
El edificio Giacoletti, ubicado en el Cercado de Lima, fue declarado oficialmente Patrimonio Cultural de la Nación mediante resolución viceministerial del 7 de agosto de 2025. La medida reconoce la importancia del inmueble, que se encuentra frente a la Plaza San Martín y a lo largo de calles emblemáticas como Nicolás de Piérola, Jr. de la Unión y Calle Quilca. Esta declaratoria busca garantizar la conservación de uno de los referentes más significativos de la arquitectura limeña de comienzos del siglo XX.
La edificación destaca no solo por su diseño arquitectónico, que marca la transición de la casa virreinal a un esquema urbano más moderno, sino también por su valor social. A lo largo de su historia, diversos negocios e instituciones ocuparon el edificio, consolidando su presencia en la memoria colectiva de la ciudad. La declaratoria implica que cualquier intervención deberá contar con autorización y supervisión del Ministerio de Cultura.
Historia y origen
El edificio Giacoletti fue concebido por los hermanos italianos Rinaldo, Antonio y Guido Maspero, quienes adaptaron el apellido a “Masperi” en su empresa, probablemente por motivos de eufonía. La construcción se realizó bajo el auspicio del comerciante limeño Juan Romano en los terrenos destinados a nuevas edificaciones que rodearían la futura Plaza San Martín.

El inmueble posee planta triangular y cuatro pisos, con un estilo academicista que incorporaba elementos de Art Nouveau italiano. Para su levantamiento se utilizaron adobe y quincha, y los niveles interiores estaban comunicados mediante una escalera de mármol europeo. Al ser el primer edificio construido alrededor de la plaza, sirvió de referencia para la altura y estilo de edificaciones posteriores, como el Hotel Bolívar, el Teatro Colón y el Club Nacional. Originalmente se llamaba Edificio Juan Romano, pero su nombre popular cambió a Giacoletti debido a la cafetería italiana de Pedro Giacoletti que ocupaba el primer piso.
En la década de 1940, se retiró la ornamentación Art Nouveau, simplificando la decoración y convirtiendo la estructura en un edificio neocolonial. Durante más de un siglo, albergó bares, restaurantes y comercios. En los años 70, la pollería El Cortijo ocupó parte del inmueble, seguido por Parrilladas San Martín, aunque estos negocios terminaron por cerrar debido a crisis económicas.
Daños y situación actual

El 27 de octubre de 2018, un incendio afectó gravemente el edificio. El fuego, que duró tres horas, habría iniciado en el ducto de la chimenea de la pollería Roky’s, ubicada en el primer nivel, y se expandió rápidamente hacia los pisos superiores. Además, el inmueble alojaba un hostal, lo que incrementó el riesgo y los daños materiales.
Dos años después, en octubre de 2020, el edificio permanecía en estado ruinoso. La demolición o reconstrucción no se concretó debido a trabas burocráticas y problemas financieros. Actualmente, solo se conserva la fachada exterior, lo que resalta la necesidad de la declaratoria de Patrimonio Cultural para asegurar la protección de su valor histórico y arquitectónico.
Valor histórico, arquitectónico y social
El valor histórico del edificio radica en su condición de testimonio de la evolución urbana de Lima en las primeras décadas del siglo XX. Representa la introducción de nuevos tipos de espacios y escalas urbanas que transformaron la vida de la ciudad y reflejan la influencia de arquitectos italianos y limeños.

En el plano arquitectónico, el inmueble documenta la transición de la tipología de la casa virreinal a un esquema más moderno, sin zaguán ni patio, y con interiores más cerrados. Su fachada y diseño original sirvieron como referencia para otras construcciones alrededor de la Plaza San Martín.
En cuanto al valor social, la edificación forma parte de la memoria colectiva de los limeños, debido a los comercios y establecimientos que funcionaron en ella a lo largo del siglo XX. La declaratoria busca mantener ese vínculo y garantizar que futuras intervenciones respeten la identidad cultural del edificio.
Declaratoria y medidas de protección
El Ministerio de Cultura estableció que cualquier obra o intervención deberá contar con autorización y supervisión de la entidad, sin perjuicio de las competencias de otros organismos públicos o gobiernos locales. La resolución obliga a inscribir el edificio en la Oficina Registral de Lima, consolidando oficialmente su condición de monumento nacional.
La medida cubre los predios ubicados en Av. Nicolás de Piérola Nº 882-890, Jr. de la Unión Nº 998, Calle Quilca Nº 108 y Av. Nicolás de Piérola Nº 864-870-876, Jr. Quilca Nº 112-120-124, incluyendo todas las unidades que forman parte del conjunto arquitectónico. La solicitud del procedimiento fue realizada por PROLIMA, perteneciente a la Municipalidad Metropolitana de Lima, propietaria del inmueble.
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