El contenido, pensado como una guía de buenos modales, terminó convirtiéndose en un fenómeno viral por una razón distinta a la prevista. Los usuarios no se enfocaron solo en los consejos, sino que llevaron la conversación hacia la sátira, el humor popular y la ironía cotidiana.
La escena, lejos de incomodar a la audiencia, generó una avalancha de reacciones que mezclaron costumbrismo, bromas de barrio y una lectura crítica sobre las diferencias sociales alrededor de una bebida profundamente arraigada en las celebraciones peruanas.
El video que buscaba enseñar modales

En la grabación difundida en redes, Maritere Braschi aborda un ritual común en diciembre: el momento de servir y beber el chocolate caliente. Con tono didáctico, explica que no se debe soplar la bebida para enfriarla, tampoco dejar la cucharita dentro de la taza ni probar el líquido con ella antes de beber. Según señala, el chocolate no se sorbe, se bebe, y la clave para no quemarse es la paciencia.
“La gente se desespera”, comenta en el video. “No se trata de quemarse la boca ni la lengua. Lo que hay que hacer es esperar un tiempo prudencial, conversar, dejar que baje la temperatura y recién disfrutarlo”. La periodista plantea así una conducta pausada, asociada a normas clásicas de etiqueta, aplicada a una costumbre profundamente popular.
El mensaje, lejos de pasar desapercibido, captó la atención inmediata de miles de usuarios. La propuesta de trasladar reglas formales a una escena tan cotidiana generó identificación en algunos y, en otros, el impulso inmediato de responder desde el humor.
Las redes convierten la etiqueta en sátira

La publicación se llenó rápidamente de comentarios que desviaron el eje del mensaje original. Muchos usuarios optaron por la burla directa, imaginando situaciones extremas o contraponiendo la recomendación con experiencias reales. Uno de los mensajes más compartidos ironizó sobre la imposibilidad de aplicar esos modales en ciertos contextos urbanos y populares.
Otros llevaron la escena a un plano casi surrealista. Hubo quien contó que siguió el consejo de dejar enfriar el chocolate y, al regresar a la taza, encontró insectos flotando, cerrando su comentario con un irónico “¿qué procede?”. También aparecieron comparaciones con la venta ambulante, donde el chocolate se sirve en vasos descartables que obligan a beber rápido antes de que el calor los deforme.
La creatividad colectiva transformó la publicación en un espacio de humor compartido. Las respuestas no solo apuntaron a la figura de Braschi, sino que retrataron, con ironía, la diversidad de formas en que se vive la Navidad y sus tradiciones en distintos entornos sociales.
Burla, clase y costumbre popular

El episodio puso sobre la mesa un tema recurrente en redes: el choque entre discursos asociados a la etiqueta y prácticas arraigadas en la vida cotidiana. El chocolate navideño, más allá de su preparación, está vinculado a reuniones familiares, chocolatadas barriales, campañas solidarias y celebraciones comunitarias donde las reglas formales rara vez tienen lugar.
En ese contexto, varios comentarios interpretaron el video como una lección desconectada de la realidad diaria de muchos peruanos. De ahí surgieron frases que mezclaron humor y crítica social, contraponiendo la “taza correcta” con el vaso de plástico, la conversación pausada con el apuro del reparto, o la delicadeza con el empujón típico de las filas navideñas.
Sin embargo, no todas las reacciones fueron negativas. Algunos usuarios defendieron el mensaje y destacaron el valor educativo de las recomendaciones. Para ellos, los consejos no eran motivo de burla, sino una invitación a mejorar hábitos y comportamientos cotidianos. Esa división de opiniones amplificó aún más la conversación y mantuvo el video en circulación durante varios días.
De periodista a personaje viral

Maritere Braschi, conocida durante años por su presencia en noticieros y programas informativos, ha construido en redes una faceta distinta, más cercana al comentario social y al estilo de vida. Su incursión como influencer ha incluido reflexiones sobre modales, comportamiento público y normas de convivencia.
El caso del chocolate navideño confirma un fenómeno frecuente en plataformas digitales: contenidos pensados como instructivos pueden transformarse en piezas de entretenimiento colectivo, donde el público redefine el sentido original. En este caso, la figura de Braschi pasó de maestra de etiqueta a protagonista involuntaria de un troleo masivo que, lejos de apagar el interés, multiplicó el alcance del mensaje.
La escena deja ver cómo las redes funcionan como un espacio donde la audiencia no solo consume contenidos, sino que los reescribe, los ironiza y los adapta a su propio lenguaje. El chocolate siguió siendo el protagonista, pero no como bebida elegante, sino como símbolo de una Navidad diversa, ruidosa y profundamente popular, donde la risa también forma parte de la celebración.
Más Noticias
Ignacio Buse no pudo con Alejandro Tabilo y quedó fuera del ATP 500 de Río de Janeiro
Pese al inmenso esfuerzo, ‘Nacho’ se despidió en semifinales del torneo brasileño tras una intensa batalla en campo de arcilla ante el chileno

Balacera en San Miguel: asesinan a hombre dentro de vehículo tras persecución en la avenida La Libertad
La víctima fue hallada sin vida en la cuadra 23 de la calle Libertad, tras recibir varios disparos. Agentes de la Policía Nacional y peritos de Criminalística investigan el caso y analizan cámaras de seguridad

Desaprobación del presidente Balcázar supera el 60 % solo tres días después de asumir el cargo
Encuesta de IPSOS indica que el 81% de los consultados considera que la situación nacional no mejorará bajo el liderazgo de Balcázar

Murió Willie Colón: Susana Baca y Tony Succar se despiden del salsero
Los artistas peruanos se pronunciaron ante la partida del reconocido salsero y recordaron algunos destacados momentos de su carrera

Nueva Carretera Central: vecinos de Cieneguilla demandan nuevo trazo por riesgos ambientales y arqueológicos
El área que podría verse afectada por el proyecto, en palabras de los vecinos, constituye uno de los últimos refugios ecológicos de la capital peruana

