
El azúcar es un ingrediente común y frecuente en la mesa occidental. Aunque su consumo se remonta a hace más de 2500 años atrás, recién en las últimas tres décadas y debido al aumento en el número de casos de obesidad, los profesionales sanitarios hemos empezado a revisar los efectos negativos de su consumo excesivo sobre la salud.
En principio, es necesario precisar que la palabra “azúcar” es, en realidad, un término genérico que agrupa a diferentes moléculas que proporcionan dulzor y calorías. El azúcar, de mesa, blanco, o rubio, industrial y refinado utilizado para endulzar bebidas, postres y cualquier otro plato es la más ampliamente conocida, no obstante, no es la única. Además de la sacarosa (azúcar de mesa), también encontramos a la fructosa (presente en frutas), la glucosa (en la miel), la lactosa (en la leche). Cada una de ellas presenta un efecto diferente sobre la salud. Este dependerá de la forma en que la consumimos y la cantidad.

El primer impacto: nuestra salud bucal
Las caries dentales siguen siendo uno de los problemas de salud oral más comunes en el mundo, y la sacarosa —el azúcar refinado que usamos a diario— es la principal responsable. Las bacterias presentes en la boca utilizan es tipo de azúcar para crear un entorno ácido que daña el esmalte dental y genera las condiciones para desarrollar caries. A esto se le llama “efecto cariogénico”. La glucosa -el azúcar de la miel- tiene el mismo efecto que la sacarosa. Por el contrario, la lactosa —azúcar propia de la leche— presenta un riesgo mínimo y, gracias a que la encontramos en la leche, podría incluso ejercer un efecto beneficioso.

Microbiota intestinal: el equilibrio invisible
Nuestro intestino alberga billones de bacterias, beneficiosas y dañinas. Las bacterias beneficiosas cumplen funciones esenciales en la digestión, la inmunidad y la salud mental. Estas, no solo deben ser más abundantes que las dañinas, también deben mantener ciertas proporciones entre ellas. Cuando este equilibrio se altera, aparece la disbiosis, una condición vinculada con enfermedades como la obesidad, la diabetes, trastornos digestivos, conductuales y cardiovasculares. Un alto consumo de sacarosa y glucosa puede generar una disbiosis de diferentes grados de intensidad. En cambio, la lactosa, si se tolera bien, puede funcionar como prebiótico, ayudando a reponer el equilibrio normal que debe existir entre las bacterias “buenas”.

Energía y metabolismo: cuando el exceso pasa factura
El azúcar es una fuente rápida de energía. El problema comienza cuando el consumo supera lo que el cuerpo necesita. Este exceso se traduce en un balance energético positivo que promoverá la ganancia de grasa corporal y esta ganancia, a su vez, generará resistencia a la insulina y un estado inflamatorio que abre la puerta a enfermedades como la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos. Este efecto no solo es consecuencia del consumo excesivo de sacarosa, también puede ser consecuencia del consumo excesivo glucosa -presente en la miel de abeja o la panela-.

Azúcar y cáncer: una relación preocupante
Aunque no podemos afirmar que el azúcar “cause” cáncer directamente, las evidencias científicas sí muestran una relación entre el consumo excesivo de sacarosa y un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, como el de mama o colorrectal. Además, en pacientes con cáncer ya diagnosticado, una dieta alta en azúcar puede empeorar el pronóstico, favoreciendo un entorno inflamatorio y metabólicamente alterado que dificulta la recuperación.
En conclusión, no todos los azúcares tienen el mismo impacto sobre la salud. La sacarosa y la glucosa son potencialmente dañinas si son consumidas en exceso, por eso, su uso debería ser reducido o nulo. La lactosa, consumida a través de la leche, genera un efecto beneficioso cuando forma parte de una dieta balanceada. De preferencia a frutas enteras y con cáscara, cuando sea posible. La fibra presente en la fruta ayuda a regular la utilización del azúcar de las frutas. Si va a consumir alimentos procesados, lea la etiqueta. Identifique la sección “azúcar añadido” porque esta frase hace referencia a la adición de sacarosa y otras azúcares.

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