Una nueva esperanza frustrada

La exclusión de voces críticas profundiza el aislamiento del gobierno de Milei y erosiona su legitimidad

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Javier Milei
Javier Milei

Milei representó una esperanza de cambio para gran parte de la ciudadanía que le dio su voto en la segunda vuelta y refrendó su gestión en octubre de 2025. Marcó el fin de un pensamiento agotado aunque, llevado por su extrema soberbia, intentó deslumbrar con un pensamiento económico de ostensibles debilidades teóricas.

Así, hubo un primer tiempo de múltiples hipérboles en un mundo dispuesto a desarrollar al máximo su egoísmo en lo que a economía se refería. Una economía de concentración absoluta en manos de unos pocos ricos y poderosos que impulsaron, sostuvieron y siguen apoyando a Milei sin miramientos y que ahora empiezan a mostrar signos de preocupación si su candidato no tiene chances de volver a ganar.

La coincidencia con Donald Trump incitó a una desmesura que llevó a que la moneda se impusiera por sobre el ser humano y sus necesidades básicas (alimentos indispensables, salud pública, educación, ciencia, tecnología, artes, atención a la discapacidad, jubilaciones, etc.), triste resultado del triunfo de los intereses económicos por sobre la política, el Estado y los intereses colectivos.

Pero el intento ha ingresado en su fase agónica. El esfuerzo desmedido que perversamente se exige a los humildes condujo, sí, a esta nueva e injusta concentración de la riqueza. En un principio eran varios los gobernadores que parecían dispuestos a defender el federalismo; en el presente, solo tiene vigencia el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. La solidez de su lucha lo ha transformado hoy en el único candidato opositor.

Un sector del kirchnerismo, convertido en secta, intenta impedir que Cristina Kirchner beba de su propia medicina, aquella que la llevó a despreciar a los Duhalde, a quienes, ella y Néstor, les debían nada más ni nada menos que la posibilidad de haber sido candidatos. La madurez permite retirarse a tiempo, su ausencia termina obligando al heredero a alejarse para crecer con autonomía. El gobernador necesita separarse del pasado, al que nadie quiere retornar, e iniciar la convocatoria a políticos extrapartidarios para lograr un frente patriótico mucho más necesario que devolverle la vida a un peronismo demasiado usurpado y traicionado para recuperar su esencia popular. La formación intelectual de Axel es sólida, mientras sobran otros pretenciosos sectores demasiados marcados por el pensamiento único, la burocracia o la misma corrupción. La participación del gobernador en la Cumbre progresista, que se realizó en España a instancias de Pedro Sánchez, le permitió compartir un más que interesante encuentro con los presidentes de Brasil, México, Uruguay, entre otros, lo que nos autoriza a imaginar un mañana donde la cordura y la lógica le impongan límites a la perversión de la codicia.

Por ese motivo, se requiere la refundación de los partidos para forjar un diálogo entre un nuevo gobierno y una nueva oposición que permita a los argentinos participar de un rumbo común con la lógica diferencia de los acentos productivos o distributivos.

En síntesis, hoy tenemos un gobierno que equivale a una nueva esperanza frustrada. No necesito aclarar que yo jamás participé en ella porque nunca he confiado en los modelos liberales y mucho menos en los experimentos libertarios de ajuste extremo e injustificado como el actual. La miseria sembrada por Milei y los suyos- economistas, colaboradores, ministros y demás obsecuentes y oportunistas que lo rodean- es de una dimensión tal que va a limitar las pretensiones de cualquier propuesta de derecha.

Confiemos en la creación de un auténtico frente democrático que responda a los principios básicos de educación, seguridad y salud a cargo del Estado, con inclusión social, solidario, sin veleidades de privatizaciones que favorezcan al capital amigo, una coalición apegada a las instituciones, defensora de la libertad de manifestarse y expresarse, respetuosa de la prensa, tan vapuleada hoy día por este personaje que solo sabe valerse de la vulgaridad, la grosería, la injuria y la calumnia, sin establecer distinción alguna entre opositores y propios o cercanos ideológicamente. El impedimento del acceso a los periodistas acreditados a la Casa de Gobierno parece marcar un límite. Sin embargo, no se han oído las voces de quienes deberían defender a esos trabajadores de prensa.