En la galería con los mayores: Delfi y Ramón
En la galería con los mayores: Delfi y Ramón

"Mi casa es un gran rejunte: todo lo que ves acá son las cosas que nos regalaron después de que mi primera casa se prendió fuego", dice Rosario Lanusse (43) apenas cruzamos la puerta de entrada.

Así de livianito empezamos! Como para ir entrando en clima, ya les contaré bien", agrega entre risas. Cuando uno llega a hacer una nota a lo de una fotógrafa que no tiene ninguna exposición pública, no sabe bien con qué se puede llegar a encontrar. Pero nunca esperás la historia de un incendio arrasador que se llevó todo lo que tenía.

"Tremendo, ¿no? Con Marine siempre nos reímos de que nuestras historias desorientan, porque uno espera dos conchetas con la vida fácil", confiesa.

El árbolito de Navidad fue intervenido por Marine Maiztegui (@soloparami) con pinturas RustOleum para darle un look más personal. Las casitas son de Lu Mallea (de @weddingfactory). Los almohadones de pelos (Casa Lan) y las flores completan la postal de Navidad en tonos pastel.
El árbolito de Navidad fue intervenido por Marine Maiztegui (@soloparami) con pinturas RustOleum para darle un look más personal. Las casitas son de Lu Mallea (de @weddingfactory). Los almohadones de pelos (Casa Lan) y las flores completan la postal de Navidad en tonos pastel.

Marine es Marina Maiztegui, una decoradora y publicista con la que hace tiempo son dupla en producciones y dan clases de fotografía y estilismo para redes sociales. Las dos tuvieron su cuota de dramatismo, por eso las bromas; lejos de victimizarse, la aclaración temprana de Rochi era más por una apreciación estética: hay un eclecticismo evidente que se funda en esa historia de los muebles y objetos que su gente querida les cedió.

Los colores de paredes y puerta dan carácter al hall de entrada, que es de lo más sencillo.
Los colores de paredes y puerta dan carácter al hall de entrada, que es de lo más sencillo.

Sillones franceses, sillas de diseño contemporáneo y la vajilla de su mamá se integran en su casa, todos contenidos por el paraguas de esa estética tan propia que se ve en sus libros y fotos y hace un tiempo la convirtió en influencer (@rochilanu en Instagram).

Madre de cuatro chicos, directora de la revista Tigris y fotógrafa de decoración y gastronomía, no se entiende en qué momento Rosario Lanusse hace todas las cosas que hace, pero las hace y muy bien.

Meticulosa y exigente pero humilde, el trabajo, la dedicación y la generosidad a la hora de compartir experiencias fue la fórmula que la llevó a llenar sus clases de alumnas y a ser convocada por empresas de la talla de Facebook o Yahoo para dar sus talleres. Sencilla y cálida, su casa en Tigre es su más fiel reflejo.

El arreglo de Itas Flowers es un detalle fundamental.
El arreglo de Itas Flowers es un detalle fundamental.

TEÑIR DE COLOR ROSA. Rochi Lanusse es la tercera de los ocho hijos que tuvieron Patricio y Clara, cinco mujeres y tres varones. Su papá es un ingeniero agrónomo que después de trabajar años en La Rioja y tener un frigorífico, terminó –casi accidentalmente– revolucionando el mercado inmobiliario de la mano de Eidico, un sistema de desarrollo de barrios privados que tiene su punto más caliente en la zona de Rincón de Milberg.

"Yo siempre digo que fui una malcriada, pero en el buen sentido. Tengo unos papás incondicionales que al día de hoy nos reciben con los nietos todos los fines de semana, ¡son lo más divino que hay!", cuenta.

Armado con muebles de diversos orígenes, los sillones franceses se actualizan con las mesitas redondas más contemporáneas.
Armado con muebles de diversos orígenes, los sillones franceses se actualizan con las mesitas redondas más contemporáneas.

