
In memoriam Papa Francisco
En un mundo atravesado por la transformación digital, el Derecho no puede permanecer ajeno a los profundos cambios que la inteligencia artificial está generando en la sociedad.
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Por eso es una alegría el inicio de la Diplomatura en Derecho e Inteligencia Artificial de la Universidad de San Isidro; un proyecto diseñado desde hace tiempo con un objetivo claro: formar, debatir, y sobre todo, anticiparnos. Churchill decía que gobernar es “preveer y comunicar”.
Vivimos un momento de cambio profundo, un momento de transición donde muchas certezas están siendo desafiadas. El Derecho, que debe ser un espejo de los intereses de la sociedad y reflejar los cambios, tiene hoy una obligación ineludible: comprender qué está ocurriendo con el desarrollo tecnológico —en particular con la inteligencia artificial— para poder regular, acompañar y, cuando sea necesario, poner límites.
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En un encuentro institucional que tuve con el Papa Francisco, el 19 de agosto del 2024, a propósito de la reforma del Código Penal -que soy Vicepresidente- él me mencionó la importancia de la IA para lo que viene, y la necesidad de ponerle límites y que no sustituya a la capacidad humana.
No se trata de una cuestión del futuro: ya es parte del presente de nuestra profesión. No importa si uno trabaja en un estudio jurídico, en una fiscalía, en una defensoría, en un tribunal o en el ámbito académico: la IA está presente y lo hace cada vez más y a una velocidad inusitada.
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Como juez de la Cámara Federal de Casación Penal y como alguien que ha participado como Presidente y Vicepresidente en los últimos dos procesos de reforma legislativa (Comisión Código Penal, 2017 y 2024), sé que estamos ante una transformación tecnológica de gran importancia y que nos interpela de forma integral.
Surgen distintos interrogantes:
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- ¿Qué hacemos frente a documentos redactados por algoritmos?
- ¿Cómo evaluamos una prueba obtenida mediante IA?
- ¿Qué responsabilidad puede tener un abogado o una empresa que utiliza una herramienta que no comprende del todo?
- ¿Cómo aseguramos que la justicia siga siendo humana, aún cuando incorpore tecnología?
- ¿Cómo ganamos tiempo con info estándar a través de IA para poder utilizar la capacidad humano para la parte trascendente decisional?
Estas preguntas no pueden quedar sin respuesta. Y la única forma de responderlas con seriedad es con formación. Por eso esta diplomatura.
La IA en la práctica del derecho: entre el mito y la utilidad
Hay una imagen muy difundida —y algo distorsionada— de la inteligencia artificial como una amenaza inminente que va a reemplazarnos. Pero en el mundo jurídico, la realidad es más compleja y más desafiante.
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La IA puede ayudarnos a redactar escritos, sistematizar jurisprudencia, detectar patrones en decisiones judiciales, automatizar tareas rutinarias, o generar predicciones.
Pero también puede discriminar, invisibilizar, sesgar, falsear evidencia o amplificar desigualdades estructurales si no se usa con criterio.
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Lo central es esto: quien utilizan estas herramientas debe estar capacitado. La inteligencia artificial no reemplaza al abogado, pero sí puede potenciarlo.
Rol del abogado litigante y del poder judicial
Para quienes litigan, esto significa entender cómo funcionan estas herramientas, para poder usarlas estratégicamente y también para impugnarlas cuando vulneran derechos.
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Para quienes estamos del lado de la justicia, esto implica revisar nuestras propias prácticas, y prepararnos para una administración de justicia más eficiente, pero también más controlada, más transparente, más humana.
La formación es una necesidad profesional y ética. Porque sin comprender cómo funciona un sistema algorítmico, no se puede controlar su legalidad, ni garantizar un debido proceso, ni tutelar los derechos fundamentales.
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¿Qué vamos a ver en esta diplomatura?
Esta Diplomatura está pensada para ofrecer una doble mirada:
Por un lado, una perspectiva práctica, con herramientas concretas que puedan incorporar en sus tareas diarias: desde el uso de ChatGPT hasta software de análisis documental, motores de predicción o buscadores jurídicos mejorados.
Y por otro, una reflexión teórica y crítica, que nos permita comprender los fundamentos, los riesgos, los sesgos, la arquitectura que subyace a cada decisión automatizada.
Vamos a abordar cuestiones de ética, sesgos, derecho comparado, marco normativo argentino y global, usos forenses de la IA, e incluso vamos a ensayar usos concretos.
La propuesta es amplia, interdisciplinaria y participativa.
Queremos formar operadores jurídicos del siglo XXI, que conozcan, que analicen, que tengan criterio.
Y que sepan cuándo usar una herramienta… y cuándo no.
No hay peor riesgo que delegar decisiones jurídicas en sistemas que no entendemos. Por eso este paso es tan importante.
Los invitamos a que apuesten por esta formación. Estamos convencidos de que será un camino estimulante, desafiante y necesario.
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