La mortífera peste bubónica: El día que esta terrible enfermedad llegó a Lima e infectó a más de 20 mil personas

Lima y muchas otras ciudades del Perú fueron azotadas por esta enfermedad que ya había causado estragos a lo largo de la historia en muchos otros lugares del mundo, y que se acrecentó gracias a la insalubridad y los roedores

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La peste llegó a Perú
La peste llegó a Perú en 1903 y causó importantes cambios en el panorama nacional. Fotos: Andina / Grado Cero Prensa

El Perú ha sido azotado por diferentes males a lo largo de su historia, algunos de ellos relacionados con la naturaleza, otros, un poco más ligados a situaciones de carácter político o social, como las luchas por la independencia o la guerra con el país vecino de Chile.

Sin embargo, se habla un poco menos acerca de las enfermedades que durante mucho tiempo proliferaron y cobraron la vida de muchos ciudadanos, como es el caso de la peste bubónica, mortífera epidemia que ya había mermado a gran parte de la población en Europa en más de una ocasión y era bastante temida.

El día que llegó la peste a Perú

En 1905 se clausuró el
En 1905 se clausuró el Callejón de Petateros debido a los casos de peste. Foto: Twitter Lima Antigua

Corría el año de 1903 y la población limeña tuvo noticias de un extraño suceso: un grupo de ratas yacían muertas dentro del Molino Mline, en el Callao, muy cerca de los sacos de harina y arroz que allí se procesaban y solían almacenarse en las peores condiciones imaginables.

Poco después, un cocinero chino de 60 años que trabajaba en el lugar fallecía sin que ambos hechos fuesen relacionados entre sí. Exhibía unos particulares bubones del tamaño del huevo de una paloma. Las noticias se propagaron rápidamente, pero el diagnóstico inicial fue de “pulmonía”.

Aunque al inicio la enfermedad fue reportada como un ‘mal misterioso’, al poco tiempo se confirmaba la noticia de que la peste había llegado a Lima. Para aquel entonces, la ciudad distaba mucho de la imagen que tiene hoy en día. Aunque se vivía un ánimo modernizador luego de la guerra del Pacífico, existían en la capital una gran cantidad de ratas que convivían plácidamente con los ciudadanos.

Una calle de Lima en
Una calle de Lima en 1900. Vale resaltar que en muchos barrios se encontraban espacios tugurizados e insalubres. Foto: Facebook Lima la Única

Aunque el cocinero chino fue el primer indicio de la epidemia, la realidad es que el primer caso conocido de peste fue un joven de 18 años que trabajaba en una mondonguería cercana al camal, donde las ratas eran el pan de cada día y deambulaban sin problemas.

El hombre falleció en el Hospital 2 de Mayo, a donde había llegado el mismo día a las 6 de la tarde con una terrible fiebre. Este caso pone en evidencia la falta de políticas de salubridad de la época incluso en áreas tan delicadas como la manipulación de alimentos.

Impacto económico

El Puerto del Callao era
El Puerto del Callao era el punto de acceso de mucha mercadería proveniente del exterior en Lima de antaño. Foto: blogcatedranaval.com

La peste fue una amenaza en sí misma, sin embargo, causó gran preocupación una vez que muchos puertos vecinos entraron en un estado de alerta que llevó a que no se reciba más mercadería procedente de Perú. De igual modo, los barcos provenientes de otros lugares optaban por evitar venir a país, ahorrándose así el periodo de cuarentena.

Salud pública, un concepto extraño

Cabe mencionar que Lima no tenía un organismo que se encargara de la salubridad pública. La tarea solía recaer en la Beneficencia de Lima, que administraba los únicos cinco hospitales de la ciudad pero que pronto no pudo resistir la presión de tener a sus espaldas tal cantidad de ‘apestados’, como se le solía llamar a los enfermos.

Sin otro remedio, se optó por la creación de centros sanitarios nuevos que ayudaran a cubrir la demanda de asistencia. Según indica el libro “La ciudad y las ratas: La peste bubónica en Lima y en la Costa Peruana a comienzos del siglo veinte”, de Marcos Cueto, nacen así la Dirección de Salubridad Pública, encargada de los lazaretos (lugares a donde se enviaba a los enfermos contagiosos), las estaciones sanitarias portuarias, los médicos titulares encargados de provincias y el Instituto Nacional de Vacuna y Sueroterapia; y el Instituto Municipal de Higiene de Lima. De este modo los asuntos de salud pública, antes vistos por la Beneficencia y algunas municipalidades, pasaron a manos del Gobierno Nacional.

¿Qué medidas se aplicaron?