Lejos de la crianza en el montón, para Rochi sus papás son el mejor ejemplo de los padres atentos a las necesidades de los hijos; sin ir más lejos, hoy las cinco Lanusse viven en Altamira, el barrio en el que están ellos también. "Cuando nosotros nos casamos, nos fuimos a Santa María de Tigre, a una casita finlandesa prehecha que mi viejo había traído en un barco", se acuerda. A su marido, Pedro Duggan (47), lo conoció a los 17 años en un boliche y desde entonces están juntos.

El comedor diario ocupa un lugar fundamental, más que nada porque Rochi es muy cocinera y disfruta del momento de sentarse a la mesa.
El comedor diario ocupa un lugar fundamental, más que nada porque Rochi es muy cocinera y disfruta del momento de sentarse a la mesa.

"Peter era bastante peligroso, tenía fama de anticandidato", se acuerda riéndose. Una historia casi de novela: Pedro había dejado el colegio para empezar un trabajo en la bolsa de valores; Rochi, en cambio, era la buena alumna del colegio de San Isidro que estaba a punto de empezar Comunicación en la Universidad Austral.

"El día que nos conocimos me empezó a perseguir por todo el boliche, tanto que yo pensé que estaba borracho y le dije: 'salí, estás borracho'. Típico, fue a decirle a uno de mis primos que conocía que le diera una mano, y mi primo le dijo: '¿con Rochi? Olvidate, no hay chance'".

El comedor
El comedor

Con insistencia y bastante tenacidad, un año después dio libre las materias que le faltaban para terminar el secundario, se recibió y terminó saliendo con la alumna diez.

"Peter es lo más: un tipo optimista, cero víctima, y tiene un corazón gigante. Yo siempre me río de que hasta mi gente lo quiere más a él que a mí: yo soy la bruja que pone los límites y él el santo", confiesa. Un poco hijo adoptivo de sus padres, el hecho de que estén juntos desde tan chicos y que ella tuviera una familia tan cercana mientras que la de él estaba un poco más dispersa, ayudó a que se convirtiera en uno más en lo de Lanusse. "Papá es re carpintero de toda la vida y resultó que a Peter le encanta y es bueno también, así que se pasan horas en el galpón. Hicieron todos los bancos de la capilla de Costa Esmeralda, ponele", cuenta ella. A los 25 años ya se estaban casando y poco después nacía Ramón (17), su hijo más grande.

En el comedor, la mesa que era de sus padres, que mandaron a hacer en La Rioja y se actualizó con sillas de diseño más net (Estudio Lan). El espejo fue un encargo especial de ella a su papá.
En el comedor, la mesa que era de sus padres, que mandaron a hacer en La Rioja y se actualizó con sillas de diseño más net (Estudio Lan). El espejo fue un encargo especial de ella a su papá.

EMPEZAR DE CERO. "Es raro, pero con Pedro siempre decimos que el recuerdo que nos quedó del incendio no es feo sino lindo. Nunca en mi vida me sentí tan querida como en ese momento y creo que lo que aprendí no me lo olvido más", cuenta.

En ese momento ya se había recibido en la facultad y había creado Tigris, la revista que depende de Eidico y que todavía dirige. Tenía a Ramón de 2 años y estaba embarazada de Delfina (15) (después llegaron Lucía, de 11 y Felicitas, de 5) cuando una estufa mal instalada se llevó puesta su casa, su auto y todo lo que tenían adentro.

En un rincón del comedor, las tazas y los platos.
En un rincón del comedor, las tazas y los platos.

"Pedro tenía que trabajar el fin de semana, entonces una de mis hermanas me convenció de que me fuera con ellos al campo, a Córdoba", se acuerda. La secuencia es que él estaba durmiendo y se despertó porque sintió calor y en segundos tuvo que salir arrastrándose por el piso para ver cómo su casa se reducía a la nada. Rosario todavía se acuerda cómo la hicieron volver de Córdoba, embarazada de seis meses, con la excusa de que su suegra se sentía mal: "No me dejaron manejar, yo no entendía la exageración. Cuando estábamos llegando me llamó uno de la guardia dando por sentado que ya sabía lo que había pasado; así me enteré".

