
Panamá ratificó la declaratoria del estado regional de alerta preventiva para el sector agrícola de los países frente a los posibles efectos del fenómeno El Niño 2026-2027.
La decisión, dijeron las autoridades agropecuarias, responde a la necesidad de fortalecer las capacidades regionales para anticipar posibles impactos sobre la producción agropecuaria, la disponibilidad de alimentos y los medios de vida de las personas productoras, mediante una respuesta articulada entre los países miembros.
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El pronunciamiento se realizó durante un diálogo regional organizado junto con la Secretaría Ejecutiva del Consejo Agropecuario Centroamericano (SECAC), en el que participaron autoridades, especialistas y representantes de los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), para analizar el impacto previsto de El Niño y compartir experiencias sobre mecanismos de preparación y respuesta.
La perspectiva climática de agosto-octubre de 2026, presentada recientemente por el Foro del Clima y el Foro Hidrológico de América Central, reitera que la región enfrentará un escenario de El Niño fuerte, con una intensificación prevista a la categoría de El Niño muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026.
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Estas condiciones incrementan el riesgo de afectaciones sobre la producción agropecuaria y constituyen la base técnica que motivó a los ministros y ministras de Agricultura de los países del SICA a fortalecer las acciones de preparación y coordinación regional mediante la ratificación de la declaratoria del estado regional de alerta preventiva para el sector agropecuario.

En la mayor parte de Centroamérica, según se informó, se esperan precipitaciones por debajo de lo normal y que, con excepción de Panamá, el período se presentó de forma anticipada y se prolongaría hasta finales de agosto.
“La evidencia científica nos permite anticipar escenarios y prepararnos mejor para actuar frente a fenómenos climáticos cada vez más intensos. En este contexto, las reservas estratégicas de alimentos representan una herramienta fundamental para fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios y reducir el impacto sobre las poblaciones más vulnerables”, destacó el subdirector general y representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe, Rene Orellana Halkyer.
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El subdirector general de la FAO recordó que los eventos climáticos extremos están modificando los patrones de temperatura y precipitación, incrementando las sequías, inundaciones, olas de calor e incendios forestales que afectan directamente la producción agrícola y los medios de vida rurales.
De acuerdo con la FAO, América Latina y el Caribe concentra el 22 % de las pérdidas mundiales ocasionadas por desastres climáticos en la agricultura, equivalentes a aproximadamente $713 mil millones entre 1991 y 2023, lo que evidencia la necesidad de fortalecer medidas preventivas y de gestión del riesgo.
Durante el encuentro se destacó que las reservas estratégicas de alimentos, particularmente de granos básicos, permiten anticiparse a escenarios de escasez, responder oportunamente durante emergencias, estabilizar los mercados en períodos de alta volatilidad de precios y garantizar la continuidad de programas de protección social y asistencia alimentaria.
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Asimismo, se compartieron experiencias exitosas de la región, como el caso de las agroferias del Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) de Panamá, que según se dijo benefician cada año a cientos de miles de familias mediante alimentos a precios accesibles.
No obstante, en un documento la propia institución señala que enfrenta una serie de debilidades que, de no ser corregidas, podrían dificultar el cumplimiento de sus metas.
Estas debilidades se centran en las infraestructuras obsoletas, actualización de los sistemas de manejo, control y certificación, la subutilización de recursos, la limitación presupuestaria, la falta de personal operativo y agroindustrial, regionales. y agroindustrial, regionales.
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Las instalaciones no están operando a su capacidad máxima, lo que representa una pérdida de potencial operativo y un uso ineficiente de los recursos disponibles.
Esta subutilización, señala la entidad, se ve agravada por la falta de almacenamiento bodegas modernas de con tecnología de punta, lo que dificulta el manejo adecuado de los productos y control de plagas; con el consiguiente aumento de pérdidas postcosecha.

Además, estas instalaciones no están diseñadas ni equipadas para un manejo y conservación óptimo de los productos almacenados, lo que afecta su calidad y vida útil, sostiene la institución.
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