
Escapar de un depredador es un instinto natural que está presente en el mundo silvestre, esta acción es el resultado de una fuerte presión evolutiva que han vivido las especies para sobrevivir en un entorno hostil, pero también muestra la gran capacidad que tiene el cerebro para reaccionar rápidamente a los síntomas de peligro que hay en el entorno.
El neurocientífico Tiago Branco de la University College London, explicó para la revista digital Knowable Magazine que no todos los comportamientos que tienen algunas especies para huir es correr, también pueden saltar, nadar, quedarse congelado o hacerse el muerto. “Debido a la gran diversidad de especies, sus hábitats y sus depredadores, hay muchas formas diferentes de escapar de ellos”, detalló.
El investigador detalló que el escape es un ejercicio que requiere mucha energía y cuesta oportunidades perdidas, todo este proceso inicia con la detección de una posible amenaza, la cual debe de ser bastante rápida e instintiva.
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Cómo funciona el cerebro

Una vez que un animal notó por medio de la vista, sonido o un olor la presencia de una amenaza el cerebro comienza a trabajar en un plan rápido donde están involucrados una serie de algoritmos complejos que darán las instrucciones a los músculos para moverse de cierta forma y hacia un lugar en específico.
Branco explicó que esta serie de decisiones es un proceso muy complicado en el que se toma a consideración múltiples factores, que van desde la proximidad de la amenaza, hasta la condición de la presa. Es decir que los animales están conscientes de cuáles son sus limitaciones físicas al momento de salir despavoridos a un lugar seguro.
“No importa si es un búho, un automóvil o un objeto. Si viene rápido en tu dirección realmente quieres salir de allí y pensar en lo que podría ser después”, comentó Branco.
De acuerdo con información de la revista editada por Annual Reviews, los animales más simples también han desarrollado acciones de escape como las moscas de fruta que ajustan la posición de sus patas o las cucarachas que se escabullen rápidamente a una dirección opuesta a la amenaza.
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El escape como comportamiento

Tiago Branco en su investigación “La base neural del comportamiento de escape en los vertebrados”, publicada en abril de 2020 por la revista Annual Reviews, explicó que el comportamiento de escape se diversificó hace más de 550 millones de años, lo que significa que es el resultado de la evolución de estrategias defensivas.
La región del cerebro encargado de proporcionar la información de cómo escapar de sus depredadores es la corteza retroesplenial o RSP, una región que se encuentra en medio del cerebro y tiene conexiones a otras estructuras cerebrales como el hipocampo.
“Las neuronas RSP codifican ubicaciones importante desde el punto de vista del comportamiento, como puntos de referencia, ubicaciones de recompensa y una variedad de características espaciales del entorno”, explicó el equipo de trabajo que realizó esta investigación.
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Los investigadores explicaron que cuando ocurre un interrupción en la sinapsis que conectan el RSP, hay problemas en la toma de decisiones, por ejemplo cuando un ratón intenta escapar y se va hacia la dirección equivocada.
A pesar de que el instinto de supervivencia es uno de los objetos de estudio más investigados, los académicos detallaron que aún quedan muchas incógnitas por resolver, puesto que actualmente solo tiene una comprensión decente detrás de algunas acciones de escape.
Branco explicó que esta función es tan esencial para los seres vivos que estudiarlo en diferentes especies es un “modelo poderoso para el estudio de la neurociencia y el comportamiento”.
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