El verano de 2001 encontró a Michael Jackson en uno de los momentos más turbulentos de su vida. Tenía 43 años, y aunque el mundo seguía viendo en él al Rey del Pop, por dentro el hombre se desmoronaba. Llevaba meses envuelto en una guerra silenciosa con Sony Music, su discográfica, convencido de que no tenían ningún plan de marketing para su próximo álbum, Invincible, y de que sus propios managers, la firma conocida como The Firm, no estaban luchando por sus intereses. En su mente, ambas partes conspiraban para arrebatarle su participación en el valioso catálogo de los Beatles. La paranoia lo consumía. La desconfianza se había vuelto su estado natural.
Frank Cascio, uno de sus amigos más cercanos y su asistente de confianza durante más de dos décadas, fue testigo directo de ese deterioro. En su libro de memorias My Friend Michael, publicado en 2011, Cascio describe con crudeza cómo Jackson había llegado a ese punto: el perfeccionismo que frenaba la conclusión del álbum, las obligaciones filantrópicas con el rabino Shmuley Boteach, la preocupación por sus hijos y el impacto que la medicación ya estaba teniendo sobre su claridad mental. “No estaba tan lúcido como había estado en el pasado”, escribió Cascio.
Una llamada que lo cambio todo
Fue durante el rodaje del videoclip de “You Rock My World” —el primer sencillo de Invincible— cuando ocurrió el episodio que Cascio recuerda como uno de los más devastadores que le tocó presenciar.

John McClain, asesor de larga data de la familia Jackson, llamó a Frank con un encargo delicado. El director del video, Paul Hunter, quería usar maquillaje para oscurecer la piel de Michael y rellenar su nariz con masilla (putty) para el rodaje. McClain le pidió a Cascio que le transmitiera la sugerencia al cantante.
Cascio se negó de inmediato. “No puedo tener esta conversación con Michael”, le respondió, según narra en su libro. “No hay manera de que acepte algo así.”
Pero McClain habló con Jackson de todos modos. Poco después, Cascio recibió una llamada de Karen Faye, la maquilladora de Michael, desde la habitación del cantante. Faye estaba en pánico: Jackson se había encerrado en el baño y se negaba a salir. Cuando Cascio llegó al cuarto, escuchó al cantante destrozando cosas adentro. Intentó llamar su atención, pero el caos continuó hasta que un golpe tan fuerte lo alarmó que comenzó a intentar derribar la puerta.
Finalmente, Michael le abrió.
Lo que Cascio encontró al entrar quedó grabado en su memoria. Jackson estaba sentado en el suelo. Tenía el cabello a medio cortar, pues la noticia lo había sorprendido en medio de un corte de pelo. Se cubría el rostro con las manos y lloraba.
“¿Puedes creerlo?”, le dijo Michael entre lágrimas, según el relato de Cascio. “¿Creen que soy feo? ¿Quieren ponerme masilla en la nariz? ¿Qué diablos les pasa? Yo no les digo cómo deben verse ellos”.

Y luego, una y otra vez, repitió la misma frase: “Creen que soy un fenómeno. Creen que soy un fenómeno. Creen que soy un fenómeno”.
Para Cascio, ver a Michael en ese estado fue devastador. “Esto no era Michael Jackson el ícono”, escribe en el libro. “Era Michael Jackson en su momento más vulnerable, más humano, siendo empujado al límite”.
Una herida que venía de lejos
Para entender por qué esa sugerencia lo afectó con tanta violencia, hay que conocer la historia de su nariz. Lo que en los años previos a Thriller había sido una intervención quirúrgica discreta —una rinoplastia aparentemente menor, quizás relacionada con una fractura durante un ensayo de baile a finales de los 70— se convirtió con el paso de los años en una serie de operaciones que dejaron su rostro irreconocible. En esa época, los comentarios sobre su apariencia eran cada vez más severos en la prensa.
Jackson siempre sostuvo públicamente que solo se había operado dos veces la nariz, y que lo había hecho por razones médicas: para respirar mejor y alcanzar notas más altas. Sin embargo, los testimonios de los médicos que lo trataron cuentan una historia diferente.

El profesor Werner Mang, reputado especialista en rinoplastias, fue llamado en 1998 por el cirujano habitual de Jackson, el doctor Steven Hoefflin, para hacer una reconstrucción de emergencia. Al examinar al cantante, Mang encontró una situación alarmante: la piel del rostro estaba estirada como un pergamino y la punta de la nariz era inestable. Tomó cartílago de la oreja de Jackson para reconstruirla. “La nariz de Michael Jackson estaba cayéndose a pedazos”, declaró Mang en un documental de la realizadora Daphne Barak. Tras la operación, sentenció: “Michael Jackson no debería volver a hacerse ninguna cirugía estética en el rostro. Es peligroso”.
Por su parte, el doctor Arnold Klein, dermatólogo de Jackson, confirmó en una entrevista con Larry King en CNN que el cartílago de la nariz había colapsado por completo y alegó que él mismo había tenido que intervenir usando rellenos.
El dermatólogo también opinó sobre las cirugías que consideraba excesivas: “El secreto está en saber cuándo parar”. Y al referirse a la obsesión de Jackson con su nariz, añadió una razón emocional: su padre y sus hermanos se habían burlado de ella durante años, lo que lo dejó con una hipersensibilidad profunda hacia ese rasgo.
“Ellos te necesitan a ti, tú no los necesitas a ellos”

Cascio canceló el rodaje ese día. Luego fue a buscar a McClain y al director Paul Hunter para dejar las cosas claras: “John, no puedo creer lo que le dijiste a Michael. Vamos a terminar este proyecto, pero no habrá más conversaciones sobre la apariencia de Michael en el video. Si eso es un problema, nos vamos del set para siempre y asumimos las consecuencias”. Aquella tarde, él y Jackson se encerraron en sus habitaciones del hotel y no salieron.
Mientras Jackson lloraba en el suelo del baño, Cascio no intentó convencerlo de nada, no le señaló ninguna verdad incómoda. De hecho, el cantante solía ignorar los titulares escandalosos sobre el estado de su rostro.
“No existe un bien o un mal objetivo en la apariencia de una persona”, escribió en su libro. Su consejo fue simple: no escucharlos. “Podemos alejarnos de esto”, le dijo. “Ellos te necesitan a ti, tú no los necesitas a ellos”.
En sus memorias, Cascio reflexiona largamente sobre lo que impulsó a Jackson a modificar su cuerpo de manera tan extrema. “Las cirugías plásticas en su nariz fueron, como tantas de sus excentricidades, intentos de ejercer algún tipo de control sobre su propio destino y su felicidad”, escribe. Esas operaciones, dice, no lo hicieron normal. Y, a ojos de muchos, tampoco lo hicieron más bello. “Lo que sí hicieron fue convertirlo en Michael”.
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