
En lo que va de 2026, Panamá acumula 675 casos de malaria hasta el 31 de enero, con 117 nuevos contagios notificados en la última semana reportada.
Las cifras confirman que la transmisión se mantiene activa y que el país enfrenta un escenario distinto al observado hace menos de una década, cuando la enfermedad parecía estar bajo mayor control.
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El repunte ocurre después de que en 2025 se registraran las primeras muertes por malaria desde 2017, un dato que encendió las alertas sanitarias en medio de un incremento sostenido de casos.
En 2023 se notificaron 11,659 contagios y en 2024 el año cerró con 15,109 casos, lo que evidenció una expansión progresiva de la transmisión, especialmente en comarcas y zonas rurales con limitada cobertura de servicios básicos.
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La malaria —también conocida como paludismo— es una enfermedad infecciosa causada por parásitos del género Plasmodium y transmitida principalmente por la picadura de mosquitos hembra del género Anopheles infectados.

Aunque es prevenible y tratable, puede evolucionar rápidamente hacia cuadros graves si no se diagnostica y atiende de forma oportuna.
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Los síntomas iniciales suelen aparecer entre 9 y 17 días después de la picadura del mosquito. En su fase temprana, la enfermedad puede confundirse con un cuadro viral común: fiebre alta intermitente, escalofríos intensos, sudoración profusa, dolor de cabeza persistente, debilidad marcada, fatiga extrema y dolores musculares generalizados. También pueden presentarse náuseas, vómitos, pérdida del apetito y dolor abdominal.
En los casos más severos, especialmente cuando se trata de infecciones por Plasmodium falciparum, la malaria puede provocar complicaciones graves como anemia severa por destrucción masiva de glóbulos rojos, insuficiencia renal aguda, ictericia, dificultad respiratoria, alteraciones neurológicas y la llamada malaria cerebral, que puede causar convulsiones, coma e incluso la muerte.
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Niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunológicos debilitados son particularmente vulnerables.
Las autoridades sanitarias han vinculado el aumento de casos a factores estructurales y ambientales. Entre ellos destacan la movilidad humana hacia zonas de transmisión activa, la migración irregular por áreas selváticas, la expansión de actividades extractivas y los efectos de la variabilidad y el cambio climático, que favorecen la proliferación del mosquito vector y amplían su rango geográfico.
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El escenario panameño no es aislado. En América Latina, varios países han reportado fluctuaciones en los casos de malaria tras los retrocesos observados durante la pandemia de COVID-19, cuando se interrumpieron campañas de control vectorial y diagnóstico oportuno.
Naciones de la región amazónica continúan concentrando una parte importante de los casos regionales, mientras que Centroamérica enfrenta desafíos relacionados con movilidad poblacional y cobertura desigual en áreas rurales.
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En el mismo informe epidemiológico que reporta los datos de malaria, el Ministerio de Salud detalló la situación de otras enfermedades transmisibles en el país.
En la semana epidemiológica N.°4 se notificaron 637 casos de dengue, de los cuales 72 presentaron signos de alarma y uno fue clasificado como dengue grave. También se reportaron 46 casos de leishmaniasis en la semana, para un acumulado de 148 en lo que va del año.
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En cuanto a influenza, el informe indicó cuatro defunciones en la semana analizada, para un acumulado de 19 muertes en 2026. La mayoría de las personas fallecidas no contaba con vacuna y presentaba factores de riesgo asociados, como enfermedades metabólicas o cardiovasculares.

Las autoridades reiteran que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente a la malaria. Entre las recomendaciones están el uso de mosquiteros tratados con insecticida en áreas de transmisión, aplicación de repelentes, eliminación de criaderos de mosquitos y consulta médica inmediata ante síntomas compatibles con la enfermedad, especialmente después de haber estado en zonas endémicas.
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El reporte además señala 46 casos de leishmaniasis en la semana, para un acumulado de 148 en lo que va del año, así como dos casos de gusano barrenador en humanos, que elevan el total acumulado a siete casos en 2026. En cuanto a hantavirus, no se registraron nuevos contagios en la semana analizada, aunque se actualizó un caso correspondiente a semanas anteriores.
En el ámbito de enfermedades respiratorias, se reportaron 706 casos de síndrome gripal y 322 casos de infecciones respiratorias agudas graves (IRAG), que incluyen bronconeumonías y neumonías. Además, se notificaron cuatro defunciones por influenza en la semana, para un acumulado de 19 muertes en 2026, la mayoría en personas no vacunadas y con factores de riesgo preexistentes.
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