
"Duro es el camino y sé que no es fácil, no sé si habrá tiempo para descansar. En esta aventura de amor y coraje sólo hay que cerrar los ojos y echarse a volar", escribió Patricia Sosa (62) la noche anterior a que su única hija –fruto del amor con el productor Oscar Mediavilla (64)– empezara la primaria.
"Estaba angustiada porque mi bebé empezaba una etapa en la que ya crecía e iba a cambiar su vida. En ese momento se me hizo un nudo en la garganta, agarré un cuaderno y la mano se me iba sola… Así nació Aprender a volar. Marta es mi musa inspiradora en un montón de cosas", recordó la cantautora de este himno de amor y libertad.
Hoy Martita, con un perfil mucho más bajo que sus padres, tiene 30 años, debutó en el show business de la mano de su madre y luego se dedicó de lleno al mundo del teatro independiente.
"Mi primer trabajo fue a los 16 años como corista en la banda de mi mamá, ella me invitó a participar y yo me lancé sin pensarlo demasiado. Terminamos girando por el país durante cinco años. Lo recuerdo como una experiencia increíble de la que aprendí muchísimo. Mi vieja es una gran jefa, no se le escapa ningún detalle", nos contó la morocha de sonrisa kilométrica en el departamento de tres ambientes que compró hace poquito en Palermo.

Si bien sus primeros pasos fueron como vocalista, su gran amor es la actuación: "Yo quería cantar y bailar, así que cuando tenía 15 años mi mamá me anotó en la escuela de comedia musical de Hugo Midón… ¡y el primer año era de puro teatro! Al principio me quise morir, pero después terminé enamorada del escenario". Desde que debutó en la obra infantil Hora libre, rock en la escuela cuando tenía 19 años, nunca más paró. Entre otros títulos, le siguieron: Cuando callan los patos, El hijo del fin del mundo, La casa de Bernarda Alba y este año estuvo en Amor sin fin (que se reestrenará el 8 de enero en Mar del Plata) y Cosas de payasas (por la cual ganó un premio Hugo como mejor intérprete femenina de musical infantil.
"¡Fue un reconocimiento hermoso! Yo ya había ganado el mismo premio en 2013 por El hijo del fin del mundo, pero esta vez tuvo bastante más repercusión. Creo que fue porque mi vieja estaba en la sala y eso es sinónimo de exposición extrema (risas). Terminó siendo una gran locura. Cuando salí de La Usina del Arte tenía más de mil mensajes de Whatsapp e Instagram", aseguró la heredera del rock. Espontánea, desprejuiciada y talentosa, Marta Mediavilla sigue construyendo su camino a base de mérito propio y trabajo duro.

-Venís trabajando principalmente en obras del off, ¿se puede vivir del teatro cooperativo?
-¿Vivir, morfar y pagar las cuentas? No. Sólo si estás en una súper cooperativa que actúe de martes a domingo y lleve muchísima gente. Por eso yo abrí con una socia (Lala Rossi) una escuela de actuación recreativa para adultos llamada Teatro Recreo. Por ahora damos en tres salas diferentes alrededor de Parque Centenario, pero el año que viene nos vamos a instalar en El templo del arte, un centro cultural que vamos a abrir en Colegiales con mis papás. ¡Qué lindo!
-¿Qué va a haber en El templo?
-Mi vieja va a tener su escuela de canto y yo mis talleres de teatro. Ya se está terminando la obra, así que, si todo sale bien, a principios del 2019 vamos a abrir las puertas del espacio. Es un proyecto familiar hermoso.

-¿Cómo recordás tu infancia en una familia de artistas?
-En principio lo más diferente en la casa de mi familia eran los horarios, ellos son súper noctámbulos. Son capaces de irse a dormir a las 4 de la mañana todos los días. También me llevaban a algunas de sus giras, sobre todo en la década del '90 porque solían grabar sus discos en Los Ángeles.

-¿Conociste a muchos cantantes famosos?
-Mi mamá cantó con gente muy grosa como Ricky Martin o Gloria Estefan, pero yo nunca los conocí. Es que apenas fui más grande preferí quedarme en Buenos Aires y no faltar a la escuela. Pero en mi casa siempre estuvo lleno de músicos, artistas y mucha música. Quizás ibas a un cumpleaños y estaba Baglietto (risas).
-¿Aprovechaste para conocer a tus ídolos?
-No, ¡cero! Me daba una vergüenza bárbara. De hecho, siempre evité mostrarme en público porque era imposible salir con mi vieja por la calle. Ahora, en plena era de redes sociales, quizás sea más normal ver famosos… Pero antes se armaba un revuelo increíble. Tenía que salir tapada con gorra y anteojos para que no la reconocieran.

-¿Naciste con la voz dotada de tu mamá?
-No creo, no me siento tan talentosa en el canto como mi vieja. Ella tiene un don en las cuerdas y además muchísimos años de estudio y laburo. A mí me gusta cantar, amo la música y es parte de mi vida, pero no pondría que soy cantante en un check in. Es una herramienta más que uso para los personajes que me toca interpretar.
-¿Sentís una presión especial por ser una súper cantante?
-Sí, claro. En algunas audiciones donde me tocó cantar pude sentir esa doble mirada. Es lógico, soy consciente de que la gente tiene expectativas cada vez que canto. Es una fiaca.
DIVA SIGLO XXI. Sobre la cama de su cuarto esperan cinco o seis opciones de looks para las fotos. "Elegí lo que quieras, si querés podemos mover los muebles o salir a la calle", propuso divertida mientras sacaba ropa y más ropa del placard.
Es que, según Marta Avelina (así se llama en honor a su abuela paterna), ella es tan relajada que prefiere andar uniformada de jean y zapatillas todo el tiempo. Comodidad, ante todo. "Cuando tengo que ir a un evento me quiero matar porque no tenga nada para ponerme", se ríe.

-¿Físicamente a quién te parecés?
-Creo que tengo un mix entre los dos. Hay gente que me dice que soy igual a mi vieja, pero soy un palo y alta como la familia de mi viejo. Mi abuelo Don Oscar Genaro Mediavilla era una escoba. Somos de contextura larva. Yo como de todo y no engordo.
-¿Seguirías este nuevo formato de Patricia y Oscar que están juntos, pero en casas separadas?
-No sé, a mis viejos les funciona, así que está bárbaro. Pero no es para todo el mundo. Ellos estuvieron juntos muchos años, luego se divorciaron y después volvieron sin convivencia. Habría que ver cada caso.

-¿Vos sos Susanita?
-Sí, me gustaría formar una familia. Yo soy hija única y crecí soñando con tener muchos hijos. Pero el tema es que ya tengo 30 años y no estoy viendo la maternidad a corto plazo (se ríe). Si bien estoy de novia hace un año y medio con otro actor que se llama Nacho (N. de la R.: lo conoció en la compañía de teatro para chicos Desenchufados), la realidad es que los dos estamos muy metidos en nuestros proyectos. Todavía no convivimos.
-¿Creés en el amor para toda la vida?
-¡Me encantaría! Es difícil… Creo que el foco va pasando de la pasión al compañerismo. Sería maravilloso tener un compañero para toda la vida.
Texto: Agustina D' Andraia (adandraia@atlantida.com.ar) Fotos: Maxi Vernazza.
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