
El mercado laboral peruano durante 2025 mostró un comportamiento marcado por contrastes. Por un lado, el empleo formal continuó expandiéndose, impulsado principalmente por el sector privado y acompañado por un crecimiento más moderado pero sostenido en la planilla estatal. Por otro, la informalidad siguió siendo la condición predominante para la mayoría de los trabajadores, reflejando problemas estructurales que el crecimiento económico, por sí solo, no ha logrado resolver.
Este panorama mixto evidencia que, si bien la recuperación y el dinamismo de algunos sectores productivos permitieron la creación de miles de empleos con derechos laborales, el avance de la formalización sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del trabajo informal. El balance de 2025 deja cifras alentadoras en el ámbito formal, pero también confirma que la brecha entre ambos mundos continúa siendo uno de los principales desafíos económicos y sociales del país.
Expansión del empleo formal privado
A lo largo de 2025, el empleo formal en el sector privado mantuvo una trayectoria de crecimiento resiliente, consolidando una tendencia positiva que se arrastraba desde fines de 2023. Las cifras del Banco Central de Reserva del Perú muestran que el número de trabajadores en planilla electrónica aumentó de manera sostenida durante gran parte del año. En junio, el empleo formal total creció alrededor de 4,7% en comparación con el mismo mes del año anterior, lo que significó la creación de aproximadamente 272 mil nuevos puestos de trabajo formales en todo el país.
El principal motor de ese avance fue el sector privado, donde los empleos registrados se incrementaron cerca de 6,3% interanual. Actividades como servicios, agropecuario y comercio concentraron la mayor parte de las nuevas plazas, confirmando su rol clave en la absorción de mano de obra formal. A este crecimiento se sumó un desempeño sólido de la masa salarial real, que avanzó más de 6% en términos reales, reflejando no solo más empleo, sino también una mejora en los ingresos promedio de quienes ya estaban en planilla.
La tendencia positiva se mantuvo en los meses siguientes. En setiembre de 2025, el empleo formal total registró un crecimiento interanual cercano a 4,6%, mientras que el empleo formal privado avanzó alrededor de 5,9%. En términos absolutos, esto se tradujo en más de 276 mil nuevos puestos formales respecto a setiembre de 2024, nuevamente con el agro, los servicios y el comercio liderando el aumento.
Hacia octubre, los datos oficiales confirmaron la continuidad de esta dinámica. En ese mes, el empleo formal total creció 3,4% frente al mismo periodo del año previo, lo que implicó la creación de unos 212 mil empleos formales adicionales. Dentro de ese resultado, el empleo formal privado se expandió 4,2%, acumulando ya diecinueve meses consecutivos de crecimiento, un indicador relevante de estabilidad relativa en el mercado laboral formal peruano.

Factores económicos detrás del crecimiento formal
El avance del empleo formal privado en 2025 estuvo estrechamente ligado al desempeño de la economía en su conjunto. La recuperación de la demanda interna y el repunte de la inversión privada generaron un entorno más favorable para la contratación formal. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, al tercer trimestre del año el país alcanzó alrededor de 6,2 millones de empleos formales, lo que representó un incremento de 4,6% respecto al año anterior y una de las tasas de crecimiento más altas de los últimos años.
Este proceso también mostró señales de mayor inclusión. Datos del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo indican un aumento en la participación de mujeres y jóvenes dentro del empleo formal, lo que sugiere que la expansión no se concentró únicamente en segmentos tradicionales del mercado laboral. En términos etarios, tanto los menores de 30 años como los trabajadores de mayor edad registraron incrementos apreciables en sus niveles de empleo formal, aunque con ritmos diferenciados a lo largo del año.
En conjunto, el desempeño del sector privado durante 2025 confirmó su papel central como generador de empleo formal, contribuyendo no solo a mejorar las condiciones laborales de miles de trabajadores, sino también a fortalecer la base contributiva del sistema de seguridad social y la estabilidad macroeconómica.
Evolución del empleo formal en el sector público
A diferencia del dinamismo observado en el ámbito privado, el empleo formal en el sector público creció a un ritmo más moderado durante 2025, aunque mantuvo una tendencia claramente positiva. Según cifras del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, en enero de 2025 había alrededor de 1.492.417 trabajadores registrados en la planilla electrónica del Estado, lo que representó un aumento aproximado de 1,7% respecto al mismo mes del año anterior.
Este crecimiento, aunque menos acelerado, resulta significativo debido al peso que tiene el sector público dentro del total de trabajadores formales del país. En ese mismo periodo, el empleo formal total sumaba 5.748.360 puestos, con el sector privado concentrando la mayor parte de la expansión, pero con el empleo estatal aportando estabilidad al conjunto del mercado laboral.
La evolución más pausada del empleo público responde en gran medida a su propia naturaleza. Las contrataciones en la administración estatal suelen estar vinculadas a procesos formales, concursos con plazas definidas y ciclos presupuestarios, lo que limita la velocidad de expansión en comparación con la dinámica del sector privado. Aun así, las cifras disponibles confirman que la planilla estatal siguió creciendo de manera gradual a lo largo del año.

