
En el Perú, el consumo de proteína está por debajo de los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sugiere un mínimo de 0.8 gramos por kilo de peso corporal al día para mantener las funciones vitales. Sin embargo, según una encuesta de Ipsos, los peruanos consumen proteína animal apenas 4.3 días a la semana y proteína vegetal solo 3.9 días. La situación preocupa a especialistas en salud pública.
“Las proteínas son esenciales para casi todos los procesos del cuerpo humano. Desde la reparación de tejidos hasta la producción de hormonas y anticuerpos”, explicó a Infobae la nutricionista Susan Gonzales, decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma del Perú. La experta fue consultada sobre las implicancias de esta deficiencia nutricional que ya está dejando huella en varios sectores de la población.
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¿Qué pasa si no consumimos suficiente proteína?
La proteína no solo está relacionada con el crecimiento muscular. También interviene en funciones estructurales, enzimáticas, hormonales y de defensa. “Es vital para la regeneración de tejidos, el desarrollo de los niños y el mantenimiento de la masa muscular en adultos y adultos mayores”, sostuvo Gonzales.
Entre los signos visibles de una deficiencia proteica se encuentran la pérdida de masa muscular, fatiga constante, edemas, uñas frágiles, cabello débil y mayor vulnerabilidad a infecciones. Según Gonzales, también puede observarse cicatrización lenta y piel seca o escamosa.

Las consecuencias, sin embargo, van mucho más allá de lo estético o puntual. La especialista advirtió que esta deficiencia tiene un impacto profundo en todas las etapas de la vida. “En los niños puede causar retraso en el crecimiento, bajo desarrollo cognitivo y mayor vulnerabilidad a enfermedades. En adultos, menor productividad laboral, alteraciones hormonales y debilidad general. Y en adultos mayores, sarcopenia, pérdida de autonomía y riesgo de caídas”, explicó.
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Una brecha que crece en zonas vulnerables
La experta confirmó que en varias regiones del país ya se están viendo efectos concretos de esta carencia. “Hay un aumento de desnutrición crónica infantil en regiones andinas y amazónicas, así como preocupación por la sarcopenia en adultos mayores. También se reportan casos de anemia y bajo peso corporal en comunidades rurales”, señaló.
El problema no es exclusivamente económico, aunque el precio de las proteínas animales suele ser una barrera importante. Gonzales señala que hay otros factores detrás: “La falta de educación nutricional, mitos culturales como que ‘la carne es solo para ocasiones especiales’, la preferencia por carbohidratos por su bajo costo, problemas en la distribución de alimentos en zonas rurales y el aumento del consumo de ultraprocesados con baja calidad nutricional”.
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La población más expuesta, según la especialista, incluye a niños menores de 5 años, mujeres embarazadas o lactantes, adultos mayores, comunidades indígenas y familias de bajos recursos en zonas urbanas marginales.
Opciones accesibles para mejorar la dieta
La buena noticia es que existen alternativas locales, económicas y ricas en proteínas. Gonzales recomienda incluir más menestras como lentejas, frejoles o pallares; así como quinua, kiwicha, soya, maní y harinas de cañihua o tarwi.

Para mejorar la calidad proteica, una estrategia efectiva es combinar cereales con leguminosas. “Un plato de arroz con lentejas, papa con queso o quinua con leche son ejemplos de combinaciones tradicionales que elevan el valor nutricional”, sostuvo.
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¿Cuánta proteína necesitamos?
Un adulto promedio de 70 kilos necesita entre 56 y 70 gramos de proteína al día, aunque esta cifra puede aumentar en embarazadas, deportistas y personas mayores.
“No es necesario comer carne todos los días para alcanzar esa meta. Se pueden combinar varias fuentes vegetales y animales accesibles para lograr una dieta balanceada”, afirmó Gonzales.
Recomendaciones prácticas para familias peruanas
En su conversación con Infobae, la decana brindó consejos puntuales para mejorar la ingesta de proteína sin afectar el bolsillo familiar:
- Incluir menestras al menos tres veces por semana.
- Combinar cereales con legumbres en los platos diarios.
- Usar productos locales como quinua, cañihua y tarwi.
- Elegir proteínas animales más accesibles como el huevo, pescado enlatado o vísceras.
- Preparar caldos con restos de carne o huesos para aprovechar todos los nutrientes.
- Fomentar huertos familiares con cultivos proteicos.
“Lo importante es entender que la proteína no es un lujo, es una necesidad básica. Su deficiencia tiene un costo invisible, pero muy alto para la salud del país”, concluyó Susan Gonzales.
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