
El vínculo entre acuerdos comerciales y crecimiento económico ha sido ampliamente documentado. Según el Banco Mundial, la apertura comercial impulsa el crecimiento del PBI entre 1 y 1,5 puntos porcentuales, mientras que los ingresos pueden incrementarse entre 10% y 20% tras una década. Desde 1990, la expansión del comercio ha generado un aumento del 24% en los ingresos globales y 50% en el 40% más pobre de la población.
Un análisis sobre el Trans-Pacific Partnership (TPP) estimó que, con su ratificación plena, los países miembros podrían lograr un PBI 1,1% más alto en 2030 respecto a un escenario sin acuerdo.
El Foro Económico Mundial sostiene que la expansión del comercio ha sido decisiva para reducir la pobreza extrema: el porcentaje de personas en esa situación en economías de ingresos bajos y medios cayó del 40% en 1995 a menos del 11% en 2022.
El avance en la firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), tras 25 años de negociaciones, crea una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, elimina la mayoría de los aranceles y facilita el intercambio de bienes, servicios e inversiones.
Desde 1990, la expansión del comercio ha generado un aumento del 24% en los ingresos globales y 50% en el 40% más pobre de la población
Esta iniciativa presenta oportunidades, desafíos y riesgos para la región y para Argentina en particular.
Oportunidades
Para los países del Mercosur, la eliminación de aranceles en el 93% de sus exportaciones a la UE potenciará ventas de productos agrícolas como carne, soja y frutas, permitiendo un ahorro potencial de 4.000 millones de euros en tarifas. Este escenario podría traducirse en crecimiento económico y empleo en los sectores exportadores, reducir la dependencia de mercados como China y Estados Unidos, y atraer inversiones europeas en sectores industriales y tecnológicos, favoreciendo la modernización y digitalización.
Además, refuerza la cohesión y credibilidad internacional del Mercosur, promoviendo la cooperación en energía verde y derechos humanos.

En el caso de Argentina, los beneficios directos incluyen la eliminación de aranceles para carne vacuna, soja y vinos, con un posible incremento de ventas de hasta 4.000 millones de euros anuales, impulsando el empleo rural y la generación de divisas.
Se abren oportunidades para captar inversiones europeas en energía renovable y tecnología, lo que se alinea con políticas pro-mercado y favorece una menor dependencia de China, además de fortalecer la posición argentina dentro del bloque.
Desafíos
Los países del Mercosur enfrentan una mayor exposición a bienes manufacturados europeos, cuyos aranceles se reducirán entre 15% y 35%. Esto exigirá a las industrias locales elevar su eficiencia y competitividad, con posibles impactos sobre sectores vulnerables.
Al mismo tiempo, deberán adaptarse a normativas estrictas de la UE en materia ambiental, laboral y de derechos humanos, lo que implicará reformas institucionales y costos de implementación.
El desafío será mejorar su competitividad y adecuar su marco regulatorio a los estándares europeos, lo que supondrá costos y resistencias políticas
Para Argentina, el desafío será mejorar su competitividad y adecuar su marco regulatorio a los estándares europeos, lo que supondrá costos y resistencias políticas. Los sectores industriales, como el automotriz, se enfrentarán a una mayor competencia europea, exigiendo inversiones para ganar eficiencia.
Riesgos
Entre los riesgos para el Mercosur se destaca la posibilidad de quedar relegado como proveedor de materias primas, limitando la industrialización y acentuando las desigualdades sociales. En un contexto de tensiones globales, también existe la amenaza de mayor vulnerabilidad ante fluctuaciones en los precios de las materias primas o cambios en las políticas comerciales.
Para Argentina, la oposición interna y eventuales cambios de gobierno podrían demorar o impedir la ratificación del acuerdo, mientras que la volatilidad internacional podría impactar negativamente en los precios de exportación.
La liberalización comercial no será inmediata
La UE eliminará el 91% de los aranceles a las exportaciones europeas al Mercosur en plazos de hasta 10 a 15 años (por ejemplo, automóviles y partes: entre 15 y 18 años, o hasta 18 a 30 años en híbridos y eléctricos), mientras que los productos industriales tendrán una reducción progresiva en cinco a diez años.
El Mercosur eliminará o reducirá el 92% de los aranceles a las exportaciones hacia la UE, otorgando acceso preferencial a otro 7,5%, lo que beneficiará al 99% de las exportaciones agrícolas, con plazos inmediatos para productos como harina y poroto de soja, aceites, frutas y café. Para sectores sensibles (carne bovina, aves, azúcar, arroz, miel) la liberalización será gradual, con cupos y plazos de cinco a diez años.
Existen períodos variables de cinco, ocho, nueve, 11 o hasta 16 años según el producto, con salvaguardias bilaterales
Existen períodos variables de cinco, ocho, nueve, 11 o hasta 16 años según el producto, con salvaguardias bilaterales que permiten suspender preferencias ante perturbaciones del mercado.
Los acuerdos comerciales entre bloques suelen ser catalizadores de crecimiento económico sostenible, generación de empleo y mejora de salarios reales, aunque requieren ajustes sectoriales y contribuyen a la reducción de la pobreza extrema, sobre todo en economías emergentes como las del bloque del Mercosur.
La experiencia de bloques regionales como Nafta/Usmca (Estados Unidos, México, Canadá) muestra que México y Canadá experimentaron un fuerte incremento exportador tras su implementación, con beneficios superiores al promedio mundial. En Asia-Pacífico, los mega-bloques como el Cptpp/TPP han facilitado el acceso a mercados más amplios y fomentado la inversión extranjera directa, promoviendo crecimiento económico y empleo.

En el caso argentino, los desafíos son considerables debido al aislamiento, el aumento de la burocracia y la presión tributaria, así como las carencias en infraestructura de transporte, comunicaciones, puertos y la gestión administrativa.
El principal reto es interno: mejorar la competitividad desde el sector público y aumentar la productividad en el sector privado. La productividad se construye con inversión, gestión profesional y mejora continua.
La competitividad es una tarea compartida: el Estado ordena el terreno y las empresas compiten en la carrera. La contienda está por comenzar y Argentina parte rezagada respecto de sus socios.
Las empresas deberán alcanzar mayores niveles de eficiencia, mientras que el Estado debe dejar de ser un obstáculo adicional.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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