La convivencia con perros grandes modifica el aire que se respira en espacios interiores, según científicos

Un estudio demostró que la presencia de canes altera la composición de gases, partículas y microbios del ambiente. Las razas grandes, como el mastín, son las que más impactan

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El contacto físico y el
El contacto físico y el movimiento de los perros liberan ráfagas de partículas y microorganismos provenientes de su pelaje, piel y secreciones (REUTERS / Andrew Kelly)

La convivencia diaria con perros implica más que compañía: la calidad del aire interior puede variar notablemente debido a su presencia, de acuerdo con investigaciones lideradas por el Laboratorio de Entorno Construido Orientado al Ser Humano (HOBEL) de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, Suiza (EPFL).

El estudio, publicado en la revista Environmental Science & Technology, reveló que los perros, en especial los de mayor tamaño, modifican el aire en espacios cerrados mediante la emisión de partículas, gases y microorganismos. En algunas situaciones, estos volúmenes superan incluso a los generados por las personas.

Los experimentos se realizaron en una cámara ambiental controlada en EPFL Friburgo, Suiza. Por primera vez se midió con precisión la influencia de los perros en la composición del aire doméstico.

La dieta y el metabolismo de los perros influyen en los gases liberados al ambiente

Dusan Licina, profesor de Hobel
Dusan Licina, profesor de Hobel Lab y Tatjana Arnoldi-Meadows,estudiante de doctorado que realizaron el estudio (Hobel Lab)

Tanto perros como humanos producen cantidades similares de dióxido de carbono y amoníaco; sin embargo, la proporción de amoníaco respecto al dióxido de carbono es mayor en los perros, algo que los especialistas atribuyen a la dieta rica en proteínas y a un metabolismo particular.

Durante las pruebas, los científicos compararon los cambios en el aire generados por humanos y perros. De acuerdo con un comunicado de EPFL, en momentos de juego, movimiento o cuando eran acariciados, los perros liberaron cantidades destacadas de partículas sólidas y líquidas: polvo, polen, restos vegetales y, sobre todo, microorganismos.

Este fenómeno fue más notable en los perros grandes, cuyos niveles de microorganismos llegaron a ser hasta cuatro veces superiores a los de las personas presentes en el mismo entorno.

Las partículas y microorganismos desprendidos por los perros provienen de su pelaje —que recoge residuos del exterior—, de su piel y de sus propias secreciones.

Cada acción como moverse, sacudirse o recibir caricias provocaba la liberación de “ráfagas” de partículas detectadas en tiempo real por los sensores de la cámara experimental. Este aumento en la diversidad microbiana puede tener efectos ambiguos.

La actividad de los perros y el nivel de contaminación microbiana en el hogar

La composición del aire varía
La composición del aire varía según el tamaño del perro, siendo las razas grandes las que más alteran la calidad y diversidad microbiana del ambiente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dusan Licina, investigador de EPFL, señaló: “Un alto nivel de diversidad microbiana no es necesariamente una mala noticia”. Algunos estudios sugieren que la exposición a mayor variedad de microbios podría fortalecer el sistema inmunológico, especialmente en niños.

Sin embargo, Licina subrayó que “el impacto preciso sobre la salud humana aún se desconoce y puede variar según el individuo”.

Al analizar los gases principales, los especialistas constataron que perros y humanos emiten cantidades comparables de dióxido de carbono y amoníaco.

El amoníaco destaca por su olor fuerte e irritante y es un subproducto común de humanos y animales, derivado tanto de la piel como de la respiración. L diferencia clave radica en la proporción entre amoníaco y dióxido de carbono, superior en los perros.

Los investigadores descubrieron que la
Los investigadores descubrieron que la proporción de amoníaco a CO₂ es mayor en perros que en humanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Licina explicó que esto se relaciona con la alimentación rica en proteínas, el metabolismo característico y el patrón de respiración rápida propio de los canes para regular su temperatura.

Al final de la jornada, la emisión total de ambos gases tiende a igualarse entre perros y humanos. El tamaño del perro resulta determinante para su impacto en el aire interior.

Las razas grandes como el mastín o el boyero de Terranova pueden igualar o superar los niveles de emisiones humanas.

Las mediciones demuestran que estos perros dispersan desde el doble hasta cuatro veces más microorganismos que un adulto en reposo, especialmente durante periodos de actividad.

Las pruebas reprodujeron condiciones de un salón doméstico, lo que permitió observar cómo el movimiento, la interacción y el tamaño corporal inciden en los picos de contaminación microbiana y particulada. En total participaron siete perros, divididos en grupos de grandes y pequeños, junto a sus cuidadores.

Los perros generan hasta 40%
Los perros generan hasta 40% menos compuestos derivados del ozono que los humanos, debido a diferencias en la composición cutánea y reactividad química (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también detectó diferencias importantes en las reacciones químicas asociadas a la presencia de perros y humanos.

Al introducir ozono en el ambiente, este reacciona con los lípidos de la piel humana —como el escualeno— y produce compuestos secundarios como aldehídos, cetonas y partículas ultrafinas. Aunque los perros no sintetizan escualeno, los restos cutáneos humanos depositados en su pelaje pueden reaccionar con el ozono.

Pese a recibir caricias continuas, los perros generaron en promedio 40% menos productos derivados del ozono que las personas presentes. Este dato confirma que la contribución química de los perros a la contaminación por ozono es inferior a la de los humanos, lo que permite comprender mejor las interacciones químicas en espacios habitados conjuntamente.

Los autores, encabezados por Dusan Licina, coinciden en que la evidencia sobre los posibles riesgos o beneficios todavía es limitada y su impacto puede variar entre individuos.

“Simplemente proporcionamos cierta claridad científica sobre factores que antes solo se conocían superficialmente”, puntualizó Licina a ambos medios.

Además, remarcó que “estos resultados ofrecen factores de emisión cuantitativos que pueden integrarse en los modelos de calidad y exposición del aire interior”.