“Es más cómodo estudiar 3 o 4 clases de apoyo con todo condensado y listo. Así lo ve el chico y algunos padres también. Pretenden liquidar el tema con apoyo de profesora y no acompañan durante todo el año”. Silvina Zenobi, directora.
“Es más cómodo estudiar 3 o 4 clases de apoyo con todo condensado y listo. Así lo ve el chico y algunos padres también. Pretenden liquidar el tema con apoyo de profesora y no acompañan durante todo el año”. Silvina Zenobi, directora.

El domingo, mientras almorzábamos con amigos, le preguntamos al hijo de Ale: "¿Te volviste de la costa antes porque tenías que rendir una en febrero?" "Cuatro", acota el padre con una sonrisa sarcástica.

Dante toma su Coca light y aclara "Cuatro objetivos, viejo. Los doy al toque". Como Dante, son montones los chicos que se llevan materias a febrero.

Entre ellos están los que pueden tener dificultades con una materia o que van a escuelas demasiado exigentes. No nos referiremos a ese segmento, sino a los chicos que no tienen dificultades de aprendizaje, pero especulan con el momento del año en que les resulta más o menos cómodo ponerse a estudiar.

Los adolescentes dejan para febrero ponerse a estudiar, lo viven sin ansiedad
Los adolescentes dejan para febrero ponerse a estudiar, lo viven sin ansiedad

A la luz de la lógica adulta esto implica el riesgo de repetir el año y la posibilidad de –según la escuela a la que asistan– tener que salir corriendo a buscar colegio. Pero eso no está en sus cálculos, los chicos saben que aprueban a último momento y no les genera ansiedad. La pregunta es ¡¿por qué?!

¿SISTEMA PERMISIVO? Hablamos con profesionales que trabajan en educación secundaria y además tienen hijos adolescentes. La primera razón es lógica pura: el sistema lo permite.

Hay varias instancias de examen cuando un chico desaprueba. Se rinde por objetivo, el docente señala lo que está bien y está mal y el alumno tiene oportunidad de rever el problema más de una vez. La segunda también está clara: no tiene costo. El chico igual se va de vacaciones, participa de su fiesta de egresados, se va de viaje… Es decir, puede tirarse a chanta durante todo el año y rendir sin mucha exigencia en febrero.

Los exámenes en febrero parecen no dar opción a los padres: hay que tomar maestras particulares.
Los exámenes en febrero parecen no dar opción a los padres: hay que tomar maestras particulares.

¿Yo señor? No señor. Pues entonces, ¿la culpa quien la tiene? A los chicos les encanta echarles la culpa a los profesores: "La bruja mandó a examen a medio curso", "El profe nunca explica nada".

El tema es qué respondemos los padres. Puede que existan profesores que elijan llenarse de chicos en sus mesas de exámenes en febrero por el placer de trabajar extra por la misma paga, pero dudo que abunden. En esto Myriam Boclin (docente y tutora) es clara: "Es importante que los padres jueguen a favor del aprendizaje de los hijos. No prenderse de esas declaraciones que a veces no son las reales ni las que los favorecen como 'la profesora no tomó lo que dijo que iba a tomar'. Confiar en la escuela que eligieron. Asociarse con ella en la educación de los chicos. El objetivo de la institución es que el chico aprenda y debería ser el mismo para los padres".

Esto no exime de responsabilidad a los docentes. Silvina Zenobi, directora, lanza una mirada crítica desde su responsabilidad como educadora: "Es fácil ser profesor del alumno que no ofrece dificultad. El verdadero docente se prueba con el alumno al que tenés que acompañar en el aprendizaje. Los que van solos, siguen a pesar tuyo".

