
Humboldt se detiene, mira a su guía y permanece junto al hallazgo. No necesita ladrar ni escarbar para advertir que encontró algo entre el bosque, en la costa de un lago o un aula universitaria de la Patagonia. Este perro de raza basset hound, de dos años, integra un equipo de detección para proyectos de conservación que ayuda a localizar rastros de especies silvestres, animales vivos, parásitos y otros indicios de valor científico.
Su guía, Alex Tersoglio, trabaja junto a su hija, Kenya Campos Haedo, estudiante de Biología y asistente de campo. Las tres integrantes de Darwin Conservation —madre, hija y perro— sostienen una tarea voluntaria que pone el olfato de Humboldt al servicio de investigadores, parques nacionales, reservas y proyectos vinculados con la biodiversidad.
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Antes de Humboldt estuvo Darwin, otro basset hound que abrió el camino de la familia en el trabajo de detección. Su muerte, hace dos años, dejó un vacío que también interrumpió la continuidad del equipo.
Humboldt, de la misma raza, retomó una labor que combina entrenamiento, salidas de campo y un vínculo estrecho entre la guía y el animal. “Con Darwin estuvimos trabajando casi seis años como perro detector para proyectos de conservación”, cuenta Tersoglio a Infobae.

Humboldt detecta heces, animales vivos y parásitos para proyectos de conservación
El trabajo de un perro detector de conservación no consiste en seguir un rastro como lo haría un perro de búsqueda de personas. Humboldt recibe entrenamiento para identificar olores concretos que resultan útiles para los científicos según cada investigación.
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Puede localizar heces de especies en peligro de extinción o de animales invasores que afectan a otras poblaciones. En otros casos, detecta animales vivos, como ejemplares de Chelonoidis chilensis, conocida como tortuga patagónica. También transita una fase de preparación para reconocer parásitos y chips de madera asociados a nidos de pájaros carpinteros.

“El trabajo de Humboldt se asemeja al de un perro detector en proyectos de conservación: puede identificar distintos rastros, aunque su tarea se concentra, sobre todo, en el análisis de heces”, explica Tersoglio. “Se lo entrena para detectar los rastros que los investigadores necesitan analizar y obtener información sobre sus estudios”, agrega.
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No hay dos jornadas iguales. Las búsquedas pueden realizarse a la orilla de un lago, en senderos, bosques, caminos o espacios universitarios. Esa diversidad exige que Humboldt concentre su atención en el olor específico para el que fue entrenado, aun frente a estímulos ajenos.

“Puede ser en costa de un lago, en el medio del bosque, sobre un camino, en un aula de una universidad”, señala su guía. En el caso de los parásitos, el equipo trabaja en espacios que no fueron pensados como laboratorio, con las limitaciones que implica ese entorno.
El terreno de trabajo cambia según la especie y la información que cada investigación necesita reunir. Tersoglio explicó a Infobae que Humboldt busca heces de huemules, huillines, visones, gatos güiña, gatos monteses y zorros en costas de ríos y lagos, bosques, sectores de semiestepa y zonas de transición entre el bosque húmedo y la estepa.
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Para encontrar ejemplares vivos de tortuga patagónica, en cambio, el equipo se desplaza hacia el área de San Antonio Oeste, en Río Negro, y prevé sumar relevamientos cerca de zonas petrolíferas. También tienen programada una salida al norte de Neuquén, en un paisaje más árido y rocoso, con escasa vegetación boscosa. “Todo depende de dónde los investigadores necesitan hacer el relevamiento”, señaló la guía.
La marcación pasiva evita alterar a la fauna silvestre
Cuando Humboldt detecta el objetivo, su reacción debe ser discreta. La indicación no puede incluir ladridos, saltos ni excavaciones. El criterio responde a una necesidad central de estos proyectos: reducir al mínimo la perturbación sobre animales silvestres y sus hábitats.
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En lugar de hacer ruido, el perro puede sentarse, acostarse o sostener la mirada de Tersoglio. Si el terreno no permite ninguna de esas posiciones, utiliza su lenguaje corporal para señalar que encontró aquello que buscaban.

