
La investigación reciente sobre el perro sin pelo peruano, también conocido como viringo, en el Imperio Wari transforma el entendimiento tradicional de su relación con los humanos. Revela que estos animales tenían funciones complejas que iban más allá de la compañía. El análisis de restos óseos y material arqueológico encontrados en el Castillo de Huarmey, un sitio en la costa norte del Perú asociado a la élite Wari, demuestra que estos perros desempeñaban roles sociales, ideológicos y económicos. Esto indica una gestión animal sistemática y variada en la cultura preínca, según lo publicado en la Journal of Anthropological Archaeology.
El estudio se distingue de investigaciones previas por dos factores. Primero, se confirmó la presencia de tres individuos identificados provisionalmente como el perro sin pelo peruano. Segundo, los investigadores obtuvieron una datación por carbono 14 para estos restos que los ubica exactamente entre los años 688 y 870 d. C., el periodo más temprano del Horizonte Medio. Los autores del trabajo, Weronika Tomczyk, Miłosz Giersz, Wiesław Więckowski, Roberto Pimentel Nita y Claire E. Ebert, señalaron que estos perros se hallaron en contextos funerarios de alto rango. Entre los descubrimientos resalta el entierro de un cachorro junto a el Maestro Cestero en la Galería de los Artesanos de élite. Este patrón ayuda a comprender tanto la dependencia de los animales respecto de los humanos como la relación multi-especie, además de la atención de la administración Wari a los recursos ambientales de la región.
El perro sin pelo peruano estuvo presente tanto en la necrópolis como en el complejo ceremonial del Castillo de Huarmey. Cumplió roles como la caza, la vigilancia de rebaños y la integración en ceremonias funerarias reservadas a individuos de élite. La evidencia se encuentra en los restos óseos y en representaciones artísticas que refuerzan el significado simbólico del animal dentro de la cultura Wari.
Perros viringos en la sociedad Wari: crianza, trabajo y significado simbólico
Actualmente, el perro suele verse como “mascota”. Dentro de la cultura Wari —activa entre los años 600 y 1050 d. C. en la región central del actual Perú—, estos animales se integraron en diferentes esferas de la vida. El trabajo dirigido por Tomczyk y su equipo, publicado en la revista científica, muestra que los restos de perro sin pelo peruano hallados en Castillo de Huarmey tenían diversas funciones sociales. Estos canes pasaron de actuar como carroñeros oportunistas o auxiliares en el manejo de camélidos a ser criados con atención durante sus primeras etapas de vida.

El registro arqueológico exhibe varias prácticas. Muchos de estos perros, también llamados viringos, fueron enterrados junto a personas. Esta costumbre sugiere una función ritual y simbólica. El hallazgo de cachorros y adultos en entierros de personajes de élite muestra un vínculo que va más allá del uso material. El animal entró en el ámbito simbólico, donde posiblemente fue considerado un “animal personal” o psicopompo: un guía hacia el más allá.
Entre los descubrimientos resalta una vasija antropomorfa que representa un perro sin pelo peruano con un posible instrumento musical. Esta pieza es la única efigie doméstica animal identificada en el arte Wari, lo que subraya su significado simbólico único y su valor como parte del legado cultural peruano.
Los Wari desarrollaron sistemas avanzados de gestión animal
El Imperio Wari fue la primera gran entidad política panandina en los Andes centrales. Se organizó en torno a Ayacucho y se expandió por gran parte del Perú durante el Horizonte Medio. Su crecimiento facilitó la creación de centros administrativos sofisticados y la transformación del patrón de asentamientos previo.

El registro material indica que las élites priorizaban la transmisión de conocimientos religiosos y políticos sobre la información sobre la fauna. Sin embargo, la presencia de animales en depósitos y representaciones arqueológicas resulta clave para entender su papel social. En el caso del perro sin pelo peruano, su identificación parte de rasgos diagnósticos como la falta congénita de dientes mandibulares, evidencia de la mutación vinculada a la ausencia de pelaje. El estudio señala que la expansión del área Wari promovió sistemas de gestión animal avanzados. Las especies nativas, como el perro sin pelo peruano, se integraban en sociedad por su utilidad y su carácter simbólico.
Evidencias arqueológicas confirman el uso ritual y doméstico del perro sin pelo
La investigación muestra tres clases de evidencias sobre la presencia y función del perro sin pelo peruano en el Castillo de Huarmey. Primero, la vasija antropomorfa confirma la representación artística única de este can como símbolo doméstico en un espacio elitista. Segundo, se identificaron marcas de mordeduras caninas en 58 huesos de camélidos, que indican interacción alimentaria y ritual. Por último, los propios restos óseos aportan la prueba más directa: se hallaron un total de 341 huesos de perro, entre cachorros y adultos, muchos de ellos momificados natural o parcialmente debido al ambiente árido del desierto costero.

Entre los ejemplares más relevantes figura un cachorro de menos de cuatro meses de edad, asociado al Maestro Cestero en un entierro de artesanos de alto estatus. También se halló el esqueleto parcial de un adulto junto a la tumba de un adolescente del sector palaciego, y otro cachorro apareció junto a un guardián masculino en la entrada principal del mausoleo.
Dos depósitos en particular sobresalen en la Unidad 20: uno es un cráneo pequeño momificado y pintado con cinabrio, sin pelaje y con ausencia congénita de dientes; el otro, un macho adulto sin pelo, sepultado en una fosa poco profunda. Los análisis isotópicos y de carbono 14 comprueban la antigüedad de estos restos, ubicándolos entre los registros más antiguos del sitio.
Los estudios zooarqueológicos e isotópicos determinaron que estos perros formaban parte de las rutinas humanas. Algunos acompañaban a rebaños de camélidos; otros mostraban un comportamiento carroñero. Los perros sin pelo peruanos, en especial, recibían una crianza diferenciada y cuidado particular durante sus primeras etapas. La distribución y el tratamiento funerario de sus huesos evidencian la variedad de actitudes humanas hacia el animal, desde el aprovechamiento utilitario hasta su incorporación en rituales que marcaron momentos clave en la vida social y política Wari.
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