Las labores agropecuarias en Panamá están en manos de 275,143 productores, de los cuales 118,449 tienen edades comprendidas entre 45 a 65 años y más, mientras que solo 93,405 están en el rango de menos de 21 a 44 años.
Las estadísticas, obtenidas durante el último censo agropecuario realizado en 2024, reflejan los síntomas de un sector que envejece en un país en donde la faena productiva del campo garantiza hasta el momento la seguridad alimentaria.
De agravarse esta situación se pondría en aprietos la actividad agrícola pecuaria, toda vez que el mayor envejecimiento de los productores se da precisamente en el granero de la nación, la provincia occidental de Chiriquí, fronteriza con Costa Rica.
Allí, de un total de 49,992 productores, unos 34,295 tienen de 45 a 65 años y más, en tanto que 15,649 llegan a menos de 21 a 44 años de edad, revela el dato censal.
De las 2,561,672.13 hectáreas sembradas en el país, Chiriquí acapara la mayoría, produciendo la mayor cantidad de arroz, tubérculos, raíces y granos, de acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agropecuario.

La poca atracción que sienten los jóvenes por las labores del campo se agrava en las comarcas indígenas de Kuna Yala y Emberá, donde de un total de 2,994 productores solo 61 y 33 tienen 21 y menos años de edad, respectivamente.
El fenómeno tendrá serias repercusiones, reconoce Rodrigo Araúz, un experimentado productor de arroz con más de 15 años en la actividad, quien fungió como vicepresidente del comité administrativo del Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego, además de vicepresidente y fundador de la Federación Centroamericana del Arroz.
Califica la situación como “caótica” en cuanto al relevo generacional y explica que la mayor parte de los productores están agotados, luego de dedicarle toda una vida a estas labores, trabajando incluso sin seguridad social.
Se dedicaron a criar a sus hijos, quienes han sido testigos de las penurias que en muchas ocasiones se pasa, por lo que ahora estudian, se van buscando otros horizontes, e incluso sus padres no quieren que se envuelvan en una actividad cada vez más incierta.
En opinión de Araúz, en el agro no hay estabilidad, ni en la producción y menos en las ventas, amén de un rezago tecnológico, por lo que los jóvenes prefieren aspirar a otras fuentes de trabajo, ya sea en el gobierno o en la empresa privada.
Sostiene que hay una cantidad de jóvenes que se inscriben en la facultad de agronomía, pero que se preparan para ser funcionarios o ingenieros en una casa comercial, en vez de seguir el camino trazado por sus padres o abuelos.
Por si fuera poco, el sector está cada vez más afectado por el cambio climático y actualmente resiste los embates del Tratado de Promoción Comercial (TPC) firmado entre Panamá y Estados Unidos en junio de 2007, que entró en vigencia en octubre de 2012.
Gradualmente, el tratado fijó una desgravación arancelaria que llevará a los productos agropecuarios panameños a un arancel de 0%, propiciando un incremento en las importaciones procedentes de la nación norteña.
Lo que prometía ser una incursión sin precedente de productos panameños al mercado estadounidense, se ha convertido hoy día en una odisea para los productores, que han visto como se ha ido desprotegiendo al sector.
Este 2026 la carne de cerdo bajará a 0%, al igual que el maíz, la leche fluida y la carne bovina deshuesada, mientras que el arroz, grano preferido de los panameños, que anualmente consumen unos 73 kilos per cápita (162 libras), tiene como destino llegar al 0% en el 2031.

Panamá siempre ha insistido en renegociar el TPC, ante la negativa de su contraparte estadounidense, y en 2025 instaló una comisión de revisión agrícola, prevista en el tratado comercial, de la cual no hay mayor información.
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