
En las elecciones provinciales de Buenos Aires los resultados han sido contundentes. Con el 88% de las mesas escrutadas, 47% votó candidatos de “Fuerza Patria”, el partido del gobernador Axel Kicillof, mientras que cerca del 34% votó a la unión entre la Libertad Avanza y el Pro. Si a estos últimos le sumamos los votos recibidos por “Somos Buenos Aires” (5,4%), resulta que desde 2023, el partido que representa al kirchnerismo sumó 4 puntos porcentuales, mientras que el espacio de centroderecha perdió casi 10.
Estos datos deben tomarse con cierta cautela. En primer lugar, por el bajo nivel de compromiso de parte de los votantes. Se estima que fueron a votar cerca del 65% de los empadronados, mientras que el voto en las elecciones nacionales suele estar alrededor del 75%.
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Por otro lado, como escribía este fin de semana el politólogo Ignacio Labaqui, los resultados de la Provincia de Buenos Aires, más allá de que suele considerarse “la madre de todas las batallas”, no son necesariamente trasladables a los resultados nacionales. En una nota publicada el domingo, Labaqui recordaba incluso que “la elección legislativa provincial ha sido un verdadero cementerio de proyectos presidenciales” y que desde “2009 a la fecha quienes ganaron ahí no tuvieron un buen desempeño en la elección siguiente”.
Es esperable que este lunes las cosas aparezcan turbulentas en los mercados
¿Ocurrirá lo mismo esta vez? ¿Podrá “encapsularse” el resultado de las provinciales?
El mercado, en cualquier caso, ha reaccionado con temor. El “dólar crypto” trepó a $1.440, desde los $1.380 en que había cerrado el viernes. Se trata de un 4,3% de aumento, una señal de desconfianza que confirma la existencia de un “riesgo Kuka”, pero una reacción que está muy lejos de parecerse a la que ocurrió después que Alberto Fernández triunfara con amplia diferencia en las PASO de agosto de 2019.
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Al margen de este matiz, sin embargo, es esperable que este lunes las cosas aparezcan turbulentas en los mercados. No es de descartar que veamos a las acciones cayendo, al riesgo país subiendo nuevamente y al dólar queriendo buscar el techo de la banda. ¿Seguirá el tesoro vendiendo sus escasos dólares en este contexto, o abandonará la faena en base a la inutilidad de la estrategia? ¿Y el Banco Central? Son preguntas que necesariamente aparecerán desde mañana bien temprano.
Labaqui dice que este triunfo (por mucho más de lo esperado de parte de las fuerzas kirchneristas) plantea una buena y una mala noticia para el gobierno. La mala es lo que comentábamos en el párrafo de arriba: la incertidumbre financiera, lejos de reducirse, se incrementará. Sin embargo, la “buena” podría ser que esto refuerce la idea entre los votantes de que, si en octubre no van a votar al binomio LLA-PRO (y aliados afines), entonces el deterioro será aún mayor.
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¿Seguirá el tesoro vendiendo sus escasos dólares en este contexto, o abandonará la faena en base a la inutilidad de la estrategia? ¿Y el Banco Central?
Esto podría apuntalar las chaces que tiene el gobierno de hacer una buena elección en la prueba de octubre.
¿Y por qué esto es importante? Porque las elecciones de medio término son, a fin de cuentas, un plebiscito sobre la política económica de Milei. Y, en la medida que ésta genere apoyo ciudadano, tendrá posibilidades de seguir profundizándose, atacando los desequilibrios macro principales y avanzando en una agenda de mayor desregulación.
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Sin embargo, si se impone el rechazo, las reformas solo podrán pasar a fuerza de vetos presidenciales, que incluso podrían ser difíciles de sostener si los resultados electorales no acompañan.
Los mercados están mirando lo que ocurre en los comicios del país. En el 2024 se entusiasmaron sobremanera, pero en todo 2025 han “vendido a Argentina”, desconfiando de la sostenibilidad futura de la política económica. Existe discusión acerca de si la desconfianza tiene que ver solo con lo político o con errores técnicos propios de los funcionarios del gobierno. Sin embargo, si este resultado anticipa en algo, aunque sea, lo que ocurrirá en octubre, la discusión quedará etérea.
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Existe discusión acerca de si la desconfianza tiene que ver solo con lo político o con errores técnicos propios de los funcionarios del gobierno.
Es que, si la sociedad argentina no apoya el ajuste que es necesario para que la economía funcione, no hay casi ninguna estrategia desde lo técnico que pueda servir. Serán dos años difíciles en donde reinará la desconfianza, y habrá que esperar que, como se pueda, el gobierno consiga resultados en materia de inflación y rebote económico.
Es difícil, aunque no imposible. Esperemos que el gobierno esté a la altura, y acomode lo que tenga que acomodar, no solo para garantizar una mayor efectividad de la política económica (mantener el ajuste fiscal, aclarar la política monetaria, eventualmente modificar la banda para el dólar), sino también un mayor consenso político y social (dejando de abrazarse a personajes marginales, por ejemplo) sobre la misma.
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Ahora los ojos están puestos en lo que ocurrirá dentro de 7 semanas.
El autor es Investigador Asociado del centro FARO de la Universidad del Desarrollo (Chile), profesor universitario y consultor de empresas
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