¿Qué es el fujimorismo y por qué sigue siendo una fuerza política con arrastre?

La corriente de derecha surgida en los años 90 conserva una base social leal y sigue condicionando la agenda nacional, en un escenario marcado por adhesiones intensas y rechazo persistente

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El fujimorismo surgió en Perú en los años 90 bajo el liderazgo de Alberto Fujimori y mantiene una base social leal.
(Europa Press)
El fujimorismo surgió en Perú en los años 90 bajo el liderazgo de Alberto Fujimori y mantiene una base social leal. (Europa Press)

El fujimorismo, movimiento político de derecha surgido en el Perú en los años 90 bajo el liderazgo de Alberto Fujimori, mantiene hasta hoy una base social leal y polariza el debate político nacional, sobre todo después de la virtual elección de Keiko Fujimori, con Fuerza Popular.

El fenómeno, que ha atravesado décadas de transformaciones en el escenario partidario peruano, continúa vigente con la figura de Keiko Fujimori, quien en 2026 alcanzó la presidencia en su cuarto intento.

El fujimorismo se consolidó en la década de 1990 a partir del gobierno de Alberto Fujimori, padre de Keiko. Este movimiento adoptó un perfil populista de derecha, con énfasis en políticas de libre mercado y apertura comercial. El enfoque pragmático y autoritario marcó la gobernabilidad de Alberto, cuya gestión enfrentó la hiperinflación y la crisis económica heredadas de los años 80.

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Keiko Fujimori es la mayor de los cuatro hijos del expresidente Alberto Fujimori y Susana Higuchi. (Foto: Difusión)
Keiko Fujimori es la mayor de los cuatro hijos del expresidente Alberto Fujimori y Susana Higuchi. (Foto: Difusión)

Una de las principales banderas del fujimorismo fue la lucha contra el terrorismo: bajo su mandato, el Estado atribuyó la derrota de grupos armados como Sendero Luminoso y el MRTA a operativos militares y políticas de seguridad de mano dura. Este legado se convirtió en uno de los pilares de la identidad fujimorista, especialmente entre sectores populares que asocian el fin de la violencia con la figura del expresidente.

El movimiento también construyó un vínculo directo con las bases a través de programas sociales y asistencia directa, lo que reforzó una relación clientelar y populista con amplios sectores de la sociedad.

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El quiebre institucional

El 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori protagonizó el conocido “Fujimorazo” o autogolpe de Estado, al disolver el Congreso e intervenir el Poder Judicial con el respaldo de las Fuerzas Armadas. Este hecho abrió paso a la Constitución de 1993, que permitió la reelección presidencial y centralizó el poder en el Ejecutivo. El giro autoritario de estas acciones dejó una marca indeleble en la historia política peruana y en la percepción pública sobre el fujimorismo.

La opositora peruana Keiko Fujimori fue transferida el miércoles a una prisión tras pasar la noche en una celda judicial, dejando en la orfandad a su monolítico partido, que acaba de sufrir su mayor revés electoral en dos décadas.
La opositora peruana Keiko Fujimori fue transferida el miércoles a una prisión tras pasar la noche en una celda judicial, dejando en la orfandad a su monolítico partido, que acaba de sufrir su mayor revés electoral en dos décadas.

El régimen cayó en el año 2000, tras denuncias de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Alberto Fujimori fue finalmente condenado en 2009 por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, así como por el secuestro de un periodista y un empresario. Estos casos, en los que murieron 25 personas a manos de un grupo militar encubierto, profundizaron la división en la sociedad peruana y alimentaron el surgimiento del antifujimorismo. Falleció en 2024.

La herencia polític

Tras la caída del régimen, el movimiento fujimorista se reorganizó y adoptó una estructura partidaria bajo el nombre de Fuerza Popular, liderada por Keiko Fujimori, hija del expresidente.

Desde entonces, el fujimorismo ha mantenido una base electoral sólida y una presencia constante en el Congreso, aun cuando enfrenta un rechazo persistente por parte de sectores que asocian su historia con el autoritarismo y los abusos del pasado.

En 2026, Keiko Fujimori se presentó por cuarta vez como candidata presidencial y consiguió la victoria, lo que consolidó el arraigo del movimiento. Su figura genera tanto adhesión como rechazo: para sus simpatizantes, representa la continuidad del legado de su fallecido padre, identificado con la pacificación y la recuperación económica; para sus detractores, revive el recuerdo de un liderazgo autoritario y de graves violaciones institucionales.

Una mujer de camisa blanca y pantalón azul se agacha para colocar flores en una lápida negra. Personas observan alrededor. Césped, árboles y cielo claro.
La imagen muestra a Keiko Fujimori depositando flores en la tumba de Alberto Fujimori, mientras otras personas permanecen de pie en el césped del cementerio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Factores del arraigo

El fujimorismo sigue contando con adeptos por razones múltiples. Los sectores populares reconocen en la gestión de Alberto Fujimori el fin de la crisis económica y del terrorismo. Además, la debilidad y el colapso de otros partidos políticos han permitido que el fujimorismo conserve un piso electoral constante, basado en redes de organización y apoyo que han sobrevivido a los cambios de coyuntura.

Expertos señalan que los “partidos ex autoritarios normalmente no tienen una mayoría, pero sí conservan cierto nivel de apoyo de sociedad que les sirve de piso electoral”. Añaden que el éxito relativo del fujimorismo se explica tanto por la caída del resto de las fuerzas políticas como por la disciplina y capacidad política de Keiko Fujimori: “No es muy carismática pero es disciplinada, trabaja, aprende y es una buena política”.

Polarización y futuro

La historia reciente del Perú muestra al fujimorismo como un actor central, capaz de movilizar a amplios sectores y provocar rechazo en igual medida. La polarización entre simpatizantes y detractores se refleja en cada proceso electoral y en el debate público. El apellido Fujimori se ha convertido en un símbolo que divide a la sociedad peruana y define la agenda política desde la década de 1990 hasta la actualidad.

El movimiento fujimorista, lejos de diluirse tras la condena y fallecimiento de su fundador en 2024, ha logrado reinventarse y mantener su influencia en el escenario nacional. Su permanencia responde tanto a la memoria de un pasado marcado por la crisis y la violencia, como a la ausencia de alternativas partidarias consolidadas. En los próximos días, Keiko Fujimori ahora será proclamada presidenta de la república del Perú.

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