
Los recientes robos cometidos por un sujeto con chaleco naranja a bordo de una moto en distintos puntos de Lima, cuya difusión en redes sociales generó gran alarma, revelaron un problema que va más allá de la inseguridad. Estos hechos, grabados por cámaras de vigilancia y viralizados en cuestión de horas, ponen en duda la efectividad de la medida que exige a los motociclistas portar chalecos con el número de placa. Una regulación pensada para identificar a delincuentes sobre dos ruedas, pero que podría terminar involucrando a inocentes en situaciones graves.
Ese fue el caso de Aldo Salas, un joven que quedó en medio de esta confusa trama. En los videos difundidos se observaba una motocicleta usada para arrebatar pertenencias a transeúntes, incluyendo a una madre a la que le quitaron su celular de manera violenta. La moto involucrada tenía una placa que coincidía con la de la moto que Salas vendió hace unos días a un ciudadano extranjero. De inmediato, los dedos acusadores apuntaron hacia él.
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Salas vendió su vehículo de forma legal, entregando todos los documentos requeridos, como el SOAT y la revisión técnica. Sin embargo, el proceso de transferencia ante SUNARP aún no se completa, por lo que la moto sigue figurando a su nombre. A pesar de ello, fue objeto de una ola de insultos y amenazas.
“Me empezaron a caer un montón de mensajes amenazantes indicándome como el autor de los robos de celulares”, relató al noticiero Buenos Días Perú. La situación se tornó aún más grave cuando se difundieron sus datos personales por grupos de WhatsApp. “Se ha estado pasando mi información personal tanto como mi C4, mi DNI y hasta ayer en la noche me he dado cuenta que también ha estado pasando el número de mi mamá, que eso realmente me indignó”, agregó.
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Los agresores no se detuvieron ahí. “También mi árbol genealógico con mi familia. Toda la información de mi familia y eso me ha estado molestando mucho, la verdad”, expresó visiblemente afectado.
Una placa clonada y dos víctimas
Cuando surgió la posibilidad de que la moto utilizada en los robos fuera la que había vendido, Salas contactó al nuevo dueño, quien confirmó que seguía teniendo la motocicleta en su poder. El ciudadano extranjero, nuevo propietario, también se mostró preocupado por el daño colateral que podría sufrir una vez que la placa esté legalmente a su nombre.

“La gente quiere justicia y están buscando como sea a un culpable. En este caso lamentablemente la placa ha sido clonada”, explicó Salas. Luego añadió que, al analizar los videos, notó diferencias entre su antigua moto y la usada en los robos: “La moto que roba tiene un marco negro y posiblemente le han puesto otra placa por encima y la han aplastado para cubrir la real. La que yo vendí es una 401, mucho más potente, y la que aparece en el video parece una 250”.
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Ambos —tanto el vendedor como el comprador— quedaron expuestos a detenciones o acusaciones solo por el uso fraudulento de una placa duplicada. “Ese también es el nuevo temor del nuevo propietario, que ni bien figure su nombre, va a estar preocupado en cualquier operativo”, dijo Salas, quien aseguró que el ciudadano extranjero actuó con total legalidad en la compra y no tiene ninguna relación con los asaltos al paso.
Sin respaldo policial
A pesar de que la amenaza crecía, ninguna autoridad se comunicó con él directamente. “La policía no se ha comunicado conmigo. Sí, me han escrito un par de usuarios que, bueno, por sus fotos me imagino que son policías, pero más que todo para hacer un descargo de que quieren un nombre, quieren un culpable”, relató.
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Salas intentó adelantarse a cualquier malentendido. Se acercó a la comisaría de Pamplona para consultar si existía alguna denuncia relacionada con él o con la placa, pero se encontró con un obstáculo burocrático: “La persona que me atendió me dijo que esa consulta solo se realiza de lunes a sábado. El día que yo me acerqué era domingo”.
Para los expertos en seguridad, lo que se planteó como una herramienta para identificar a delincuentes —el uso obligatorio del número de placas en chalecos— termina evidenciando sus fallas cuando los delincuentes simplemente clonan las placas de motos legales. Mientras tanto, ciudadanos como Salas y el nuevo dueño de la moto quedan expuestos a ser blanco de acusaciones injustas, amenazas y linchamientos digitales. “La delincuencia se adapta, pero la regulación parece estar un paso atrás”, reflexionaron.
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