
Por lo general, el fin de año es un momento de balance y de planificación del próximo año. Días de evaluación de los logros alcanzados y de las tareas pendientes. Este ejercicio es perfectamente válido tanto en el plano corporativo como en el personal. Hagamos el ejercicio de extender el mismo a la administración central, focalizando en los principales riesgos gestionados durante este año que finaliza y los que se proyectan para el 2026.
Los riesgos políticos lucen en el plano local menos amenazantes luego de la última elección legislativa. El poder de veto presidencial ha sido asegurado y el riesgo de juicio político ha desaparecido por completo. Sin embargo, el comienzo del tratamiento de la Ley de Presupuesto 2026 dejó en evidencia que existen aún desafíos relevantes en la consolidación de las alianzas políticas.
En la dimensión internacional, Argentina deberá sostener el apoyo político de Donald Trump a lo largo del año. Un debilitamiento de esta relación podría generar sombras sobre el respaldo financiero norteamericano. Una vez obtenido el apoyo, la pérdida del mismo se constituye como un activo a preservar. Más aún considerando que, desde un punto de vista geopolítico, el triunfo de gobiernos de derecha en la región, como el caso de Chile, Bolivia y Paraguay, disminuye el poder relativo de Argentina como referente de la derecha en la región. Resta observar las implicancias prácticas de esto.
Argentina ingresa al nuevo año en una ventajosa posición en relación con los principales riesgos económicos
Argentina ingresa al nuevo año en una ventajosa posición en relación con los principales riesgos económicos. Variables como actividad económica, inflación, tipo de cambio, balanza comercial y fiscal aportan buenas perspectivas. Los desafíos asociados al proceso de estabilización parecen haberse sorteado con éxito sin afectar el apoyo popular.
Sin embargo, la exposición a los precios de las materias primas seguirá siendo clave en el año entrante. El índice agregado de commodities caería alrededor del 7% en 2026, continuando una tendencia bajista iniciada en 2022, según el Banco Mundial. Si bien es cierto que Argentina está en proceso de diversificación de sus exportaciones, perspectivas negativas sobre los precios futuros del petróleo, gas y litio podrían afectar las decisiones de inversión.
En otro plano, no hay que dejar de pensar que eventos inesperados suceden con más frecuencia de lo que prevemos.
Sucesos políticos, militares o financieros internacionales podrían aumentar la prima de riesgo en los mercados financieros y generar un ciclo de flight to quality que sería devastador para las necesidades de Argentina de acceder a los mercados voluntarios de crédito.
Por ejemplo, un brusco ajuste de las valuaciones de las empresas tecnológicas relacionadas con la IA, una crisis de ciberseguridad, inestabilidad política y de deuda en Estados Unidos, junto con la escalada de las tensiones geopolíticas, podrían generar gran incertidumbre en los mercados.

Fuente/Copyright: IAE Business School
Persisten serios desafíos sobre la capacidad de acumular reservas internacionales, condición necesaria para retornar a los mercados de crédito y enfrentar cualquier turbulencia internacional o local. Durante los meses próximos se podrá evaluar el anunciado plan de acumulación de reservas que, según estimaciones privadas, aportará entre siete mil y diez mil millones de dólares.
Por otra parte, existe un debate abierto sobre el impacto de la apertura comercial sobre la producción industrial y el nivel de empleo. La misma deja en evidencia las asimetrías de productividad entre distintos sectores económicos. Esto generará ganadores y perdedores.
Si bien aún no se observa una suba relevante, el nivel de desempleo se puede constituir como una variable relevante en los próximos meses. En la convertibilidad el desempleo demoró algunos meses en subir, pero llegó a trepar hasta el diecisiete por ciento. En la actualidad, el mismo ha subido levemente de 5,7% al 6,6 por ciento.
El nivel de desempleo se puede constituir como una variable relevante en los próximos meses
Por último, consolidar un sendero de crecimiento del salario real será un desafío para el próximo año. Con un nivel de inflación con mayor resistencia a la baja, la población irá olvidando el abismo económico de 2023 y demandará un mayor poder de compra.
Las mediciones del consumo son muy dispares y se observan datos positivos junto con otros menos alentadores. Existe un recuerdo de un mayor poder de compra del salario en años previos y esto puede convertirse en una demanda creciente.
Con un panorama general más alentador que el pasado, siguen existiendo riesgos latentes que evidencian debilidades estructurales. La correcta identificación y gestión de los mismos es el primer paso para solucionarlos.
El autor es profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de diciembre del IAE, Escuela de Negocios de la Universidad Austral
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