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Mora crediticia: no hay magia para solucionar este problema

La irregularidad de los préstamos a familias se multiplicó por cinco en año y medio. Los datos del gobierno no resisten el análisis y las salidas posibles son pocas y ninguna indolora

Persona de espaldas sentada en una mesa de cocina con papeles, una calculadora, billetes, una ventana y utensilios.
Milei dijo que "Argentina tiene un nivel muy bajo de crédito en relación con el PBI, y comparó la mora local con la de Estados Unidos" (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En sus últimos discursos, Javier Milei dedicó una parte importante de su exposición en la Bolsa de Comercio de Rosario al aumento de la morosidad. En esa ocasión buscó relativizar el problema al resaltar, entre otras cosas, que Argentina tiene un nivel muy bajo de crédito en relación con el PBI, y comparó la mora local con la de Estados Unidos.

El dato de crédito/PBI es correcto y lo comparto plenamente: en más de una oportunidad lo marqué como uno de los problemas de la economía argentina.

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El problema de Argentina no es tanto la baja tasa de crédito/PBI, sino que la gente, ante las reiteradas confiscaciones e impuestazos, optó por depositar sus ahorros en el exterior o guardarlos en cajas de seguridad, con lo cual la capacidad prestable del sistema financiero es muy baja. Si a eso se suman altos encajes y un sistema financiero que compra gran cantidad de títulos públicos, el resultado es una tasa de interés elevada que desplaza al sector privado del mercado crediticio.

El problema de Argentina no es tanto la baja tasa de crédito/PBI, sino que la gente, ante las reiteradas confiscaciones e impuestazos, optó por depositar sus ahorros en el exterior o guardarlos en cajas de seguridad

Pero la mora de los hogares con el sistema financiero que estamos viendo no es tanto un problema de baja tasa de ahorro, sino que tiene que ver con el nivel de ingreso de la gente.

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Pensemos en dos países. En uno, el crédito representa el 100% del PBI, pero las familias tienen ingresos elevados, préstamos hipotecarios a 20 o 30 años y tasas de interés bajas. En el otro, el crédito representa solo el 12% del PBI, pero una parte de los hogares toma préstamos personales o financieras consumos con tarjeta a tasas elevadas y con ingresos que no crecen al mismo ritmo que sus gastos. ¿En cuál de los dos tienen más dificultades los deudores? El dato crédito/PBI, por sí solo, no permite contestar la pregunta.

Variación de la irregularidad en los pagos

En noviembre de 2023, antes del cambio de gobierno, la irregularidad de los préstamos a las familias era del 2,7%. A fines de 2024 estaba en 2,5%. En junio de 2025 había trepado al 5,2%. Y el último Informe sobre Bancos, correspondiente a junio de 2026, la ubica en 12,8 por ciento.

En noviembre de 2023, antes del cambio de gobierno, la irregularidad de los préstamos a las familias era del 2,7%, ahora es de 12,8 por ciento (Foto: Reuters)
En noviembre de 2023, antes del cambio de gobierno, la irregularidad de los préstamos a las familias era del 2,7%, ahora es de 12,8 por ciento (Foto: Reuters)

No se trata de una pequeña variación estadística. Entre diciembre de 2024 y junio de este año, la proporción de créditos familiares en situación irregular se multiplicó por más de cinco.

Esto no significa que Argentina esté frente a una crisis bancaria, pero si la mora sigue creciendo puede transformarse en un problema sistémico: los créditos que se otorgaron y ahora no se cobran provienen de los depósitos de la gente. Si esos depósitos se pierden, el problema será de otro orden.

Esto no quiere decir que la solución sea que el Estado salga a rescatar a quienes tomaron créditos que no pueden pagar. Los contratos deben cumplirse y una intervención estatal que obligue a los bancos a refinanciar, congele tasas o socialice las pérdidas terminaría castigando a quienes no se endeudaron o hicieron el esfuerzo de pagar sus obligaciones.

Los créditos que se otorgaron y ahora no se cobran provienen de los depósitos de la gente

Argentina tiene una larga trayectoria en la que el deudor siempre es el bueno y el acreedor siempre es el malo; por lo tanto, el bueno debe ser salvado del malo, y el costo del salvataje se traslada a quien no tiene nada que ver.