Una Estufa de Desinfección en
Una Estufa de Desinfección en el año 1905, época de la peste en Perú. Foto: Facebook, Colección Lima Antigua

La peste trajo consigo no solo preocupación, sino también la aplicación de algunas medidas de prevención para evitar que la enfermedad se propague. Se identificó los casos llevando a las personas infectadas a barracas de aislamiento. Aquí también se recluía a los casos sospechosos y a quienes hubieran estado cerca de los apestados. Por supuesto, todos eran separados según su estado.

Por otro lado, se discutió la posibilidad de quemar el molino donde todo empezó. También se formó la “Policía de salubridad”, que según el libro de Marcos Cueto, llegó a tener hasta 60 efectivos durante su mejor momento. Su principal labor era incendiar locales, llevar a la gente a los lazaretos, a veces por la fuerza, y vigilar que las personas no salieran del hospital. Esto provocó que algunos enfermos prefirieran callar que estaban infectados.

Las calles del Callao solían ser regadas con petróleo, mientras que se establecía la clausura de todos los espacios donde existiera aglomeración de personas. Por supuesto esta medida no funcionó ya que las ratas seguían viviendo libremente en la ciudad. Se sabe también que se ofrecía incentivos económicos a quienes capturaran ratas para incinerarlas.

La población estuvo en contra de muchas de estas disposiciones, especialmente cuando se prohibió la crianza de animales domésticos ya que la mayoría de personas realizaban esta práctica. No obstante, más doloroso fue para los deudos la nueva forma de enterrar a sus familiares, que incluía envolver el cadáver en una sábana empapada con solución de sublimado, a dos metros bajo tierra y en un ataúd de zinc con dos arrobas de cal encima, sin ceremonias ni sentidas despedidas, y mucho menos la posibilidad de cuidarlos en sus últimos momentos.

Muchos ciudadanos limeños también se mostraron escépticos ante la enfermedad, llegando incluso a afirmar que esta no existía en realidad y atribuyendo las muertes a algún otro mal. Lo cierto es que, ante la ola de nuevas medidas y gran frustración, no faltaron aquellos que aprovecharon el momento para vender milagrosos remedios que prometían acabar con la peste.

El miedo en los lazaretos

En 1904 se construyó un
En 1904 se construyó un hospital de aislamiento para tratar a los enfermos de la peste. Foto: blog.pucp.edu.pe

Para 1904 se optó por la construcción de un hospital de aislamiento lejos del espacio urbano de la ciudad, conocido como El Lazareto de Guía. Tenía un aspecto, por lo menos, lúgubre ya que estaba hecho de madera y rodeado de alambrados y calaminas. Aquí se atendía a las personas afectadas por la enfermedad, principalmente de clase baja, las cuales lucían desnutridas a causa de los tratamientos que consistían en dietas especiales, vómitos, sangría, agua fría e incisión en los bubones.

Muchos de los recuperados contraían otras enfermedades producto de su delicado estado. Aquí muchas personas morían y corría el falso rumor de que los infectados eran tratados con métodos tortuosos, incrementando el miedo y que muchas personas llegaran espontáneamente solo cuando su estado ya era muy grave. Según indica el sus páginas el libro “La ciudad y las ratas”, la tasa de mortalidad en estos recintos sobrepasaba el 50 % y se creía que morían más personas de las que se declaraba, ya que se practicaban, supuestamente, entierros clandestinos.

Naturalmente, la enfermedad se propagó también en provincias, principalmente a toda la costa peruana, afectando el comercio de mercancías. En Piura se formó una Junta Incineradora, que se encargó de incendiar locales insalubres de forma sistemática. En diferentes ciudades se aplicaron medidas que rozaron la discriminación contra ciudadanos mendigos, chinos, entre otros catalogados como ‘portadores de gérmenes’, haciendo más profundas las brechas sociales y los prejuicios, asociando a la enfermedad con la pobreza.

Incendio de una casa de
Incendio de una casa de 'apestados' en Mollendo. Foto: redalyc.org

La enfermedad terminó haciéndose endémica en la costa hasta el año 1920, donde las políticas de saneamiento cambiaron diametralmente gracias a una ley instaurada por el presidente Augusto B. Leguía. Solo así, su incidencia fue disminuyendo progresivamente.

Sin embargo, se sabe que entre 1903 y 1931 se registraron al menos 20 mil casos en Perú, según el libro de “La ciudad y las ratas: La peste bubónica en Lima y en la Costa Peruana a comienzos del siglo veinte”, de Marcos Cueto. Un episodio que encuentra su importancia en la forma en que impulsó la transformación de la ciudad y las nuevas políticas para mantener la higiene y una mejor calidad de vida.

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