
Desde Tom y Jerry hasta The Farmer in the Dell, la cultura pop está llena de ratones a los que les encanta el queso. Pero, ¿de verdad les atrae a los roedores este alimento? No exactamente, según algunos expertos.
Para empezar, no todos los ratones son iguales. Es que se trata de un grupo diverso que comprende varios géneros diferentes, como el Apodemus, el ratón de campo, y el Mus, o ratón estándar. Cada especie está acostumbrada a su propio hábitat, como el ratón pigmeo del desierto (Mus indutus) del sur de África o el ratón estepario (Mus spicilegus) de Europa del Este. Pero el ratón con el que la gente está más familiarizada es el ratón doméstico (Mus musculus).
“El ratón doméstico probablemente evolucionó en Asia central y meridional”, afirmó en diálogo con Live Science Megan Phifer-Rixey, bióloga evolutiva de la Universidad Drexel de Filadelfia que estudia esta especie. Pero con la ayuda de los humanos, estos roedores se han extendido por todo el mundo y, cuando se trata de comida, no son especialmente exigentes.

Según Phifer-Rixey, un ratón doméstico come prácticamente cualquier cosa que esté cerca. Eso puede incluir cereales, insectos, basura y, sí, queso, si está disponible. Pero el queso no es, ni mucho menos, el alimento favorito de los ratones.
A los ratones domésticos les encanta la mantequilla de maní. “Tienen un buen sentido del olfato y su olor es bastante fuerte”, explicó Phifer-Rixey. Además, la mantequilla de maní contiene muchas proteínas y grasas que los ratones encuentran atractivas.
Muchos exterminadores y especialistas en control de plagas recomiendan la mantequilla de maní como cebo para ratones. Phifer-Rixey asegura que ha oído hablar de algunas personas que intentan atrapar ratones domésticos mezclando trocitos de panceta (beicon) con la mantequilla de maní y que, en sus investigaciones, añadirá un poco de avena para evitar que las trampas queden demasiado pegajosas.
Entonces, ¿por qué no les gusta?

Si los ratones no son exigentes con los alimentos que comen, ¿por qué no les gusta el queso? No es tanto que no les guste el queso sino que existen otras comidas que les gustan más. Al igual que nosotros, los ratones toleran diferentes tipos de sabores como el dulce, el salado e incluso ácidos. El sabor de un alimentos afecta al hecho de que un ratón lo coma o no (aunque raramente ocurre esto último).
Se entiende que la razón por la que los ratones no aceptan el queso de una trampa para ratones es su olor. Los ratones tienen un olfato muy sensible y se rigen por la sensación que le producen los olores de un alimento para determinar si se lo comen o no. Seguro que sabes que algunos quesos a veces producen olores un tanto fuertes. Esto es suficiente para que los ratones lo descarten a la hora de comer.
No obstante, si un ratón está hambriento, lo que es bastante complicado teniendo en cuenta que comen unas 15-20 veces al día, puede que piquen algo de queso si ésta es la única comida que tienen a su alcance, pero el olor no es lo suficientemente tentador como para que los ratones se vean seducidos a ir hacia una trampa para ratones.
¿Dónde se originó esta historia?

Entonces, si los ratones son simplemente ambivalentes con el queso, ¿de dónde surgió la idea de los ratones amantes del queso? Esa pregunta, por desgracia, no parece tener una respuesta definitiva.
Una teoría aparentemente no probada que circula por Internet es que antiguamente la gente guardaba el queso en estanterías abiertas, a diferencia de otros alimentos almacenados en tarros o colgados del techo. Como el queso estaba al alcance de los ratones, es posible que la gente viera ratones comiendo su queso, lo que dio lugar a este supuesto moderno, o eso dice la historia.

El origen de la idea puede remontarse a cientos o miles de años. Algunos investigadores de Internet han descubierto que el filósofo romano Lucio Anneo Séneca, que vivió en el siglo I d.C., parecía dar por sentado que a los ratones les encantaba el queso.
Así que es posible que esta historia sobre ratones y queso exista desde que ratones y humanos (y queso) coexisten, desde los salones de la antigua Roma hasta los salones recreativos infantiles inspirados en roedores de los suburbios modernos de Estados Unidos.
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