
Hay mujeres que llegan a la consulta ginecológica a los 40 años y preguntan, por primera vez, si aún están a tiempo de preservar su fertilidad. En muchos casos, la respuesta es que el momento ideal ya pasó, sin que nadie se los hubiera advertido.
No se trata de casos aislados. Una encuesta nacional realizada a finales del 2025, en conjunto con la consultora OPINAIA y con una muestra de más de 1.100 mujeres argentinas, confirma lo que muchos especialistas observan en sus consultorios: el interés por la preservación de la fertilidad crece, pero el conocimiento sigue siendo llamativamente bajo. El dato más contundente es también el más preocupante: 8 de cada 10 mujeres encuestadas nunca habló con su médico sobre su fertilidad futura.
En un contexto donde la maternidad se posterga de manera sostenida por razones económicas, laborales y personales, este silencio tiene consecuencias concretas. En muchos casos, es la diferencia entre poder elegir y llegar demasiado tarde.
Una percepción distorsionada del tiempo reproductivo
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio tiene que ver con cómo las mujeres comprenden su propio ciclo fértil. Una proporción significativa cree que la fertilidad comienza a disminuir recién después de los 35 o incluso los 40 años. Esta percepción genera una sensación de margen temporal que, desde el punto de vista biológico, no se corresponde con la realidad.
La evidencia médica indica que la fertilidad femenina comienza a declinar de manera progresiva a partir de los 30 años, con una caída más marcada a partir de los 35. La divergencia entre lo que las mujeres creen y lo que efectivamente ocurre en su biología tiene un costo directo: cuando llegan a consultar, las opciones disponibles son frecuentemente más limitadas, y también más costosas.
Desconocimiento estructural: más allá de la edad fértil
El déficit informativo no se circunscribe a la edad. Según la encuesta, 6 de cada 10 mujeres desconoce qué es la reserva ovárica, el indicador que mide la cantidad de óvulos disponibles, y apenas el 45 % sabe que existen estudios para evaluarla. Un dato adicional ilustra la profundidad del problema: 9 de cada 10 mujeres nunca se realizó ningún estudio de fertilidad.
Cuando las mujeres acceden a información sobre su reserva ovárica, más de la mitad modifica su forma de planificar la maternidad. El problema no es la falta de interés: es la falta de acceso.

El patrón es claro: no se trata de indiferencia. Cuando la información llega, produce cambios concretos en las decisiones reproductivas. El problema no es la falta de interés, sino la ausencia de canales que acerquen esa información de manera oportuna, clara y accesible.
El sistema de salud: una oportunidad desaprovechada
Entre los resultados más llamativos del informe figura el bajo protagonismo que los profesionales de la salud tienen en la difusión del tema. Las redes sociales y los medios digitales aparecen como las principales fuentes de información sobre fertilidad y criopreservación. Los ginecólogos y especialistas aparecen en un plano secundario.
Paradójicamente, cuando se les pregunta a quién acudirían si quisieran informarse de manera seria, la mayoría responde que recurriría precisamente a su médico ginecólogo o a un especialista en fertilidad. La confianza existe. Lo que falta es que el propio sistema tome la iniciativa para abrir la conversación.
La consulta ginecológica sigue centrada, en gran medida, en la anticoncepción y el control preventivo. Rara vez incluye una mirada prospectiva sobre la fertilidad y la planificación familiar: qué pasará con la fertilidad de esa mujer en cinco o diez años, y qué opciones tiene hoy para preservarla.
Nadie considera inapropiado hablar de presión arterial o colesterol en una consulta de rutina. Gracias a los avances científicos y sociales, la fertilidad merece también su lugar. Incorporarla como tema proactivo no implica presionar ni anticipar decisiones que le corresponden exclusivamente a cada mujer. Implica informar a tiempo.
Criopreservación: entre el deseo y la barrera económica
La criopreservación de óvulos aparece en la encuesta como una herramienta valorada. El estudio revela que más del 50 % de las mujeres encuestadas asocia esta tecnología con mayor libertad, control sobre el propio proyecto reproductivo y la posibilidad de postergar la maternidad sin resignar posibilidades.

Sin embargo, esa valoración convive con barreras concretas. La principal es económica: 7 de cada 10 mujeres percibe el tratamiento como costoso o muy costoso, y esa variable aparece como el obstáculo más frecuente para su realización. A esto se suman dudas sobre la efectividad del procedimiento, los tiempos involucrados y el destino final de los óvulos conservados.
El resultado es una brecha entre intención y acción. El interés existe, especialmente a partir de los 30 años, pero solo una minoría concreta consultas o accede efectivamente al tratamiento. La tecnología está disponible; el acceso equitativo, aún no.
La postergación de la maternidad: una decisión estructural, no emocional
El estudio aporta datos relevantes sobre los motivos detrás de esta tendencia. Contrariamente a ciertas narrativas que asocian la postergación de la maternidad con el miedo al compromiso o al cambio de valores, los datos muestran que la principal condición para decidir ser madre es la estabilidad económica, por encima de cualquier factor emocional o relacional.
Este fenómeno no es exclusivo de Argentina. Este mes, The New York Times publicó un análisis basado en datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos que describe el mismo patrón en ese país, y los demógrafos lo documentaron antes en Europa y en la propia historia estadounidense. Las causas se repiten: presiones económicas, mercados laborales más exigentes y la búsqueda de condiciones más sólidas antes de criar. No se trata de una generación que no quiere tener hijos, sino de mujeres que esperan el momento adecuado para hacerlo. La pregunta, entonces, es si cuando lleguen a ese momento tendrán las herramientas para concretarlo. Ahí es donde la preservación de la fertilidad deja de ser un privilegio y se convierte en una cuestión de equidad.
Una agenda pendiente: información, política y cambio de paradigma
Los datos de la encuesta permiten trazar un mapa claro: hay interés genuino, hay valoración de la tecnología disponible y hay confianza en los profesionales de la salud. Lo que falta es información accesible, conversaciones tempranas y políticas públicas que acompañen.
Como profesionales de la salud reproductiva, la responsabilidad es incorporar la fertilidad como parte de la salud integral, y no solo como tema de consulta cuando el problema ya se ha instalado. Hablar de fertilidad a los 25 o 30 años no es alarmar, es informar. No es inducir decisiones, es ampliar opciones.
Los datos existen. La tecnología también. Lo que falta es voluntad política para que el acceso no dependa exclusivamente del nivel socioeconómico de cada mujer, y voluntad médica para abrir la conversación antes de que el problema lo haga.
En medicina reproductiva, quizás más que en cualquier otra especialidad, el tiempo no es solo un dato biológico: es una oportunidad. Y para demasiadas mujeres, esa oportunidad se pierde antes de que alguien les haya explicado que existía.
* El Dr. Adán Nabel es médico especialista en medicina reproductiva. Melina Schapira y Felicitas Azpiroz son investigadoras colaboradoras del estudio. La encuesta fue realizada en conjunto con OPINAIA a comienzos de 2025 sobre una muestra de 1.100 mujeres argentinas.
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