
En el Perú, más de 12 millones de personas trabajan sin acceso a beneficios sociales ni aportes a la seguridad social. Entre ellas, hay agricultores, conductores, vendedoras ambulantes, técnicos independientes y también influencers. Todos ellos forman parte de los nuevos perfiles del trabajo informal identificados por el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) a través de una clasificación oficial que reconoce quince grupos distintos según su condición laboral.
La publicación, denominada “Tipologías de la informalidad laboral”, busca ofrecer una radiografía más precisa del fenómeno y sentar las bases para intervenciones más efectivas. El objetivo del MTPE es dejar atrás una visión homogénea de la informalidad y comenzar a atender las particularidades de cada grupo, desde su contexto productivo hasta sus brechas de acceso al empleo formal.

La clasificación se basa en variables como el nivel educativo, la ocupación, el grado de formalidad de la unidad productiva, la normativa aplicable y el nivel de asociatividad. De ahí se desprende la división entre trabajadores informales dependientes (sietes grupos) y autoempleados (ocho grupos), que juntos representan una parte significativa de la fuerza laboral del país.
Autoempleo, principal característica de la informalidad
Según los datos del Registro de Trabajadores en la Informalidad, el 44,7% de personas que laboran en condiciones informales lo hacen de manera independiente. Este segmento incluye a más de 5.5 millones de personas que generan sus propios ingresos pero operan fuera del sistema de protección laboral.
La mayoría se concentra en actividades agropecuarias, con más de 2.5 millones de personas —principalmente hombres con educación básica— dedicadas a la agricultura y ganadería en zonas rurales. Le siguen quienes ofrecen servicios personales, como peluqueras, masajistas o cuidadoras, donde el 80% son mujeres con formación básica.

Otro grupo creciente es el de quienes brindan servicios especializados, entre ellos técnicos en mecánica, contadores, enfermeras técnicas, artistas y creadores de contenido digital. Aquí predomina el perfil masculino con educación superior, y destaca la presencia de influencers que monetizan su actividad en redes sociales.
También figuran los vendedores en puestos fijos, los trabajadores de oficios vinculados a la construcción y reparación, transportistas, comerciantes móviles, ambulantes y personas que participan en actividades extractivas.
Empleados de la informalidad
En el ámbito del trabajo informal dependiente, el MTPE distingue entre quienes operan en unidades productivas del sector formal y quienes lo hacen en espacios informales. En el primer grupo, se identifican más de dos millones de trabajadores contratados por emprendimientos aún no formalizados, así como empleados en empresas en desarrollo, en crecimiento o incluso consolidadas que no cumplen con sus obligaciones laborales.

En el otro extremo están quienes laboran en unidades familiares informales, en el sector construcción —con más de 400 mil trabajadores en esta situación— y en actividades extractivas como la minería artesanal, donde se agrupan más de un millón 600 mil personas.
Para el titular del MTPE, Daniel Maurate Romero, esta segmentación permitirá trazar estrategias específicas que reconozcan las necesidades reales de cada perfil.
“Un agricultor familiar no enfrenta los mismos desafíos que un técnico independiente o un conductor informal. Cada caso requiere una respuesta diferente”, señaló Daniel Maurate Romero.
MTPE lanza plataforma digital para formalizar a trabajadores independientes
Como parte del proceso de implementación de estas tipologías, el Ministerio de Trabajo anunció el desarrollo de una plataforma digital orientada a conectar la oferta de bienes y servicios de los autoempleados con la demanda ciudadana. Esta herramienta digital servirá para dar visibilidad a quienes hoy no cuentan con canales formales de promoción, y representa un primer paso hacia la inclusión productiva.
Asimismo, el MTPE prevé utilizar esta clasificación como insumo clave para el diseño y evaluación de políticas públicas en otros sectores del Estado. El enfoque apunta a una articulación multisectorial con áreas como salud, educación, agricultura, producción y vivienda, así como con gobiernos regionales y locales.
Esta estrategia se enmarca en la Recomendación 204 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que promueve una transición ordenada y progresiva de la economía informal hacia la formalidad. En esa línea, Ítalo Cardona, director de la Oficina de la OIT para los Países Andinos, consideró que el Perú ha dado un paso importante. Calificó la iniciativa como un “hito” y aseguró que otros países de la región siguen con atención su evolución.
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