
Tras un primer shock, consecuencia del inicio del programa de estabilización, la economía muestra un proceso de recuperación rápida impulsada por el orden macroeconómico. El objetivo de la nota es explicar los motivos de esta reactivación y analizar la sostenibilidad del ciclo actual.
Los datos de las cuentas nacionales del Indec indican que, en el primer trimestre del año, la economía creció un 6,8% en términos desestacionalizados respecto al punto más bajo de mediados del año pasado.
La oferta de bienes y servicios mantiene un ritmo de expansión promedio de 2,2% trimestral, aunque en la comparación más reciente avanzó 0,8% trimestral sin estacionalidad.

Al comparar este ciclo expansivo con otros recientes -exceptuando el impacto del Covid-19, que tuvo particularidades propias-, se observa un crecimiento más veloz en el retorno a valores máximos previos. Supera en velocidad y magnitud a todas las recomposiciones desde 2010, incluso a aquellas provocadas por factores transitorios como las sequías.
Causas del desempeño económico
Desde la perspectiva de la demanda, la recuperación estuvo impulsada principalmente por el consumo. A diferencia de otras recesiones, en esta ocasión el repunte fue intenso, con un aumento acumulado de 10,2% sin estacionalidad, superando registros anteriores.
La reactivación supera en velocidad y magnitud a todas las recomposiciones desde 2010, incluso a aquellas provocadas por factores transitorios como las sequías
Cabe notar que parte de la expansión podría estar sobrestimada por cuestiones de errores de captación en los dado, dado que la reapertura de la economía ha tenido un efecto evidente en las cantidades importadas de bienes de consumo y de automotores (con alzas superiores al 100% en 2025), que no necesariamente han sido vendidas aún y quedan como inventarios de las empresas.
Parte de la recomposición del consumo obedece a la mejora de los ingresos (más que a un crecimiento real sostenido) y al mantenimiento del empleo, aunque este proceso implicó destrucción de puestos asalariados formales y su reconversión hacia el trabajo independiente, especialmente en la gig economy (delivery y transporte), tras la fuerte baja de las tasas de inflación.

Otro factor relevante fue la marcada expansión del crédito. La baja de la inflación y una mayor estabilidad macroeconómica permitieron proyectar a más largo plazo y facilitó el acceso a préstamos.
El crédito al consumo, tras marcar mínimos históricos en marzo del año pasado, más que se duplicó y alcanzó el 5,2% del PBI en los primeros meses del año. El aumento más fuerte se produjo en el crédito no bancario, dirigido principalmente a personas de menores recursos, alcanzando niveles máximos históricos.

La inversión también aportó al crecimiento, con una recuperación rápida, aunque con características diferentes respecto a otros ciclos. El alza desde los mínimos alcanzó el 37%, aunque explica solo el 60% del efecto del consumo privado.
La baja del costo de capital y de las tasas de interés favoreció la adquisición de bienes de capital. Este segmento, tradicionalmente más volátil, se vio liderado en este ciclo por compras de maquinaria y equipo importado, con una recomposición menor en bienes nacionales y en la construcción, afectada por la suspensión de obra pública y la escasa inversión privada, desalentada por el aumento de los costos de construcción y el freno de los precios de venta.

Entre los componentes de la demanda, las exportaciones crecieron 7,6% en términos desestacionalizados. Si bien casi alcanzan niveles récord (1,4% por debajo de fines de 2019), ese avance se estancó en el primer trimestre del año y su aporte al crecimiento permaneció bajo.
La otra cara del ciclo fue la fuerte suba de importaciones, que alcanzó el 48% desestacionalizado. Además de la mejora financiera, este incremento se explica por la apertura económica y la apreciación del peso, factores que favorecieron el ingreso de bienes de consumo e inversión, desplazando en parte a la producción nacional.
La fuerte suba de importaciones, que alcanzó el 48% desestacionalizado. se explica, además de la mejora financiera, por la apertura económica y la apreciación del peso
Hasta ahora, el crecimiento alcanzado se caracterizó por su rapidez y por devolver la actividad a niveles previos. Las bases de este proceso se resumen en:
- Menor volatilidad e incertidumbre, que mejoró el acceso al crédito
- Reducción de tasas de interés, que impulsó actividades intensivas en capital
- Apertura económica, que amplió la oferta, incentivó el transporte y el comercio y desplazó parte de la oferta local
Perspectivas
Hacia adelante, la expansión podría perder dinamismo, ya que el consumo enfrenta limitaciones. No se anticipa una mejora sustancial del ingreso real (pueden incrementarse los salarios, pero el empleo tendería a caer debido a una apertura mayor), mientras que la expansión del crédito se restringirá por mayores tasas de interés reales y por la capacidad de pago de los hogares, ya cercana a su máximo.

A esto se suma un tipo de cambio más atrasado, que podría frenar las exportaciones.
La inversión podrá continuar empujada por medidas oficiales, en particular a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Sin embargo, la concreción de estos desembolsos depende de los plazos y, en tal caso, su impacto se vería después de las elecciones.
Además, el efecto de nuevos proyectos capital intensivos suele concentrarse en ciertos sectores y no necesariamente impacta de modo generalizado en la economía.
El autor es economista, director asociado de la consultora EcoGo
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