La llegada de un hermanito es sumamente movilizante para los hijos mayores. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
La llegada de un hermanito es sumamente movilizante para los hijos mayores. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.

Las cosas cambiaron para ese "señorito" que, hasta hace unos meses, se creía el rey de la casa. Para empezar, a sus papás dejaron de preguntarle por él y sólo les hablan de cómo crece la panza. La cuna que él dejó de usar volvió a su habitación, pero a la espera de su hermanito.

Algo más grave aún: ya le regalaron ropita y ¡hasta juguetes! "En principio, la llegada de un hermano va a despertar distintos sentimientos. Los celos y las regresiones son normales, siempre que sean transitorios y no se instalen situaciones de violencia ni caprichos importantes", explica el Lic. Carlos Títolo, psicoanalista.

Quisiera ser él

Según el licenciado, suele ocurrir que el hermanito mayor vea al bebé tomar el pecho de su mamá y se empiece a chupar el dedo, pero recién será una señal de alarma si persisten estas conductas y el niño, en lugar de seguir madurando, se estanca.

En relación a los clásicos besos exageradamente largos y fuertes de hermanos mayores a menores, el especialista asegura: "Muchas veces pareciera que necesita muchísimo intercambio de ternura con su hermano. Siente que no pueden enojarse con él, entonces hace una formación reactiva: en vez de enojarse, lo ama pero de manera 'sospechosa'. Debería poder ser hostil con su hermano, enojarse… es más, bienvenido sea", manifiesta el licenciado.

Por otra parte, indica que los celos serán más intensos cuanto menor sea la diferencia entre un hijo y otro, debido a que el primero no tuvo el tiempo necesario de disfrutar solo de su mamá. Y recomienda que la llegada de un nuevo bebé sea mínimamente luego de los dos años del anterior.

Sin querer, se fomentan

El psicoanalista aclara que muchas veces son los mismos padres quienes generan los celos entre hermanos, sin darse cuenta. "Frases como 'Te doy esto, pero no se lo digas a tu hermano', crean interferencia y promueven los celos. Se está suponiendo que el otro se va a poner celoso por algo que tal vez no tendría por qué molestarle y que en realidad está creado por los mismos padres", asegura el Lic. Títolo.

También asegura que los padres suelen creer –inconscientemente, claro– que entre sus hijos se darán relaciones fraternales iguales a las que ellos tuvieron con sus propios hermanos. Si ellos vivieron celos o envidias creen que entre sus hijos existirán esos sentimientos y por eso buscan evitarlos.

De todos modos, si los padres tienen en claro la relación con su núcleo primario, la situación será menos complicada. Por otro lado, el especialista hace hincapié en la importancia de la correspondencia entre las palabras y los hechos. "El mensaje será contradictorio si los hijos ven pelear a sus padres con sus hermanos. Sería algo así como: 'Ustedes se tienen que llevar bien, pero yo con mi hermano no lo hago', por ejemplo", explica.

Movilizaciones

La llegada de un nuevo hijo no sólo afecta al hermano mayor, sino que también incide directamente en los padres. "Genera toda una situación en relación a ellos y a aceptar que no se quiere a todos los hijos de la misma manera. Y que eso no está mal. Por el contrario: es normal. No significa que quieran más a uno que a otro. No es un tema de intensidad, sino de que son amores diferentes", puntualiza el especialista.

Por todo esto, para ayudarlos a manejar celos, los padres deberían respetárselos e inclusive blanquearlos. Explicarle a su hijo mayor que saben lo que está sintiendo, que lo entienden y que es algo sumamente natural.

Que un chico no hable no significa que no entienda. Puede asimilar –siempre que se le explique– que el nuevo bebé necesita determinados cuidados especiales, porque "es muy chiquito…" y que es más: él puede ayudar. Siempre que quiera y sin obligarlo se le puede dar un lugar de importancia invitándolo, por ejemplo, a cambiarle los pañales o participando del baño.

Por Paula Labonia / Asesoró: Lic. Carlos Títolo, psicoanalista, M.N. 28.312.

SEGUÍ LEYENDO