
El Instituto del Diálogo Interreligioso de la República Argentina (IDI), fiel a su inclaudicable vocación de promover el diálogo, el respeto, la fraternidad y la convivencia pacífica entre personas de distintas confesiones religiosas y convicciones espirituales, desea expresar su esperanzada adhesión al inicio del reciente acuerdo alcanzado entre los pueblos israelí y palestino.
Este incipiente acuerdo, largamente esperado por la comunidad internacional y especialmente por quienes creemos en la dignidad de todo ser humano como fundamento de la convivencia, representa la intención de un primer paso hacia la superación de décadas de conflicto, dolor y divisiones.
Saludamos con particular entusiasmo que dicho acuerdo contemple el diálogo interreligioso como parte integrante del compromiso de paz, reconociendo en ello una dimensión indispensable para construir puentes sólidos entre comunidades marcadas por profundas heridas históricas y que genera una responsabilidad a todos los líderes religiosos. Por nuestra experiencia de más de 20 años construyendo y promoviendo instancias reales de acercamiento y superación de prejuicios, sabemos que, si bien el diálogo interreligioso no es la solución a todo conflicto, es una parte importante de dicha solución.
El IDI considera que el fenómeno religioso, lejos de ser un factor secundario o accesorio, posee una relevancia social, cultural y antropológica fundamental. Las religiones forman parte del entramado más profundo de las identidades colectivas e individuales, modelando visiones del mundo, valores, conductas y esperanzas. En tanto dimensión constitutiva de la vivencia humana, no puede ser ignorada en ningún proceso que aspire a una paz real y duradera.
Desde nuestra práctica en la República Argentina —país caracterizado por una coexistencia interreligiosa plural, rica y comprometida— sabemos que el diálogo entre religiones no es ingenuo ni meramente protocolar: es un ejercicio exigente, que requiere humildad, escucha activa, silencio, reconocimiento del otro y voluntad sincera de coincidencia. También entendemos que este diálogo es posible cuando se cultiva con respeto y apertura, transformándose en una herramienta poderosa de reconciliación, de sanación de memorias y de construcción de una cultura del encuentro.
Por ello, celebramos que este acuerdo no se limite al plano político o diplomático, sino que reconozca el papel que pueden jugar las comunidades religiosas en la construcción de paz. La memoria compartida, la compasión, la justicia y la búsqueda del bien común son valores profundamente anclados en las tradiciones espirituales, y su presencia activa en este proceso puede ser un factor determinante para su sostenibilidad en el tiempo.
Hacemos un llamado a todas las comunidades religiosas, instituciones civiles, organizaciones internacionales y personas de buena voluntad a acompañar este acuerdo con compromiso, generosidad y responsabilidad. La paz no se decreta: se construye día a día, con acciones concretas, con encuentros reales y decisiones valientes.
Anhelamos que este acuerdo pueda ser no sólo el inicio de un tiempo nuevo para los pueblos israelí y palestino, sino también un signo luminoso para la humanidad, que nos recuerde que el diálogo no es debilidad, sino fuerza; que la fe no divide cuando se vive con autenticidad; y que el respeto a la diversidad es el único camino hacia una paz verdadera.
Como expresó el Papa Francisco: Hay una “arquitectura” de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una “artesanía” de la paz que nos involucra a todos. (FT)
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