La actuación de la Armada de Estados Unidos en Medio Oriente pone en evidencia sus limitaciones como fuerza dominante de los mares. Cuenta con 11 portaaviones como eje de su flota; de ellos, un tercio está en servicio, otro en mantenimiento y el tercero en adiestramiento. Sólo una de cada tres unidades está navegando y en capacidad de operar. Esto se está viendo hoy cuando uno de los portaaviones en servicio se encuentra en el teatro de operaciones de Gaza -el Gerald Ford debió ser retirado del teatro de operaciones por un desperfecto- y otros dos frente a China, ante la cual Estados Unidos siempre mantiene dos con capacidad de dar respuesta a cualquier eventualidad. Cada una de estas embarcaciones está acompañada por un conjunto de buques que incluye unidades de desembarco, naves antiminas, destructores y submarinos.
Estados Unidos, en un hecho sorprendente, convocó a China –su adversario público–a integrar la flota naval internacional para liberar el Estrecho de Ormuz. Según el índice militar internacional Global Firepower Index 2026, la potencia asiática cuenta con 3 portaaviones en servicio y un total de 841 buques (incluyendo corbetas, submarinos y destructores), frente a 465 de Estados Unidos. El proyecto de China es poner en servicio otros tres portaaviones entre 2030 y 2035. Desde esta perspectiva, la invitación de Trump para que China forme parte de la fuerza que “libere” el Estrecho no encuentra lógica. La negativa del Reino Unido para participar en esta propuesta quiebra la alianza anglosajona que tiene más de un siglo de permanencia.
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Washington ha invitado a integrar esta fuerza a las dos primeras armadas de la OTAN por cantidad de portaaviones después de Estados Unidos. Se trata del Reino Unido y Francia. El primero cuenta con 2 de estas naves, un elemento esencial para la proyección naval y de 8 buques antiminas, también vitales en la operación para restablecer el flujo comercial por el Estrecho de Ormuz. La armada británica es la segunda del mundo occidental por su tradición. Si los portaaviones británicos se suman a los once de Estados Unidos ya contabilizarán trece, aunque para el Reino Unido sería muy difícil ambos en servicio al mismo tiempo.
En el caso de Francia, tiene un solo portaaviones operativo, pero 19 buques antiminas, más del doble que el Reino Unido. El presidente Emmanuel Macron ha afirmado acertadamente que es el único portaaviones a propulsión nuclear -situación que comparte con el resto de los estadounidenses- de la Unión Europea. Se trata de una manifestación que es más política que militar. En el mundo occidental, la principal flota de portaaviones corresponde a Estados Unidos, seguido por Italia y el Reino Unido (2 cada uno), y luego Francia y España, con 1 cada uno. Fuera de Occidente, además de los 3 portaaviones chinos, la India cuenta con 2 y Rusia con 1.
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Trump también invitó a participar en la operación sobre el Estrecho de Ormuz a tres países del Indopacífico. El de mayor capacidad naval es Japón, que recién comienza a definir sus planes de largo plazo y no posee portaaviones por el momento. Sin embargo, la nueva primera ministra Takaichi, hasta ahora una firme aliada de Trump, ya anunció la construcción del primero. En cuanto a Corea del Sur, el segundo país del Indopacífico convocado por Trump, tampoco cuenta con portaaviones. Estos dos países son claves para Washington en el caso de que se produzca un conflicto con China.
Pocos días después, el presidente estadounidense sumó al grupo a un tercer país: Australia. Este país mantiene en marcha un plan para construir portaaviones de propulsión nuclear, con el apoyo y colaboración de Estados Unidos, hecho que generó tensiones con Francia, que también esperaba obtener ese contrato.
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Se presenta así un escenario múltiple de potenciales conflictos para Estados Unidos, que basa su proyección naval en sus 11 portaaviones. Librar una guerra contra China y otra en Medio Oriente supondría abrir dos frentes difíciles de mantener en el largo plazo. Aunque hoy parezca muy improbable, hacer lo propio pero contra Rusia produciría también una situación crítica.
Todos estos cambios en lo estratégico-militar muestran el surgimiento y agravamiento de los conflictos militares. El enfrentamiento entre Rusia y Ucrania ya suma cuatro años. En este momento, Europa respalda a Ucrania, pero con Estados Unidos en una posición más reticente. Washington, mientras tanto, se empeña en la guerra de Medio Oriente contra Irán y en alianza con Israel, pero sin el respaldo del resto de los países de la OTAN. Esto revela que el sistema de seguridad de la Alianza Atlántica, que funcionó en el primer cuarto del siglo XXI en Afganistán e Irak, ha dejado de hacerlo. La alianza central era entre la Unión Europea y Estados Unidos, pero ya la solidaridad mutua parece haber quedado atrás, como lo evidencia la falta de apoyo a la intervención estadounidense en Medio Oriente.
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Una guerra en dos frentes para Washington –Ucrania y Gaza– ya es una realidad, pero un factor clave será la opinión pública estadounidense, que se muestra reacia a involucrarse más en estas guerras. A comienzos de marzo, una iniciativa demócrata en el Senado estadounidense para limitar los poderes de Trump en la guerra de Medio Oriente fue rechazada por apenas cinco votos. A medida que avance el conflicto, el escenario político también lo hará, y tanto el Senado como la Cámara de Representantes serán el ámbito donde estas complicaciones tendrán lugar.
* Director del Comité de Fuerzas Armadas y Política Exterior del CARI.
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