
El machismo aún está inserto en nuestra cultura, en los valores, en el lenguaje y en las costumbres, lo cual nos hace creer que el hombre es fuerte, capaz y prepotente, y que puede enfrentar la vida cotidiana sin inconvenientes, mientras que la mujer, por el contrario, es débil, incapaz y sumisa.
Incluso, la voz femenina, que durante siglos sólo se escuchaba en el ambiente doméstico, acompaña este prejuicio, ya que, al ser más aguda –en general– está relacionada con la juventud y la vulnerabilidad.
La razón de la diferencia entre hombres y mujeres tiene base biológica: la longitud de las cuerdas vocales de las mujeres suele ser más corta y delgada que la de los hombres, lo que genera tonos más altos. Otra oposición entre los sexos es el tamaño de la laringe, la femenina es generalmente más pequeña y produce un rango de frecuencia más elevado.
En cuanto a las hormonas, tanto estrógenos como testosterona influyen en el desarrollo de las cuerdas vocales durante la pubertad, haciendo que las voces masculinas sean más graves debido al efecto de la hormona.
Y, sin lugar a dudas, hay variaciones individuales. No todas las mujeres tienen voces agudas; algunas pueden tener voces más graves dependiendo de factores genéticos, hábitos vocales o, incluso, entrenamiento profesional.
Una canción del rock nacional de 1969 que su letra dice: “muchacha, voz de gorrión”, que intenta dar cuenta de un tono de voz agudo, ligero y sutil. La mención del “gorrión” no solo describe el tono, sino que también añade un elemento de fragilidad y dulzura, reforzando una imagen tierna o soñadora.
En este sentido, se han hecho estudios recientes con comparaciones de registros históricos con grabaciones y transmisiones, los cuales sugieren que, en ciertos países como Japón y Estados Unidos, las voces femeninas han bajado de tono en las últimas décadas.
Investigaciones recientes de la Universidad de Australia del Sur, dieron cuenta de las voces de dos grupos de mujeres australianas de entre 18 y 25 años. Los expertos compararon grabaciones de archivo de mujeres hablando en 1945 con grabaciones más recientes tomadas a principios de la década de 1990. Y se observó que la “frecuencia fundamental” de la voz de estas mujeres había disminuido en 23 Hz a lo largo de cinco décadas. Este cambio es notable y perceptible al oído. Para dicho estudio, los investigadores seleccionaron cuidadosamente a las participantes, estudiantes universitarias que no fumaban, asegurándose de controlar los factores demográficos que podrían influir en los resultados.
Los especialistas señalaron que este cambio podría reflejar una evolución social, vinculada al creciente protagonismo de las mujeres en roles destacados. Esto podría llevarlas a emplear un tono de voz más grave como estrategia para proyectar autoridad y confianza en entornos laborales.
Ciertas teorías proponen que las mujeres en posiciones de liderazgo tenderían a usar tonos más graves con el objetivo de ser percibidas como más autoritarias y competentes.
Un ejemplo es el caso de Margaret Thatcher. La ex primera ministra británica contrató a un entrenador para transformar su voz y conseguir un tono más autoritario.
Por otra parte, Joey Cheng, profesora de Psicología e investigadora en la Universidad de Illinois (EE.UU.), probó en una investigación desarrollada en 2016 que las personas que hablaban en un tono de voz más grave eran consideradas más capaces y dominantes, con mayor influencia sobre los demás ya que las frecuencias agudas tienden a estimular más las partes sensibles del oído, lo que puede generar incomodidad en algunas personas, especialmente si el volumen es alto, a tal punto que pueden percibirse como intrusivas. En la misma línea, algunas personas asocian las voces graves a la calma, la confianza y la seguridad.
Como podemos notar, el tono más grave se identifica como un símbolo de autoridad, confianza y poder en interacciones sociales y laborales. Esto provoca que la mujer intente parecerse al hombre.
Quizás, en el fondo, el cambio en nuestras voces es más que una cuestión de tono. Es una señal de cómo las mujeres están logrando espacio, poder y autenticidad en una sociedad que sigue transformándose.
En definitiva, el cambio en el tono de voz femenina no es un punto final, sino el comienzo de nuevas formas de comunicación que seguirán marcando nuestra historia.
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