¿Nunca es tarde?
por DANILA SAIEGH, periodista

De chica, la prioridad es la escuela y alguna clase de inglés o entrenamiento deportivo. De adolescente ya hay otros desafíos, desde olimpíadas de matemática o ensayos de teatro hasta una incipiente vida amorosa que se lleva gran parte del tiempo. Después la vida empieza a pasar muy rápido… La facultad, la profesión, el trabajo, pareja, familia. Así que básicamente lo vas pateando, pateando y recién encontrás tiempo para arrancar clases de comedia musical ahora, a los 35.

Recién encontrás tiempo para arrancar clases de comedia musical ahora, a los 35

Una vocecita dentro tuyo te arenga: "¡nunca es tarde para perseguir tus sueños!", pero la imagen que te devuelve el espejo, es decir, la de todas esas adolescentes esbeltas y llenas de coordinación con las que compartís la clase, te dice: "ya estás grande, querida, el conjunto calzas y malla no te estaría quedando; por qué no te hacés un posgrado en este tiempito que te sobra o metés una clase más de Pilates en la semana". Después de ese lindo debate indoor es cuando agarrás el control remoto de tu inconsciente y "muteás" estas vocecitas.

Si bien es cierto que si tu sueño es ser la protagonista de Chicago en Broadway y hasta los treinta lo más cerca que estuviste de la danza fueron las clases de ritmos latinos del balneario en Villa Gesell, quizás haya que soltar ese anhelo, pero si se trata de divertirte, sacarte las ganas y ver qué pasa, yo voto por esa opción. Conclusión: moderando las expectativas, flexibilizando el sentido del ridículo y practicando solidaridad con una misma, creo que efectivamente nunca es tarde para empezar, y la alegría y energía que proporciona animarse equivale a veinte clases de localizada. x

Demasiado temprano
por LUIS BUERO, periodista

El personaje Minguito solía decir un chiste: "Yo tengo plata para vivir el resto de mi vida sin trabajar, siempre y cuando me muera dentro de cinco minutos". Mi caso es parecido.
Sin embargo, creo que desde joven siempre pensé en lo lindo que sería el día en que me jubilara y no tuviera nada que hacer, al menos por obligación, y tiemblo cada vez que un político amaga con alargar el límite de la edad jubilatoria.

Pero no siento que tenga asignaturas pendientes vocacionales: quise ser escritor desde que era niño y lo logré. Veo gente que recién en la mediana edad, cuando sus hijos han crecido y partido a vivir solos, se anima a estudiar actuación, danza, una carrera universitaria, canto o natación.

En la existencia humana, la sociedad no te permite demasiado temprano el simple hecho de no hacer nada

A mí lo que siempre me impresionó es que en la existencia humana, la sociedad no te permite demasiado temprano el simple hecho de no hacer nada.

Lo descubro ahora con lo que le sucede a mi nieta. Nació hace seis años, y a los dos, casi tres, no recuerdo, pero sí que era muy chiquita, mi hijo y mi nuera la sacaron del mundo ideal de la vagancia infantil para meterla en una salita de jardín de infantes a "realizar actividades".

La nena no quería, pero se tuvo que adaptar, y allí empezó el periplo; ahora ya va a primer grado de doble escolaridad, luego le seguirá el secundario, la universidad, el trabajo, y bueno, el resto de la historia ustedes ya se la imaginan.

En síntesis, la sociedad nos mete en el sistema de las obligaciones demasiado temprano, teniendo en cuenta que tendremos que esperar 65 años, si llegamos vivos, para lograr el derecho a no hacer nada… y sólo si el dinero nos alcanza. x

ilustración VERÓNICA PALMIERI

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