
Hay una historia sobre el bambú japonés que dice que, después de ser sembrado, durante siete años pareciera que nada sucede, la tierra permanece quieta, el agricultor riega, cuida, espera y, desde afuera, la semilla parece no responder. Hasta que, después de ese largo tiempo, el brote aparece y en pocas semanas alcanza una altura extraordinaria.
La historia tiene una explicación sencilla y una metáfora poderosa: durante esos años, el bambú estaba construyendo debajo de la tierra el sistema de raíces que después le permitiría crecer con semejante fuerza. Y esa es una buena imagen para pensar en el momento actual de los liderazgos de la Argentina.
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La campaña ya empezó, sí, pero solo para la política. Y cuando la política entra en modo campaña, en la superficie aparece la pregunta: ¿quiénes son los candidatos capaces de ganar? Quizás valga la pena detenernos un momento antes y hacernos otra: ¿qué tipo de liderazgo puede volver a conectar la política con una sociedad que hoy está mirando hacia otro lado? Esa sociedad está atenta a sus preocupaciones y no tiene tiempo ni interés en saber qué caras van a estar en una boleta, porque está pensando en su trabajo, en llegar a fin de mes, en estudiar, en poder proyectar, en criar a sus hijos, en tener tiempo.
Entre esos dos mundos, política y sociedad, aparece un desafío enorme: construir liderazgos capaces de hacer que la política vuelva a ser una conversación relevante para quienes tienen una vida que vivir además de la política, y una de las tareas más importantes de los liderazgos que vienen será ayudar a construir una imagen de futuro que tenga la fuerza suficiente para volver a convocarnos.
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Durante mucho tiempo, buena parte de nuestra identidad política estuvo organizada alrededor de recuperar algo que habíamos perdido, volver a un lugar que habíamos conocido o discutir quién tuvo la responsabilidad de traernos hasta acá. El pasado ocupa un espacio enorme en nuestras conversaciones públicas. El futuro necesita más lugar.
Eso probablemente tenga menos que ver con que los candidatos puedan construir una identidad alrededor de un adversario y mucho más con construir una dirección alrededor de un sueño común, y para que ese sueño pueda convertirse en realidad, también hacen falta liderazgos capaces de imaginarlo, de construir acuerdos alrededor de él y convertirlos en decisiones. Liderazgos que empiecen a formarse mucho antes de una candidatura, cuando todavía no hay una campaña que ganar.
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¿Cuántas veces escuchamos cambio o continuidad? El cambio ya está entre nosostros, los liderazgos que vienen tendrán que responder demandas mucho más complejas: ¿cómo trabajamos en un mundo donde la tecnología transforma cada vez más rápido nuestras tareas?, ¿cómo educamos cuando el conocimiento dejó de estar concentrado en un aula?, ¿cómo producimos y competimos en una economía que cambia?, ¿cómo construimos comunidad?, ¿qué significa vivir bien en este país mañana, el año que viene, y dentro de diez, veinte o treinta años?, ¿cuál es nuestro sueño argentino?
Una candidatura puede presentarse en una boleta en pocos meses, una campaña en semanas y una elección se resuelve en un día, pero la capacidad de liderar se construye mucho antes: en la escucha, en la formación, en la experiencia, en el conocimiento del territorio, en la comprensión de los problemas reales y, sobre todo, en la definición de para qué se quiere ejercer el poder. También en el encuentro con otros, en la posibilidad de aprender de quienes piensan diferente y en la capacidad de transformar una preocupación en una propuesta y una propuesta en un proyecto colectivo.
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El bambú ofrece una última enseñanza. Cuando finalmente aparece sobre la tierra, el crecimiento parece repentino. Pero aquello que vemos es el resultado de un proceso que comenzó mucho antes y que durante años ocurrió fuera de la mirada mainstream.
Quizás los liderazgos que logren emerger sean aquellos que hoy están dispuestos a hacer ese trabajo silencioso: mirar hacia adentro, mirar alrededor, encontrarse con otros y preguntarse qué futuro vale la pena construir. Tal vez la buena noticia sea que ese proceso ya está ocurriendo, y cuando llegue el momento, esa nueva forma de liderazgo político que tanto nos hace falta se mostrará con fuerza porque no estaba ausente, estaba desarrollando sus raíces.
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