Además, la tasa de interés activa está muy alta por los elevados niveles de encajes, costos operativos e impuestos -nacionales, provinciales y municipales-. Eso hace que los mejores deudores tiendan a no tomar crédito y queden relativamente más demandantes de alto riesgo, fenómeno que los bancos incorporan a la tasa.

Otra de las comparaciones que hizo Milei en esa misma exposición también merece análisis. Afirmó que la morosidad de las tarjetas de crédito en Estados Unidos ronda el 13%. El número existe, pero hay que mirar qué mide.

Milei afirmó que la morosidad de las tarjetas de crédito en Estados Unidos ronda el 13%. El número existe, pero hay que mirar qué mide (Foto: Reuters)
Milei afirmó que la morosidad de las tarjetas de crédito en Estados Unidos ronda el 13%. El número existe, pero hay que mirar qué mide (Foto: Reuters)

Hay una diferencia importante en cómo miden la mora el BCRA y la Reserva Federal. El Banco Central de la República Argentina lo hace a partir de datos de los bancos; la Fed, a partir de datos de Equifax, el equivalente al Veraz local. En Estados Unidos se toman créditos que los bancos ya pasaron a pérdida pero que siguen figurando en los informes crediticios de los consumidores durante más tiempo.

La New York Fed publicó un trabajo en el que explica que si se toma el flujo de créditos que entran por primera vez en mora grave, el indicador ronda el 7% anualizado y lleva aproximadamente dos años estable: en el segundo trimestre de 2026 fue de 6,97%. La comparación, entonces, no es válida porque se usan fuentes diferentes que arrojan datos diferentes.

Pero hay otro dato a considerar. Fuera de los bancos, el deterioro es bastante mayor. El último informe del Banco Central sobre Proveedores No Financieros de Crédito muestra que la irregularidad de esa cartera llegó al 26,9% en febrero. En préstamos personales alcanzó el 34,1%. Además, unos 12,1 millones de personas tenían financiamiento otorgado por este tipo de proveedores, que suelen ser más caros precisamente porque los atienden quienes no consiguen crédito bancario.

La pregunta es si quienes tomaron esos créditos tienen ingresos suficientes para atender las cuotas

La pregunta ya no es si Argentina tiene mucho o poco crédito en términos del PBI. Claramente tiene poco. La pregunta es si quienes tomaron esos créditos tienen ingresos suficientes para atender las cuotas. Son dos cosas completamente distintas, y en ese punto tanto los bancos como los proveedores no financieros fallaron en la evaluación del riesgo crediticio.

Gráfico de líneas que ilustra la irregularidad del crédito en entidades financieras a privados desde marzo de 2010 a marzo de 2026, con valores en aumento
La pregunta ya no es si Argentina tiene mucho o poco crédito en términos del PBI (Infobae en base a datos de 1816)

Presupuesto del hogar

Una familia no llega a fin de mes haciendo la cuenta de cuánto representan los préstamos del sistema financiero respecto del PBI. Mira cuánto cobra, cuánto paga de alquiler, luz, gas, transporte, alimentos e impuestos, y cuánto le queda para afrontar la tarjeta o la cuota del préstamo personal. Por eso, para evaluar el endeudamiento de las familias, sería mucho más útil observar la relación entre deuda e ingreso disponible, el peso mensual de las cuotas sobre los ingresos, el costo financiero de los préstamos y la evolución de los salarios reales.

  1. Dejar que, como dice el gobierno, se arreglen entre particulares.
  2. Que el Estado intervenga y transfiera el costo a terceros. No es recomendable porque genera incentivos para que los bancos presten a insolventes sabiendo que, en el futuro, el Estado le pasará la cuenta a otro.
  3. Siendo un problema entre particulares que el propio gobierno contribuyó a generar -con la caída del salario real, la suba de tasas y el aumento de la desocupación en el sector formal-, se podría pactar con los bancos que quienes refinancien el capital lo ajusten por el salario formal más una tasa equivalente a la pasiva. Los intereses devengados y no pagados irían a pérdida, y el Estado no cobraría ganancias por esos intereses perdidos.

Mi solución puede no ser la mejor. Pero mucha magia no se puede hacer.