Cada inicio de un nuevo ciclo lectivo nos conecta a todos con nuestro primer día de clases. Y cada nuevo “empezar” nos invita a pensar en los cambios que la educación necesita. La escuela funciona como un “organizador social”. Nos ordena, establece pautas y genera un clima que trasciende incluso a aquellos que no están involucrados directamente con la vida escolar.
Lamentablemente, desde hace muchos años, los inicios de clases suelen venir acompañados de conflictos y discusiones que los adultos no logramos resolver y este año, por los anuncios de paro para los próximos días, no parecerían ser la excepción. Una vez más, trasladamos esa incertidumbre a nuestros estudiantes.Los desafíos que tienen las escuelas y los docentes no son pocos; todo lo contrario: cada vez son más y de mayor complejidad. Pero la escuela sigue siendo la misma y los problemas que discutimos, a pesar de ciertos matices, siempre terminan en lo mismo y, por lo general, esos debates están muy alejados de las problemáticas reales.
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Nos la pasamos discutiendo el pasado y no nos detenemos a pensar en el futuro, que dicho sea de paso cada vez viene más rápido y con mayores cambios. El debate educativo está estancado, es poco sincero, y cada vez con menor profundidad. Discutimos normativas, presupuestos, condiciones laborales y estructuras de una escuela que fue de vanguardia, que tuvo resultados maravillosos, pero que fue pensada para otra época, para otros alumnos, y fundamentalmente para otro modelo de sociedad y país.
Sarmiento, desde los inicios de su presidencia en 1868, pensó en el aula y la educación, mirando mucho más allá que una simple política educativa. Pensaron en una didáctica y en una pedagogía que acompañaba un modelo de país y una época. No existe política educativa eficiente si no se tiene claro hacia dónde vamos y qué buscamos o pretendemos.
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La escuela que conocemos precisa que la repensemos y rearmemos entre todos. Necesitamos mirar el futuro, el mismo que miran nuestros chicos y que muchas veces no encuentran en el aula. Y con esto no quiero solo referirme a condiciones de tecnología; los alumnos nos piden que los acompañemos en el desarrollo de sus habilidades socioemocionales.
Cada comienzo de clases es una oportunidad para cada chico que va a la escuela. Y para el país, porque es una nueva chance que tenemos como Nación para salir adelante.
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Ha quedado demostrado con evidencia nacional e internacional que con la educación hay modelos económicos que funcionan. Con una educación moderna, hay empleo de calidad. Con educación todos los indicadores sociales mejoran.
No podemos echarle toda la culpa a la escuela, a los docentes o al sistema. Tenemos que mirarnos en profundidad como sociedad, cada uno. No naturalizar y justificar lo que no es justificable, lo que sabemos que trae retrocesos y segregación.
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Volver a clases recobra el sentido, si todos, volvemos a empezar.
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