
La noticia de su muerte conmovió a toda América Latina. José “Pepe” Mujica, expresidente de Uruguay, falleció este martes a los 89 años, tras una prolongada lucha contra el cáncer. Símbolo de sobriedad política y referente ético para amplios sectores progresistas del continente, dejó como legado una serie de profundas reflexiones sobre los desafíos que enfrentan las democracias. Varias de esas ideas conservan especial vigencia en el Perú, un país que observó con atención desde la distancia y cuya crisis institucional comentó con claridad y franqueza.
Durante una entrevista con DNews, realizada desde su chacra en Rincón del Cerro, Mujica habló con la serenidad que lo caracterizaba. Ya fuera del cargo presidencial, y en un momento donde la política peruana atravesaba uno de sus puntos más críticos tras la destitución de Pedro Castillo, Mujica evaluó la coyuntura con una mirada que conjugaba historia, geografía y fractura social. Sus declaraciones, a pesar del tiempo, siguen presentes en los debates sobre el rumbo del país.
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“Perú mantiene una atomización política muy fuerte”, dijo, en referencia a la fragmentación del sistema de partidos y la imposibilidad de construir consensos duraderos. Al mencionar los conflictos sociales, no evitó tocar un punto sensible: “Hay un Perú de la costa y un Perú de la sierra. Hasta con tintes de problemas raciales. Una sociedad que no ha podido integrarse”.
En 2023, mientras que había una compleja fotografía social, política y cultural, el expresidente de Uruguay se mostró firme sobre lo que consideraba una salida imprescindible: “La renuncia de Dina Boluarte es una necesidad”.
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Una mirada desde la distancia

Desde su casa en Uruguay, Mujica dio una entrevista que tuvo impacto inmediato en medios peruanos. El expresidente, conocido por su lenguaje directo, habló de manera crítica sobre la situación institucional del Perú. Con más de un año de manifestaciones, represión y parálisis política tras la caída de Castillo, el país vivía una de sus crisis más profundas desde el retorno a la democracia.
“El problema es que no asegura necesariamente una salida posterior”, reconoció Mujica. A pesar de su llamado a la renuncia de Boluarte, también admitía que la solución no era sencilla. “Es fácil decir que necesitaría un gobierno transitorio de entonación nacional, pero parece muy difícil”.
La complejidad no estaba, según su análisis, en una única figura o coyuntura. Mujica se refirió a un fenómeno prolongado. “Hay una inestabilidad latente desde hace unos cuantos años. No hay gobierno que dure, ningún gobierno concentra una relativa mayoría estable”, expresó. La fragmentación política no permitía —a su juicio— que el país lograra acuerdos fundamentales.
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Y agregó una metáfora: “Esto pasa como con las proteínas del mar. Si no hay estados intermedios, se pasa de una aparente paz y tranquilidad a un abrupto estallido”. Para el expresidente, la falta de mecanismos de diálogo era uno de los grandes vacíos en la institucionalidad peruana.
El problema de fondo

Para Mujica, los problemas del Perú eran estructurales. “Los quechuas, los aymara y otros grupos tienen su tradición y no convergen políticamente con una respuesta de carácter global, nacional”, dijo, destacado una fractura no solo geográfica sino también cultural. Lo que describió no fue solo una crisis política momentánea, sino un desajuste permanente entre el aparato estatal y la diversidad del país.
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“No existe una personalidad, un partido que convoque una clara mayoría”, apuntó. Su diagnóstico no descansaba únicamente en las figuras de turno, sino en una falla de fondo del sistema de representación. Esa debilidad estructural remarcó, era la raíz de la constante sucesión de gobiernos sin legitimidad duradera.
Sobre Pedro Castillo, fue cauteloso, pero no evasivo. “Seguramente se equivocó, leyó mal la realidad en la que estaba. Pero la realidad viene de antes”, afirmó. Mujica explicó que la crisis venía arrastrándose desde hace muchos años. “No hay gobierno que no termine en un escándalo, en un conjunto de acusaciones”, sentenció.
Rechazo a las teorías de conspiración

El gobierno de Boluarte insistía, en ese momento, en denunciar una supuesta injerencia de Evo Morales y sus aliados en el sur andino. Mujica fue escéptico ante ese planteamiento. “Cuando hay conflictos de este tipo se inventan teorías y aparecen teorías conspirativas de todo tipo”, respondió.
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Lejos de atribuir la conflictividad a agentes externos, el expresidente uruguayo habló de un problema de cohesión interna. “Es muy probable que Perú tenga que ser un Estado relativamente plurinacional que reconozca la existencia de un tronco quechua, de un tronco aymara”, dijo. Ese planteamiento coincidía con posiciones que distintos sectores sociales en Perú venían discutiendo tras las protestas masivas en el sur.
Según Mujica, la tensión entre la estructura del Estado y la diversidad del país era una cuestión pendiente desde hace décadas. “Estamos hablando de millones de personas”, añadió, en alusión a los pueblos originarios. Pero también dejó claro que no veía posible una secesión: “De ahí a una disgregación del Perú es otro campo”.
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El mensaje final

En el cierre de aquella entrevista, Mujica no ofreció certezas. Se limitó a registrar la dificultad de la situación. “No hay ninguna otra solución muy clara en el horizonte”, dijo sobre la continuidad de Boluarte. Afirmó que la presidenta “no hace otra cosa que multiplicar la violencia” y que su permanencia resultaba “insostenible con esta actitud social”.
Planteó una posibilidad: “Un llamado a elecciones consensuado entre los partidos del sistema político es una alternativa”. Aunque de inmediato reconoció el obstáculo de siempre: “¿Si va a haber 20 candidatos? Es difícil. Pero puede ser que Perú aprenda de su propio dolor”.
Mujica no pretendía dar recetas, pero sí dejar planteadas preguntas. Su mirada se movía entre el pasado y el presente, y proyectaba los desafíos del país a futuro. En su diagnóstico, las fisuras del Perú no nacían con un gobierno u otro, sino que respondían a una serie de contradicciones acumuladas. La última vez que habló sobre el Perú, no se refirió a cifras ni a partidos. Habló de pueblos, de falta de integración y de un Estado que aún no logra representarlos a todos.
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