora la concentración durante el día: al realizar meriendas balanceadas y comer con atención, se favorece una ingesta más ordenada, evitando consumir grandes cantidades de alimentos de forma impulsiva.
  • Disminuye el consumo automático: al alejar las pantallas, los niños dejan de comer por inercia mientras juegan o ven videos y comienzan a prestar atención a las cantidades que consumen.
  • Fortalece la conexión con las señales del cuerpo: permite reconocer con mayor facilidad cuándo aparece la sensación de saciedad, evitando seguir comiendo solo porque el alimento sigue disponible.

¿Cómo enseñar el snackeo consciente a los niños?

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La especialista explicó que el snackeo consciente puede practicarse a cualquier edad, siempre que los padres o cuidadores acompañen el proceso. El objetivo no es imponer reglas estrictas, sino convertir la merienda en un momento de atención y disfrute.

Estas son algunas estrategias sencillas para aplicarlo en casa:

  • Guardar las pantallas durante la merienda: apagar el televisor y dejar de lado celulares, tablets o videojuegos para que toda la atención esté en la comida.
  • Invitar a explorar los alimentos con los sentidos: preguntar al niño cómo huele, qué textura tiene, si es crujiente o suave, dulce o salado, antes y durante cada bocado.
  • Servir los snacks en un plato o recipiente: evitar que los niños coman directamente de la bolsa o caja ayuda a visualizar mejor la porción y controlar la cantidad consumida.
  • Involucrarlos en la elección y preparación de las meriendas: permitir que participen al escoger frutas, yogures u otras opciones saludables puede aumentar su interés por una alimentación equilibrada.
  • Respetar las señales de hambre y saciedad: enseñarles que no siempre es necesario terminar todo el plato si ya se sienten satisfechos, siempre bajo la orientación de los adultos.

De esta manera, el snack deja de ser un acto automático y se convierte en una oportunidad para que los niños desarrollen hábitos alimentarios que pueden mantenerse a lo largo de su vida.

¿Existe un horario ideal para comer snacks?

La nutricionista aclaró que no existe una hora única o estricta para consumir una merienda. Sin embargo, recomendó que los snacks formen parte de una alimentación balanceada y que incluyan alimentos nutritivos.

Primer plano de un frutero blanco con manzanas rojas y plátanos amarillos en una mesa de madera clara. Al fondo, un recipiente transparente con galletas y frutos secos.
Un frutero lleno de manzanas y plátanos se encuentra en una mesa de cocina, mientras que un recipiente con snacks menos visibles se halla en segundo plano, ilustrando la saliencia visual. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las frutas, por ejemplo, suelen ser una buena alternativa para las meriendas infantiles y pueden complementarse con otros alimentos saludables según las necesidades de cada niño.

La clave está en crear hábitos saludables

La especialista recordó que ningún alimento, por sí solo, determina una alimentación saludable o poco saludable. Lo importante es construir hábitos que permitan disfrutar la comida con atención, equilibrio y agradecimiento.

Reducir las distracciones durante las comidas, conversar en familia y dedicar unos minutos exclusivamente a alimentarse son acciones sencillas que pueden ayudar a que niños y adultos desarrollen una mejor relación con los alimentos y aprendan a escuchar las señales naturales de su cuerpo.

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