Cocinera y coautora de un libro, Rochi es de las que pasan mucho tiempo en la cocina.
Cocinera y coautora de un libro, Rochi es de las que pasan mucho tiempo en la cocina.

"Es muy fuerte la sensación de quedarte así, sin nada, de un día para el otro. Ramón, por ejemplo, no tuvo partida de nacimiento hasta los 6 u 8 años, terminamos reuniéndonos con unos canas que alguien conocía en un bar para que nos ayudaran a hacer una, ¡todo delirante!", se ríe. Lejos de las risas de ahora, esos tiempos de quedarse sólo con lo puesto y tener que volver a lo de sus papás con un hijo y otra beba en camino estuvieron marcados por el llanto.

El cuarto principal es amplio y de estilo más bien romántico. La ropa de cama marca el tono (Angelina linen), igual que los sillones Luis XV, mientras que las mesas de luz dan un toque moderno (Q furniture).
El cuarto principal es amplio y de estilo más bien romántico. La ropa de cama marca el tono (Angelina linen), igual que los sillones Luis XV, mientras que las mesas de luz dan un toque moderno (Q furniture).

"Me acuerdo de meterme en la cama a la noche y llorar y que Peter me dijera: 'dejá de llorar que todavía no sabemos cómo salí así de sanito'. ¡Imaginate si encima de perder todo te quedaba un marido con injertos en la cara!", cuenta. "Él tiene un sentido del humor y un empuje impresionantes, capaz porque él mismo no tuvo una vida tan fácil. ¡Es un resiliente total! Yo siempre digo que fui mucho más feliz gracias a él", asegura.

En el cuarto de las chicas, las flores y los tejidos artesanales siguen la línea.
En el cuarto de las chicas, las flores y los tejidos artesanales siguen la línea.

Todo lo que podía salir mal, salió mal: el peritaje enseguida arrojó que el gasista matriculado había hecho mal la instalación y, aunque tenían seguro, algo estaba mal en el contrato y no les cubrió. "Lo peor es que como acababa de ser el 2001 y el corralito nos había agarrado casi todo, lo que pudimos sacar de nuestros ahorros lo teníamos en una caja fuerte que supuestamente era ignífuga: por supuesto que de la caja no quedó nada", se acuerda. "Igual, en ese momento fue como que tuvimos una gran resignación. ¿Iba a hacerle un juicio al gasista que seguramente no tenía un mango tampoco? Seguir salpicando el problema no te devuelve nada", reflexiona. Ahí es donde aparece la generosidad de todo el entorno, que los ayudó a volver a empezar. "Yo no tenía idea de lo generosa que es la gente hasta que no estuve en esa situación", asegura.

El vitreaux del pasillo es uno de los spots favoritos de la fotógrafa.
El vitreaux del pasillo es uno de los spots favoritos de la fotógrafa.

A 15 años del incidente ya no se puede adivinar, más que por la falta de fotos o los muebles que –sin excepciones– tienen una carga emocional enorme. Esta casa fue la que construyeron después de meses de vivir con sus padres y con mucha ayuda y esfuerzo. "Mi casita era soñada, la había puesto divina y era nuestra primera casa. Pero si algo aprendí es que las cosas van y vienen: hoy las tenés y mañana no", asegura.

"Mirá la pavada del detalle, pero cuando se prendió fuego todo yo estaba embarazada, con lo cual dos pantalones míos que amaba se los había dado a mi hermana. Me acuerdo que ella no los quería agarrar y yo le insistí que se los llevara. Cuando pasó todo, vino un día diciendo: 'mirá lo que tengo'. Lo único que me quedó fue lo que había prestado", concluye.

Textos: Lucía Benegas  (lbenegas@atlantida.com.ar) Fotos: Alejandro Carra