La noticia cayó como un bombazo. Más aún cuando el titular impactó en la pantalla de esa TV que miramos en el bar que nos suele cobijar. Al mismo tiempo, el celular explotaba con los mensajes en relación con la “mala nueva”. El secreto deseo de que fuera una “fake” pero no. A medida que pasaban los minutos, el dolor se iba incrementando junto con una angustia que era necesaria expresar.
En una mesa, comentaban la noticia con sorpresa y dolor. No lo podrían creer. Es ese recorte que uno realiza con los artistas que uno admira. El egoísmo propio de quien no deseamos que se ponga fin a esos momentos de alegría, esos que hoy escasean por demás, cortesía del contexto que vive.
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El Indio puso un vocabulario tan creativo como críptico a ese rock crudo de guitarras que tanto gusta, no solo para bailar sino como catarsis personales en ceremonias colectivas de intercambio social. Con los Redonditos de Ricota, “su grupo de combate”, fue contra la corriente y salieron victoriosos. Música en el marco de misas en que los feligreses ponían todo –y más también– para construir ceremonias únicas e inolvidables. Resistencia contra lo represivo –en todas sus manifestaciones–, la ignorancia y, por sobre todas las cosas, el ADN de las sociedades “modernas”, donde prima lo cuantitativo y lo artificial. Su legado trasciende cifras de discos, casetes, CD o visualizaciones; es el sentir que atraviesa almas y corazones para establecer un sentimiento de pertenencia a una identidad determinada. Ser ricotero es una cocarda (o una medalla) que se lleva con orgullo aunque, en ocasiones, duela.
Hoy el Indio Solari partió a la inmortalidad de quienes son inolvidables por su obra y su legado. Sus letras lograron el status mayor que se puede tener: ser un tatuaje, una remera o un axioma en el inconsciente colectivo que manejamos cotidianamente. Ahora, a paliar el dolor en compañía de su música y que su obra sea transmitida, tal como se transmitían las noticias de antaño. Será ahora con las redes sociales aunque el “boca en boca”, cotiza con el corazón, con la lágrima pujando por salir. Se fue un héroe en este lío llamado Argentina –más en esta época desquiciada– que escribió páginas imborrables de nuestra cultura. Es el precio a pagar por estar en esta tierra. Vivir solo cuesta vida. No cabe la menor duda. Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón.
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