“La marcación de un perro detector para proyectos de conservación debe ser absolutamente pasiva”, detalló Tersoglio. “Un perro que trabaja para proyectos de conservación justamente trata de ocasionar el menor disturbio al medio ambiente para no alterar a la fauna silvestre”.
La elección del basset hound tampoco fue casual. Tersoglio ya había trabajado con Darwin y conocía las posibilidades de la raza. Para ella, los basset hounds y los bloodhounds sobresalen por su capacidad olfativa, aunque el entrenamiento y el vínculo cotidiano resultan decisivos para convertir esa aptitud en una herramienta de trabajo.
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“Tienen un olfato impresionante. Al haber trabajado previamente con un basset y ya conocer sus virtudes y sus dificultades también, estábamos totalmente convencidas de poder continuar con la misma raza”, remarcó el guía.

Los hallazgos inesperados de Humboldt en el bosque
La experiencia de Humboldt no se limita a los olores que reconoce mediante entrenamiento. En el campo, el perro también se detiene frente a elementos que no forman parte de sus tareas asignadas, como si entendiera que podrían resultar útiles para alguien más.
Tersoglio recordó casos en los que encontró un monito de monte muerto, un embrión de ave y un caburé pequeño al costado de una ruta. Esos descubrimientos no formaban parte de una búsqueda específica, pero Humboldt modificó su comportamiento para atraer la atención de su guía.
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“Él huele, se acerca con la nariz y no se mueve de lugar y me mira como diciendo: ‘¿Esto te interesa?’. Es como que a medida que va encontrando cosas nuevas en el bosque, él es como si supiera que eso tiene información importante”, relató.

En una salida de entrenamiento físico, Humboldt se alejó del sitio donde estaba el equipo y se internó en el bosque. Tersoglio lo encontró inmóvil, a la espera de que ella se acercara. Allí había un monito de monte. En otra ocasión, mientras trabajaban para un proyecto sobre huemules, el perro detectó un ave que no era parte de su entrenamiento y que luego despertó el interés de un ornitólogo.
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“Cuando encuentra algo para lo que no fue entrenado, pero aun así lo señala con el mismo interés, eso es lo que nos fascina”, dijo.
Una vida activa fuera de las búsquedas científicas
Fuera de las salidas de campo, Humboldt mantiene una rutina exigente. Tersoglio cuestionó la idea de que los basset hounds son perros sedentarios y recordó su origen como animales de caza. Por eso, explicó, necesita caminatas largas, actividad física, juegos y desafíos que le permitan usar el olfato.
“Tiene tres caminatas por día, fácil, largas, de una hora y media, dos horas como mínimo”, indicó. También juega con el otro perro de la casa, conoce lugares y personas, y realiza ejercicios de detección como parte de sus actividades diarias.

Para Tersoglio, el vínculo con Humboldt excede el trabajo. Lo define como una relación de afecto, respeto y confianza que se construye en la convivencia, en el cuidado de sus descansos, su alimentación y sus necesidades de juego.
“Cuando se crean estos binomios pasa a ser uno mismo, porque son grandes observadores y nos conocen mejor que a nosotros mismos”, expresó.
El equipo de Darwin Conservation trabaja de manera voluntaria. Tersoglio explicó que la única ayuda material que reciben proviene de una empresa que les aporta equipamiento para Humboldt, como arneses y chalecos salvavidas para las tareas desde embarcaciones. “Colaboramos con parques nacionales para reservas de áreas naturales y para investigadores del CONICET y del CEAN, es totalmente voluntario”, afirmó.
Mientras Humboldt suma entrenamiento y experiencia, Tersoglio y Campos Haedo continúan disponibles para colaborar con investigadores que requieran una herramienta adicional para estudiar y proteger especies. En cada salida, el basset hound avanza con el hocico cerca del suelo, atento a olores que las personas no perciben y que pueden abrir una nueva pista para la ciencia.
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