SOLO O ACOMPAÑADO. Los exámenes en febrero parecen no dar opción a los padres: hay que tomar maestras particulares. Está en riesgo la escolaridad del chico, la compañía de sus pares, inclusive el juicio de otras familias si fuera expulsado. Pero ¿lo que se necesita para pasar de año son horas y dinero extra en maestra particular? Zenobi, con una vasta experiencia como directora, aborda el conflicto desde el problema de la inmediatez y la falta de tolerancia por el proceso. "Es más cómodo estudiar 3 o 4 clases de apoyo con todo condensado y listo. Así lo ve el chico y algunos padres también. Pretenden liquidar el tema con apoyo de profesora y no acompañan durante todo el año. Hasta los docentes se ahorran un seguimiento individual". Está claro que a la hora de sacar las papas del fuego habrá que apostar por apoyos particulares, pero el problema sin duda es preexistente. Al chico no le fue mal en noviembre, está arrastrando materias desde mayo. Como dice Magdalena Zinkgraf, profesora e investigadora de la Universidad del Comahue: "A final del trimestre tenés notas. No es una novedad. Los padres buscamos responsables afuera sin instalar ningún sentido de responsabilidad. Nos tenemos que hacer cargo. Los actos tienen consecuencias". Aquí se abre el tema donde todas coinciden, lo que en la adolescencia se instala como reclamo y replanteos por parte del adulto: los límites. "En esta etapa el intento siempre es transgredir. Llevarse materias tiene que ver también con un llamado de atención", explica Boclin. ¿Y nosotros, los padres, cómo actuamos?  Poner límites no es fácil ni agradable, hay que sostenerlo en el tiempo y remar contra la corriente.

QUE NO SE FRUSTREN. Muchas veces los adultos no tenemos la paciencia de esperar a que resuelvan sus problemas y se los hacemos por ellos. Les evitamos la frustración que, sabemos, llegará de todos modos. Si los ayudamos a ser más autónomos, ¿no se distribuirá mejor la responsabilidad?

Pero claro, muchos padres temen al fracaso. Y aquí un dato para los adultos. Son pocos los chicos que repiten de año porque no aprueban las materias suficientes. Cuando efectivamente sucede que repiten, probablemente exista un problema que exceda lo académico.

Quizás algún motivo más relacionado con la conducta o algo con lo que la escuela no sepa lidiar. Previo a esa instancia, se cita a los padres en más de una oportunidad, se piden psicodiagnósticos, se abre un legajo. En general se intenta que los alumnos no queden por fuera del sistema. Llegado el caso habría que rever qué está sucediendo con el chico, la familia y la escuela para combinar los engranajes que favorezcan a ese alumno desde lo académico y lo social.

Probablemente lo que necesite sea un apoyo más desde lo psicológico y emocional que desde lo pedagógico. Para los padres puede sentirse angustiante, un fracaso. Lo importante será buscar la mejor alternativa para ese chico y encontrar una manera de acercarlo al interés por el aprendizaje.

Los exámenes son los que definen la nota, pero el aprendizaje se produce en el proceso

Resignificar a qué nos referimos como éxito o fracaso. Bien plantea el prestigioso escritor francés Daniel Pennac en su libro Mal de Escuela: "¿Adónde llegan los que han llegado?". Los exámenes son los que definen la nota, pero el aprendizaje se produce en el proceso.

La eterna búsqueda del equilibrio
Como padres, creo que a veces perdemos el norte dentro del imperativo de felicidad. Entre el "deber ser" y "mientras esté contento está todo bien" habrá que encontrar el punto de equilibrio. Crecer también duele. No hay soluciones mágicas, pero sí algunas medidas pueden ayudar a que este año no se repita la historia:

xNo dejarse estar, indagar a la primera nota baja, no esperar a que llegue fin de año.
xSer lo más adultos posibles, para adolescentes están nuestros hijos.
xSostener los límites y sus consecuencias.
xFomentar la autonomía de nuestros hijos para que logren solucinar sus problemas por sus medios.
xObservar si saben hacer una comprensión de textos, una síntesis y un análisis. Se aprende desde la primaria y es algo que necesitarán en la universidad.
xAcompañar, escuchar, guiar, no sólo resolver para obtener un resultado.
xMantener una comunicación fluida con la escuela durante el año. Por más que estén en la secundaria y que a ellos nos les guste que vayamos a la escuela hay que encontrar la manera de establecer diálogos con los docentes.
xPedir ayuda en la escuela para que acompañen y alienten el proceso.
xRepartir las responsabilidades que le tocan a cada cual.

Texto: MARIANA WESCHLER. Fotos: LATINSTOCK

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