
Termina 2024, primer año del gobierno de Javier Milei, con un balance positivo en lo que respecta al mercado de capitales. Con el riesgo país bajando desde los 2.100 puntos básicos a inicios de año a menos de 630 pb, aproximadamente al cierre, los bonos soberanos con subas cercanas al 100% en dólares y un Merval casi en máximos de 2018, para aquellos inversores que apostaron al mercado local, las ganancias han sido extraordinarias.
En ese contexto, la vara para 2025 está muy alta y surge la obligada incógnita: ¿en qué invertir para el nuevo año? Sobre todo, para aquellos que recién ahora están entrando en el mercado de capitales.
Lo más importante es definir el perfil de inversor, es decir, el nivel de tolerancia al riesgo, entendiendo al riesgo como la capacidad de asumir pérdidas sobre el capital inicial en busca de mayores rendimientos.
Ahora bien, es importante establecer la relación entre riesgo y beneficio en las inversiones. Al tomar decisiones en un contexto de incertidumbre -nunca, al realizar una inversión, se puede tener total certeza del futuro-, la rentabilidad que se pueda obtener con una inversión es generalmente siempre incierta.
Por ende, al hacerlo, se está dispuesto a asumir riesgos. Por ejemplo, de cambios en la coyuntura económica no previstos, de modificaciones regulatorias o de políticas que afecten la inversión elegida, de catástrofes naturales que impacten en el sector donde estamos invirtiendo, etc. Sin embargo, esos riesgos deberían compensarse con la ganancia que se busca obtener. Cuanto mayor sea la renta a la que se aspira, más grande será el riesgo que habrá que asumir.
Teniendo esto en cuenta, existen tres principales perfiles de inversor que suelen identificarse:
- Inversores conservadores: Son aquellos perfiles poco propensos a asumir riesgos. Prefieren la “seguridad” a la incertidumbre, aunque eso implique menores rentabilidades. Su principal objetivo es mantener el valor de su dinero. Generalmente, invierten a largo plazo.
- Inversores moderados: Están dispuestos a tolerar cierto nivel de riesgo con el objetivo de obtener una rentabilidad un poco más alta.
- Inversores agresivos: Son los menos aversos al riesgo. Buscan la mayor rentabilidad posible, sin tener en cuenta lo expuestos que estén.
Definido esto, al momento de armar una cartera, los instrumentos y ponderaciones estarán alineados a nuestro perfil.

Para un perfil conservador, una cartera acorde en este momento estaría compuesta prácticamente en su totalidad por instrumentos de renta fija, es decir, bonos de diferentes emisores y con distintas condiciones. La ponderación para iniciar el 2025 podría ser 50% en bonos corporativos, 30% en bonos provinciales, 15% en bonos soberanos en dólares y 5% en bonos soberanos en pesos.
Dentro de los bonos corporativos, la oferta es amplia; hay gran variedad de títulos, con diferentes riesgos y rendimientos asociados. Algunos corporativos interesantes podrían ser Mastellone, con vencimiento en 2026 y rindiendo cerca del 8%, Telecom con vencimiento en 2031 y rindiendo 8,5% o YPF con vencimiento también en 2031 y rindiendo aproximadamente 8% anual en dólares.
Para los bonos provinciales, la recomendación es enfocarse en aquellas provincias que tienen gran solvencia fiscal y poca dependencia del Estado nacional, como es el caso de Mendoza o Neuquén. Ambas tienen bonos con vencimientos en 2029 y 2030, respectivamente, y rinden cerca de 10%. Para quien esté dispuesto a asumir un poco más de riesgo, el bono de Buenos Aires, con vencimiento en 2037, también es una buena alternativa, ya que hoy rinde aproximadamente 18 por ciento.
En cuanto a los bonos soberanos, el Global con vencimiento en 2035 es el más atractivo, no solo por su potencial de alza, sino también porque es el más defensivo frente a un escenario negativo. Actualmente, rinde cerca del 11%. Y para los soberanos en pesos, hoy los Boncap, que pagan una tasa fija, cercana al 2,5% mensual, también son una buena opción.

En los perfiles más agresivos, una cartera más acorde tendría una distribución diferente, quitando lo que son los bonos corporativos para agregar algo de renta variable. De este modo, la cartera quedaría: 30% en bonos provinciales, 20% en bonos soberanos en dólares, otro 20% en bonos soberanos en pesos y el 30% restante en renta variable (acciones y/o Cedear).
Aquí hay que considerar que, en algún punto, los Cedear suelen ser más defensivos que las acciones locales, sobre todo invirtiendo en ETF como el SPY. Para quien, de todos modos, esté dispuesto a asumir el riesgo, las acciones locales de los sectores bancario, energético y de la construcción son aquellas que los analistas ven con mejores perspectivas para un 2025 prometedor.
Más allá de estas carteras, siempre la recomendación fundamental es consultar con un asesor financiero para evaluar el caso puntual de cada uno y armar una cartera acorde a su perfil, sus objetivos y necesidades.
El autor es Gerente de Desarrollo Comercial de PPI
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