Cuando la inestabilidad política y económica golpeó con fuerza a muchas familias peruanas, Leonardo Gil Zitoune no fue la excepción. Su pequeño negocio vinculado a la construcción se vino abajo durante el gobierno de Pedro Castillo, dejándolo sin ingresos y con cuentas por pagar. En medio de ese escenario, en lugar de rendirse, encontró una salida tan inesperada como irreverente: vender tortas deformes hechas en casa.
La idea nació en su entorno más íntimo como una broma: ¿qué pasaría si ofrecían pasteles “feos”? En lugar de tortas perfectas, querían crear postres caricaturescos, grotescos y ridículos. Lo que parecía una ocurrencia sin futuro explotó en redes sociales y lo llevó a fundar Grotesca Pastelería, un proyecto que hoy suma más de 115 mil seguidores y que ya traspasó las fronteras del país.
Una crisis que impulsó la creatividad
Leonardo tenía experiencia como contratista en el rubro de la construcción, pero jamás había preparado una torta en su vida. Sin embargo, el cierre de su negocio lo obligó a mirar otras posibilidades. Con el apoyo de su madre y su hermana, decidió experimentar en la cocina, sin recetas sofisticadas ni herramientas profesionales.
El 19 de abril de 2024 lanzó oficialmente la marca Grotesca Pastelería. Según el portal Infomercado, en lugar de apostar por lo tradicional, se enfocó en el absurdo: pasteles con rostros distorsionados, ojos saltones y sonrisas grotescas. El humor fue el ingrediente principal de cada pieza. Su primer video, en el que mostraba una torta con formas monstruosas, superó las 300 mil vistas en pocas horas y generó su primer pedido ese mismo día.
Con solo un depósito inicial y sin horno propio, lograron atender el encargo. A partir de allí, todo se volvió una carrera por mantenerse a la altura de la demanda. A falta de experiencia culinaria, el equipo apostó por lo visual y por una estética que combinaba lo oscuro con lo sarcástico.
Una marca con identidad y sentido del humor
Las cajas de entrega fueron diseñadas como parte esencial de la experiencia. En ellas no solo va el pastel, sino también una fotografía del retrato original que lo inspiró, un certificado de autenticidad y una nota cómica. Todo esto consolidó el carácter irreverente de la marca.

El concepto de “torta fea” fue evolucionando. Lo que al inicio eran formas sin sentido se convirtió en caricaturas personalizadas, donde los clientes pedían retratos deformados de sus amigos, parejas o familiares. La idea dejó de ser solo divertida y comenzó a ser demandada por quienes querían regalar algo diferente.
Un inversionista que conoció el proyecto gracias a su viralidad en redes sociales decidió apoyar a Leonardo y su familia. Gracias a ello, compraron su primer horno y refrigeradora. Ese impulso permitió profesionalizar parte de la producción y abrir un pequeño local. El objetivo: mantener la esencia del humor y la autenticidad, sin perder el toque artesanal que los hizo populares.
De Lima a Colombia sin pasar por provincias
A pesar de que aún no cuentan con presencia en ciudades como Arequipa o Cusco, el emprendimiento dio el salto internacional antes de consolidarse a nivel nacional. Grotesca Pastelería abrió su primer punto de venta fuera del país en Colombia, gracias a conversaciones iniciadas con posibles socios que se interesaron en su propuesta fuera de lo común.

Actualmente, la marca recibe hasta 40 pedidos diarios. En sus inicios apenas alcanzaban las 60 tortas al mes. Hoy, el crecimiento mensual de la empresa oscila entre el 15 % y el 30 %, lo que demuestra la solidez del modelo. Además de los planes de expansión en Perú, han recibido solicitudes desde México, Chile, Argentina, España e incluso Florida, en Estados Unidos.
La viralización en redes continúa siendo su mayor motor. Cada video publicado genera cientos de interacciones y solicitudes. Aunque el modelo de negocio se basa en el humor, detrás hay una estrategia sólida de identidad visual, manejo de redes y un producto que se diferencia del resto por su osadía estética.
Del absurdo a la internacionalización
Leonardo Gil no necesitó estudios en gastronomía ni una gran inversión inicial. Su historia demuestra cómo una idea provocadora, bien narrada y con un enfoque original puede abrirse camino incluso en medio de una crisis. Hoy, Grotesca Pastelería representa un fenómeno que mezcla ironía, arte pop y emprendimiento.
Las tortas no buscan parecer deliciosas a primera vista, sino provocar risa, incomodidad o sorpresa. En ese contraste radica su atractivo. Esa ha sido la fórmula para conectar con un público joven y digital, dispuesto a romper con lo tradicional.
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