Estabilidad y rol del Estado como empleador
Más allá de los porcentajes, el empleo público cumple un rol clave en áreas estratégicas como educación, salud y administración pública, donde la estabilidad laboral es fundamental para garantizar la continuidad de los servicios. Durante 2025, diversas proyecciones y anuncios oficiales señalaron la intención de reforzar las plantillas estatales mediante convocatorias que contemplaban decenas de miles de plazas, tanto para nuevos ingresos como para procesos de promoción interna.
Si bien estos procesos no siempre se traducen de inmediato en incrementos visibles de la planilla, reflejan una estrategia orientada a sostener el empleo formal público como un componente esencial del mercado laboral. La estabilidad y los beneficios asociados a la formalidad, como el acceso a seguros y aportes pensionarios, continúan haciendo del empleo estatal una opción atractiva para muchos profesionales.
En términos generales, el desempeño del sector público durante 2025 mostró una consolidación progresiva del empleo formal, aportando previsibilidad en un contexto económico marcado por la recuperación y el crecimiento del empleo privado.
Persistencia de la informalidad laboral
Pese a los avances en el empleo formal, la informalidad siguió dominando el mercado laboral peruano en 2025. De acuerdo con la Encuesta Permanente de Empleo Nacional del INEI, durante el periodo abril 2024–marzo 2025 alrededor del 70,7% de los ocupados trabajaba en condiciones informales, mientras solo 29,3% contaba con un empleo formal con derechos y protección social.
Esta realidad implica que siete de cada 10 trabajadores carecen de beneficios como seguro de salud, aportes previsionales y estabilidad contractual. La magnitud del problema revela que el crecimiento económico y la creación de empleo no siempre se traducen en mejores condiciones laborales para la mayoría de la población.
La informalidad presenta además fuertes disparidades territoriales. En las zonas rurales, la proporción de empleo informal supera el 94%, mientras que en las áreas urbanas se sitúa alrededor de 65,1%. Estas diferencias reflejan las brechas estructurales entre regiones y el limitado acceso a oportunidades formales en amplias zonas del país.

Brechas por edad, género y región
El trabajo informal afecta con especial intensidad a ciertos grupos. Entre los jóvenes de 14 a 24 años, más del 85% se desempeña en empleos no formalizados, lo que profundiza una brecha generacional en el acceso a oportunidades estables. Asimismo, informes recientes muestran que las mujeres presentan una mayor probabilidad de encontrarse en condiciones laborales precarias, con menores ingresos y menos protección social.
Las diferencias regionales también son marcadas. Ciudades como Juliaca, Pucallpa y Ayacucho registran tasas de informalidad que superan ampliamente el promedio nacional, mientras que Lima Metropolitana y regiones con mayor dinamismo económico muestran niveles algo menores, aunque todavía elevados en comparación con otros países de la región.
Si bien algunos indicadores sugieren una ligera reducción de la informalidad respecto a años previos, pasando de niveles cercanos al 72% a cifras algo menores, el descenso es lento. Las metas de reducir la informalidad al 50% siguen siendo un objetivo lejano sin reformas profundas y sostenidas.
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