
Los argentinos decidieron en 2023, en un escenario de escepticismo y hartazgo con las prácticas de la vieja política, apoyar a un outsider que encarnaba el fin de un ciclo populista y representaba la expectativa de reinstauración del ideario liberal decimonónico que supo posicionar al país como una potencia a nivel mundial.
En poco tiempo, sin estructura partidaria y con una mínima representación parlamentaria, Milei logró encauzar institucionalmente un cambio de época. Esto fue signado por el anhelo juvenil de un cambio de rumbo y la restitución de la libertad como eje principal de la organización política de la Argentina.
Milei se convirtió en un presidente disruptivo. Y fue por su decisión de retornar a las bases alberdianas, mediante la reconstrucción de un orden político, económico y social, asentado en la doctrina liberal y la economía de libre mercado. Todas consignas que se encuentran establecidas en la Constitución Nacional de 1853 y que aportaron prosperidad al país.
Este orden político, económico y social liberal fue erosionado y desmontado a causa del predominio de una ideología proteccionista y a la primacía de prácticas corporativistas, patrimonialistas y clientelares profundamente enraizadas. Todos factores que convergieron hasta configurar un modelo de Estado sobredimensionado y omnipresente, un mercado raquítico asediado por el capitalismo de amigos y una ciudadanía que quedó subsumida ante el yugo de la dependencia estatal.
El populismo dirigista y corrupto, que tuvo su momento cúlmine durante los gobiernos kirchneristas, nos dejó como legado una profunda decadencia en todos los planos, pero principalmente en el moral y económico. Sucesivos gobiernos que, bajo el pseudo relato del "Estado Presente“, nos dejaron como herencia una inflación descontrolada, casi la mitad de la población bajo los umbrales de la pobreza, una economía estancada y aislada internacionalmente, y un Estado elefantiásico, deficitario, plagado de privilegios y con una corrupción endémica.
Frente al rotundo fracaso de las ideas colectivistas y tras la crisis terminal en la que el kirchnerismo sumergió al país, Milei avanzó en un programa que equilibró las cuentas públicas y que apunta a desmantelar definitivamente el modelo intervencionista y sus aparatos de hegemonización ideológica, construidos a costa de cuantiosos recursos públicos y reparto arbitrario de la pauta publicitaria, a los fines de devolver a los argentinos sus libertades saqueadas.
El proyecto político libertario tiene como misión redefinir categóricamente el rol del Estado, reduciéndolo a su mínima expresión y circunscribiéndolo al ejercicio de sus funciones primigenias del contrato social, orientadas a preservar la seguridad física y garantizar el estado de derecho a los fines de liberar las fuerzas productivas. De ese modo, el rediseño institucional promovido por el gobierno se dirige a reconstruir un Estado chico con un mercado fuerte e integrado el mundo moderno, y ciudadanos críticos y libres que progresen sobre la base de su esfuerzo personal y una renovada cultura del trabajo.
Para poder llevar a cabo su plan de gobierno, Javier Milei implementó una estrategia de reforma radical y de shock, asentada sobre los valores de la eficiencia, la eficacia, la flexibilización, la transparencia y la imparcialidad, que consta de dos etapas: una de orden y otra de transformaciones estructurales.
En la primera parte de la gestión, el gobierno libertario ha puesto el foco en a) la reducción de la inflación y el sostenimiento del equilibrio fiscal mediante la eliminación de la emisión monetaria y el férreo disciplinamiento del gasto público; b) la modernización y la drástica reducción del Estado vía racionalización estructural, disminución de plantillas, inicio de privatizaciones, desburocratización, fenomenal desregulación y supresión de impuestos; y c) ruptura del status quo mediante el desmantelamiento de una red de intermediación coercitiva de las políticas sociales, erradicación de privilegios sindicales y políticos, cancelación de la pauta publicitaria y desguace de un esquema prebendario y corrupto de concesión de la obra pública.
Ahora, ya con un bloque parlamentario más numeroso que consiguió aprobar el Presupuesto para el 2026 y sumado al amplio respaldo electoral, la segunda fase de reformas enfrenta el desafío de lograr el impulso de reformas de fondo como la laboral, la fiscal y penal, entre otras transformaciones sustanciales.
La transición del modelo populista y de casta al modelo liberal, mediante una dinámica de reformismo permanente, se ha traducido en la obtención del menor nivel de gasto público en relación al PBI desde 2008; desaceleración drástica de la inflación; equilibrio fiscal; reducción de la pobreza del 53% al 27,5% entre enero de 2024 y noviembre de 2025; contracción del 50% de los estamentos de cargos políticos y baja de 52.000 cargos públicos a julio de 2024; eliminación de organismos que operaban como cajas políticas e instrumentos de la burocracia militante y alineamiento internacional de Argentina a las democracias consolidadas.
Estos son algunos de grandes y múltiples logros que ya ha generado este nuevo paradigma liberal reeditado que, en cumplimiento de la Constitución Nacional, procura asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino.
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